Revista de difusión de filosofía

Prólogo
La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo de difusión de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente, quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión que efectuamos y algunas de sus características.
En pocas palabras, queremos mostrarles que la filosofía no son frases llamativas, sino que es el proceso entero de ver un problema, pensar y luego proponer una solución que nos deje una sensación de “No lo había pensado de ese modo”.
índice
Introducción: ¿Qué hay en estas hojas?
El destino y la felicidad.
Nos hemos condenado a temerle a nuestras propias ideas.
Una vez viví una experiencia política interesante en un videojuego
La concepción del cuerpo como instrumento de autorrealización.
¿De verdad es imposible que “Spiderman” no sea algo para niños?
¿Qué pasaría si pudiéramos dividir de nuestra vida el trabajo?
Il dolce far niente
Hay algo nuevo cada vez que repites algo vivido.
¿Qué hay detrás de los consejos para ser mejor?
Eyes wide shut y Platón: sobre el engaño amoroso
“La historia interminable” y el argumento de la reflexividad.
La muerte como recurso cómico en el cine y caricaturas actuales.
¿Blackwashing?… ¿y eso con que se come?
El horror del sentido de la vida.
Harry Potter y la mente filosófica.
El bien y el mal: arquetipos artificiales.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
Contactos y sitios donde nos encontramos
¿Qué hay en estas hojas?
Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que estudiantes de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este sexto volumen.
Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.
Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.
En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado.
Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.
Título del trabajo: El destino y la felicidad.
Autor: Susana Camacho

Un par de palabras que en la búsqueda de definirlas a través del tiempo siguen tan usadas y especificadas por todos. Esta noción de preguntarnos ¿vale la pena tomar decisiones o ya está todo escrito?, y más importante aún: ¿cuántas decisiones dependen de mí y cuántas del mundo?
Mucho se habla del camino escrito de la vida, si es justificado por esa tirada en el tarot o porque los astros el día de nuestro nacimiento lo han dictado así; y la verdad es que me parece que esconde un cierto carácter de cobardía esperar a que el mundo, todas esas causales externas a uno mismo, den las respuestas definitivas sobre la vida que se tiene, que se tuvo o se tendrá. De manera semejante, no excusa el hecho de que no todo será resuelto y habrá la indudable tragedia de querer ver arder las cosas cuando no salen como se esperaba, culpando al destino de las desgracias; con ello, el resto de decisiones que sí son asumidas, abren múltiples posibilidades de resinificar el sentido de lo vivido.
Muchos y muy variados exponentes filosóficos han referido y lo seguirán haciendo sobre el tema, actualizando sus condiciones. Me tomo la oportunidad de aportar que la felicidad no es un estado, cualidad o producto de carácter inusitado, automático o espontáneo que surge de la nada, al contrario, es un sentimiento conseguido que en aporte a su dosis llegará a sumar maduración intelectual, energía vital y la profundización en el alma.
No se puede controlar todas las variables que rigen nuestra vida y nada garantiza conseguir eso que se parezca a la felicidad, siendo que hay que decidir conscientemente que seguramente nada salga como fue planeado y eso es ser responsables de la tragedia de la felicidad.
Título del trabajo: Nos hemos condenado a temerle a nuestras propias ideas.
Autor: Milton Valtierra

Me encontré un video del youtuber “Fedelobo” llamado “¿Por qué ya no hago reseñas de videojuegos?”, en el cual, como se dice en el título, habla con respecto a por qué no sube videos sobre su opinión o reseñas de videojuegos; a lo cual responde que es porque siente que la gente se enfadará sin importar lo que diga.
En el mismo video explica que, al uno simplemente decir “me gusta X” o “me parece chido X”, la gente se lo toma como si eligieras un bando. Incluso llega a decir “En un mundo tan enojado, en un mundo tan juzgón, ya no se puede opinar nada” (5/11/2022).
Al ver ese momento del video, sentí algo de tristeza porque parecía que el internet había hecho que el Fedelobo tuviera miedo de decir que le agrada algo, miedo a sus propias ideas y opiniones.
Desde hace mucho tiempo las opiniones siempre han sido un tema que causa muchos problemas, como la frase clásica que dice que la gente no sabe distinguir entre hechos y opiniones. Sin embargo, particularmente aquí lo que me preocupa es que hemos hecho esos problemas tan obvios para cualquier usuario de internet -es decir casi todas las personas en el mundo- que no puedo dejar de considerar que nos adiestramos a justamente siempre tener la boca callada y seguir la corriente, a no decir lo que pensamos, excepto en privado, pero si al mismo tiempo pasamos cada vez más tiempo en línea, en lo “publico”, ¿cuánto tiempo realmente nos queda para lo privado?
Suena como un precio muy alto que, para estar conviviendo en internet, tengas que sentirte indigno/indigna o sin derecho a simplemente decir qué cosa te agradó o no, como si el internet no fuera un lugar para personas, sino para robots que no opinan, sólo hacen cosas.
Título del trabajo: Una vez viví una experiencia política interesante en un videojuego.
Autor: Milton Valtierra

Como dice el título de este escrito, al jugar un videojuego llamado “GreedFall” al jugador o jugadora lo o la ponen en los pies de un embajador político en pleno periodo colonial.
Un elemento central de este juego es la forma en que los jugadores pueden interferir en disputas para intentar llegar a un acuerdo. Como ejemplo, recuerdo que una misión trata de cómo los nativos de una localidad se quejaban de que un grupo de colonizadores talaban en un bosque sagrado; al intentar llegar a una solución pacífica, tuve que viajar a la ciudad central de los colonizadores para revisar permisos, hablar con jueces y otras cosas aburridas que me permitieron encontrar que, curiosamente, se le había negado a ese grupo de colonos talar en ese bosque, por lo que sus acciones eran ilegales y se logró tratar ese asunto sin un derramamiento de sangre feo.
La cosa es que durante toda la misión estaba pensando: “Si este problema lo intentara resolver en la vida real, ya se hubieran peleado ambas partes porque me hubiera tardado en llegar del bosque a la ciudad, no sé, tres días; revisar los papeles otros dos; y una vez arreglado el papeleo otros tres días para regresar al bosque. Qué desesperación de los nativos”.
Me gustó mucho la experiencia de que el sistema burocrático sí puede resolver problemas, ya que se llegan a acuerdos por medios pacíficos, pero dejando de lado los estereotipos de que la burocracia siempre es muy lenta y corrupta, encontré en esta vivencia que se requiere de buena paciencia para que ésta funcione, o que tengamos medios de transporte instantáneos.
Tal vez si tuviéramos un ritmo de vida más tranquilo podríamos ver brillar a la política como los académicos ingenuamente siempre quisieron: resolviendo todo problema en la existencia con palabras y acuerdos benéficos para todos.
Título del trabajo: La concepción del cuerpo como instrumento de autorrealización.
Autor: Susana Camacho


Mientras trotaba un par de kilómetros, no dejaba de pensar en la idea de que nuestro ser y nuestra experiencia no se limitan únicamente a la mente, sino que se extiende a través de la corporalidad. Varios filósofos han abordado el tema desde distintas perspectivas y la que me ha interesado más ha sido acerca de la “Fenomenología del cuerpo” de Merleau-Ponty; quien sostiene cómo es que la conciencia y la comprensión que tenemos del mundo están arraigadas en la experiencia corporal y la relación directa con el entorno físico.
En el contexto del maratonismo, es visible la intención del cuerpo como transformación de un instrumento central a través del cual se relaciona y experimenta con el mundo de la mente activa. Durante la carrera, no sólo es el reto de la distancia, sino también la inmersión del entorno: paisaje, clima, espectadores, tiempo, entre otros elementos. Un deporte que lleva al extremo la mente y el cuerpo; cuando se entrega a la fatiga, el dolor y momentos de dificultad, el corredor sigue teniendo la capacidad de superarse a sí mismo. La experiencia corporal se convierte en esta oportunidad de trascendencia en la que, desde el esfuerzo y la superación, se logra expandir el sentido de sí, más allá de las capacidades físicas, tal como la noción de Merleau-Ponty acerca de “habitar el cuerpo”, como la conexión profundamente íntima entre persona y su cuerpo en el mundo.
Más allá de los kilómetros, la fatiga y pisadas; una dimensión que se manifiesta tan única e irrepetible. La concentración y las sensaciones en cada paso de la carrera, en que cada extensión de esta perpetúa un estado de vida constante donde se integra el espíritu humano a una nueva conciencia corporal que guarda el misterio entre aquello que el cuerpo está preparado a hacer y en lo que la mente toma partida, un vínculo guardado de ingenio.
Título del trabajo: ¿De verdad es imposible que “Spiderman” no sea algo para niños?
Autor: Milton Valtierra

Me quejaba un día al ver una de las series viejitas de “Spiderman” donde, en ocasiones, reciclaban escenas de peleas anteriores en los capítulos. Me pregunté “¿Qué no pueden darle algo de mayor calidad?”, aunque luego me calmé al decirme “Bueno, es una serie para niños, tampoco es que realmente los infantes fueran a notar eso y se indignen”.
La serie específicamente muestra que está diseñada para un público infantil por la ausencia de elementos como sangre, la censura de las armas de fuego al cambiarlas por pistolas láser, entre otras cosas. Sin embargo, inherentemente la trama no es para niños del todo, como lo muestra el hecho de que “Spiderman” enfrenta al crimen organizado, pero se hace lo posible en la serie para que no resalte esto tanto.
Es decir, a pesar de que esa serie en particular fue diseñada para todo público, algunas de las ideas que engloban al personaje no son de un mundo infantil, así que ahí me pregunté si “Spiderman” es verdaderamente algo sólo para niños.
Recuerdo que en algún momento me encontré por ahí un video que se titulaba “la sociedad que no crece” y que tenía como portada un grupo de jóvenes disfrazados de “Spiderman” para alguna convención. Nunca vi el video, pero tan sólo con el título y la imagen pude imaginar a dónde iba, aunque ahora podría ponerle un pero interesante: “Spiderman” toma elementos al menos para adolescentes, si no es que verdaderamente para adultos; más creo que por haber creado muchas versiones infantiles nos fuimos con la idea de que es para niños en sí.
Si hacemos una versión completamente oscura de “Spiderman” que no sea para niños, ¿sigue estando condenado el personaje a tener que verse como algo infantil? Tal vez la versión más popular de una idea, historia, personaje, etc., nos hace olvidar que podemos encontrar otras narraciones del mismo tema, aunque diferentes por ahí, ya sean mucho más complejas como también más simples.
Título del trabajo: ¿Qué pasaría si pudiéramos dividir de nuestra vida el trabajo?
Autor: Elioenaí Torres

Recientemente viendo Severance (2022) donde la trama se basa en la vida de Mark, un individuo cuyos recuerdos han sido escindidos por medio de un proceso quirúrgico con el fin de separar los recuerdos de su vida cotidiana y los de su vida laboral, comencé a preguntarme ¿Qué pasaría si pudiéramos tener dos vidas, o si pudiéramos solamente tener nuestra vida diaria sin tener los problemas y el estrés causado por el trabajo?
En esta serie el individuo puede vivir dos vidas completamente distintas, por un lado, su vida cotidiana en la cual no tiene la menor idea de que hace en el trabajo; y por otro, su vida solamente de trabajo, donde no sabe que hay fuera del edificio. Por tanto, el sujeto de trabajo no tiene idea de quien es fuera de la jornada laboral, es entonces un sujeto hecho para trabajar de forma continua, incluso de forma perpetua.
Si pudiéramos escindir nuestra vida personal y nuestro ser de trabajo, por una parte, podríamos ser sujetos “libres” de vivir pensando en si nos gusta o no el trabajo o los problemas provenientes del desarrollo de este, incluso no cifraríamos nuestra vida en dedicarnos a aquello que nos gusta. La otra parte sería formar sujetos sin recuerdos ni conciencia de lo que se hace, como en la serie, soló seríamos sujetos obedientes y sumisos al poder (el triunfo de la sociedad disciplinaria de Foucault).
Ambos casos la situación implica distintos problemas éticos, pero sobre todo fue difícil no remitirme al pensamiento de Marx. Para Marx el trabajo es una actividad especifica del individuo en la cual puede expresar su humanidad, si fuese posible dividir esta parte, el individuo no podría realizarse. Por el otro lado, lo mismo para el caso de un sujeto solamente de trabajo, ya que no podría ser un sujeto histórico; sin recuerdos de una vida, solamente es identificable como mero engranaje de una máquina, la sociedad determinaría nuestra forma de vida y no podríamos hacer absolutamente nada al respecto, solamente ser sujetos sin la conciencia del control que se nos ejerce.
Título del trabajo: Il dolce far niente.
Autor: Susana Camacho

Viendo la película de “Comer, rezar y amar”, me detengo con una escena en particular en la cual Julia Roberts comenta acerca de lo culpable que se siente por estar en una ciudad extrajera y no dejar de comer aprendiendo poco del idioma, mientras que su amigo le responde: “-Por qué eres Americana y no saben disfrutar de sí mismos, solo saben del entretenimiento y desconocen el placer del descanso”. Se desenlaza una potente pero breve crítica que pareciera algo insignificante, ilustrando aquel sistema en el que se acentúa el trabajo arduo, sin descanso, porque se ha visto condicionado que para tenerlo, hay que ganarlo. Y arrojan esta frase, un mantra italiano Il dolce far niente (el dulce placer de no hacer nada).
Una tragedia es el pensar que hay un ritmo de vida vinculado al estrés y la productividad como la base para aprender a justificar que se requiere un descanso, que solo ahí donde se agote la mente, pudiese existir la posibilidad de tomar una pausa. Desde este punto de vista, el ocio no es para las sociedades actuales, pues no hacer nada es perder el tiempo y todo debería tener un alto nivel de productividad que siga generando ganancias; el ocio es una actividad que no busca nada fuera de sí misma, que tiene su fin en sí, en el sí mismo personal.
¿Cuántas veces caemos en este discurso por la costumbre? De culpar en el descanso, en el ocio, este imaginario interruptor de inteligencia que produce ansiedad, ¿qué tal aprender a apreciar el presente con todo y sus pausas? No pretendo romantizar el ocio excesivo, sino la necesidad de aprovechar que ahí cuando ya se agota el horario del trabajo, cuando la mente se abruma y no cabe más excusa para ocupar en las manecillas del reloj, se dedique un momento de introspección, de conciencia para experimentar fugazmente sensaciones de felicidad sin esperar a que se acerque el fin de semana para dejarse ir en ello y volver a la rutina en la fatiga que representa el lunes.
Por lo tanto, la obsesión por maniatar el tiempo y el inevitable control que este termina teniendo sobre nosotros sigue siendo imponente, pero no deja arrinconada la gran posibilidad, la decisión de abrir un espacio para contemplar el encanto cotidiano de la vida.
Título del trabajo: Hay algo nuevo cada vez que repites algo vivido.
Autor: Milton Valtierra

Recuerdo que, en algún momento, expuse en una clase una idea del filósofo Hegel; él cual es muy popular por haber escrito sus textos de una manera muy complicada y confusa.
Una de esas ideas que debía exponer fue, en términos sencillos y generales, sobre el desarrollo de la experiencia, donde Hegel quiere dar cuenta de que, cuando conocemos algo, hay dos perspectivas en juego: una “objetiva” de cómo es la cosa y otra “subjetiva” de cómo nosotros notamos las características de lo “objetivo”.
Es decir, Hegel plantea que para nuestra conciencia hay un movimiento constante en nuestras experiencias para ir conociendo y delimitando mejor cómo son las cosas. Para esa exposición quería buscar algún ejemplo cotidiano y sencillo para ayudar a que se entendiera mejor; fue así que pensé en la situación de cuando miramos películas.
Es una experiencia muy interesante cuando miramos por segunda vez una película, debido a que la primera sensación que tenemos es la de no sentir sorpresa o emoción por la trama; pero también empezamos a generar nuevas ideas, como al poder prestarle más atención a los detalles por ya no enfocarnos solo la historia central. Pueden surgir igualmente sentimientos como la nostalgia si es una película que vimos hace mucho tiempo; vergüenza al recordar que nos agradaba mucho, pero ahora no nos parece tan buena, etc.
La idea que menciona Hegel es que encontramos estas nuevas vivencias porque aprendemos por partes cómo son las cosas, que con cada experiencia “subjetiva” vamos armando la perspectiva “objetiva”, y es esa perspectiva “objetiva” la que nos permite enfocarnos en ciertos detalles para la vivencia “subjetiva”; por lo que nuestra idea “objetiva” siempre cambia las vivencias “subjetivas” y viceversa. La experiencia determina cómo será nuestra vivencia con algo y con cada nueva vivencia nuestra experiencia cambia, lo cual nos abre nuevas vivencias posibles.
Así, al volver a ver una película, ya que nuestra experiencia no es la misma como cuando vimos el filme la primera vez, como resultado detectamos otras características de la película.
Es por esto que al volver hacer una actividad que ya habíamos hecho, como leer un libro, ver una serie, escuchar una canción, etc., percibimos una experiencia nueva ya que siempre se da este movimiento doble “objetivo-subjetivo” en nuestra perspectiva que hace que continuamente captemos algo diferente, porque nosotros también somos diferentes.
Título del trabajo: ¿Qué hay detrás de los consejos para ser mejor?
Autor: Milton Valtierra

En una mañana escuchaba un “podcast” sobre un texto que describía algunos consejos prácticos para ser mejor. No pude oír todo el audio sino sólo una parte donde se habla que, si tienes confianza con tus compañeros de trabajo, entonces pueden ser los mejores.
Al momento de escuchar esa idea de la confianza con otros empleados que trabajan contigo, de inmediato llegó a mi cabeza la duda “¿y si mis compañeros de trabajo son bien tóxicos?”
Más que decir que el consejo del podcast es incorrecto, esa duda que espontáneamente pensé me llevó a considerar que ese consejo tiene sentido cuando se tienen ciertas cosas detrás; en el caso anterior tanto uno como los otros empleados deben no tener una personalidad agresiva ni despreciable.
Creo que esto mismo aplica con todos los consejos que uno puede escuchar de cualquier lado: en sí mismo lo que nos dicen que intentemos o debemos hacer puede ser bueno, pero nunca se describe qué contexto u elementos tenemos que tener detrás o de fondo para llevar a cabo esas acciones para mejorar.
La filosofía siempre pregunta por esas cosas de fondo, por eso mismo no dicta muchos consejos o guías de cómo uno siempre debe actuar, ya que sabe que, dependiendo del contexto específico de uno, hasta un buen consejo puede igualmente fallar y un mal consejo puede funcionar.
Un filósofo francés llamado Deleuze decía que la filosofía sirve para entristecer. Podemos decir aquí que “entristece” justamente porque nos dice que necesitamos más cosas para que sí funcione un consejo, como si nos arruinara un chiste al explicarlo, pero sin la filosofía seguiríamos el consejo sin saber por qué no nos funciona, que por eso mismo en la misma cita Deleuze dice que la filosofía sirve para despreciar la estupidez, agregando además que, si todavía vemos mucha estupidez a pesar de que haya filosofía desde los griegos, entonces estaríamos mucho peor si nunca hubiera filósofos.
Si en general hay tantos consejos para ser mejores, pero en la cotidianidad no estamos mejor, es porque no preguntamos por los contextos de esos consejos, no nos “entristecemos” lo suficiente para entender bien cómo o por qué ocurren las cosas, y por eso estamos como estamos. Al menos hoy ya explicamos el chiste de los consejos para no estar peor, aunque tal vez no queríamos saberlo.
Título del trabajo: Eyes wide shut y Platón: sobre el engaño amoroso.
Autor: Emmanuel Negrete Valadez

Durante el comienzo de “Eyes wide shut” de Stanley Kubrick, cuando Alice está bailando con un viejo rabo verde y ella ve a su marido Bill hablando con otras mujeres, se dice el siguiente diálogo: “¿No crees que uno de los encantos del matrimonio es que hace que el engaño sea una necesidad para ambas partes?”. Este es un diálogo que describe bien la trama de la película, ya que después, en una plática a solas entre la pareja, ella le revela que una vez fantaseó con otro hombre y que en ese momento pudo haber dejado todo para estar con esa persona. Entonces, la pura posibilidad de que su esposa pudo haberlo engañado, llevó a Bill a tratar de engañarla de verdad.
Muchas veces se toman las relaciones en pareja como algo absoluto, y aún más las ligadas con base en el matrimonio (tal vez por influencia cristiana). Dentro del banquete de Platón, en el discurso de Aristófanes sobre el amor, se dice que en la antigüedad existían seres humanos llamados andróginos, en los cuales participaban tanto lo femenino y lo masculino, que al rebelarse contra Zeus fueron castigados y separados. Este mito ejemplifica una visión del amor popularmente aceptada, la de la “media naranja”: existe por naturaleza alguien que responde a nuestras aspiraciones y el amante tiene la necesidad de encontrarlo.
Siguiendo este tipo de concepción del amor, ¿cómo sabemos cuándo nos enamoramos de la persona correcta?, es decir, nuestro complemento natural. Platón, dentro del Banquete y el Fedro, planteó a la belleza como un motor para el amor (o como escribe Antonio Tovar en “Un libro sobre Platón”: “el deseo de placeres logrados en la belleza es la definición del amor”); pero esta formulación es contraria al concepto de belleza orientada a lo físico, ya que la belleza platónica se refiere a lo inteligible (como es el caso de las ideas) y la belleza humana reside, por ende, en el alma. Si hacemos un ejercicio sincrético entre el discurso de Aristófanes y la teoría de la belleza de Platón, concluiríamos que el amor consiste en una “conexión” entre almas, y errar en el amor, es pues, equivocarse de alma o enfocarse en el cuerpo cuando deberíamos enfocarnos en el alma.
Entonces, una vez que sabemos que amar es una necesidad y el engaño es equivocarse de persona, ¿cuál es el detonante del engaño amoroso?, ¿por qué Alice dejaría a su esposo por una persona que ni conocía? Tal vez -tomando otra vez la teoría de Aristófanes- porque ellos no son su complemento el uno del otro (o ellos no lo querían así), y al no serlo, la necesidad de amar sigue existiendo. Engañar se nos podría presentar como una necesidad en el mismo sentido que lo es amar. Por lo tanto, necesitamos engañar cuando, al mismo tiempo, necesitamos amar.
Título del trabajo: “La historia interminable” y el argumento de la reflexividad.
Autor: Bernardo Rogel

“La historia interminable” es una novela singular: apunta al hecho de que se trata de una novela leída por sí misma. En la historia, el protagonista da con un hombre que escribe todo lo que ocurre en su mundo y, cuando llega a la parte en la que él mismo se encuentra, se escribe a sí mismo mientras se escribe a sí mismo. Así, señala que estará por la eternidad narrando el hecho de narrarse y, mientras se narre, se narrará a sí mismo narrándose.
Nos topamos aquí con una especie de paradoja. Heidegger, en efecto, apunta a señalar que este tipo de fenómenos aparentemente son “círculos viciosos”. Sin embargo, señala este filósofo, el objetivo no es escapar del círculo, sino saber estar dentro de él. Muchas veces se han tratado de invalidar argumentos que caen en esta circularidad. Por ejemplo, la afirmación “todo es histórico” parece considerar que efectivamente todo es histórico menos ella misma. Es como si, en “La historia interminable”, el hombre que lo escribe todo tuviese que narrarlo todo menos a sí mismo. Pero nada más ajeno al funcionamiento de este tipo de argumentos.
Heidegger y Gadamer asumen lo que se ha dado por llamar “círculo hermenéutico” o, en palabras de Habermas, el “argumento de la reflexividad”. Son palabras grandilocuentes y rimbombantes (exageradas) para dar cuenta de algo bastante aceptable: cuando afirmamos una generalización de este tipo, se debe aplicar su contenido a la afirmación misma. Si digo “todo es histórico”, entonces mi frase también debe verse afectada por ella misma: mi frase también es histórica. Así, por ejemplo, cuando digo que las palabras rimbombantes son exageradas, también aplica esto para la palabra “rimbombante”. Es, dicho de otra forma, la capacidad de reflexionar sobre aquello que uno mismo dice. Si el hombre de la novela escribe sobre todo lo que sucede, lo más consecuente es que también escriba sobre su propia escritura.
Esto es importante para la historia de la filosofía y del pensamiento en general. Cuando deseamos señalar un argumento de cualquier tipo, debemos percatarnos de que lo señalado aplica también para nuestro señalamiento mismo. Si afirmo que todo es relativo, entonces mi frase también se entenderá en la relatividad, es decir, en la dependencia de otros factores históricos, sociales, temporales, etc. En este sentido, es como darse un “baño de humildad” y reconocer que los propios argumentos también aplican para esos mismos argumentos.
Es por ello por lo que cuando admitimos que somos finitos y temporales debemos admitirlo también para nuestra misma afirmación; la afirmación de que somos finitos y temporales es también finita y temporal. Esto, en opinión de Heidegger y Gadamer, no es algo de lo cual debamos huir, sino que el mérito radica en saber estar en ello, en tener la suficiente humildad de reconocer el carácter histórico, finito, temporal y relativo del propio argumento. Es lo que ocurre en “La historia interminable”: el viejo hombre que escribía todo lo que acontecía tuvo la suficiente decencia de verse a sí mismo, narrarse y saberse como parte de una novela fantasía.
Título del trabajo: La muerte como recurso cómico en el cine y caricaturas actuales.
Autor: Emmanuel Negrete Valadez

Cuando hablamos de caricaturas nos podemos imaginar una forma de comunicar algo con un estilo creativo, en donde se puede representar cualquier cosa. Se podría decir que parte de esa esencia caricaturesca se ha pasado al cine mediante el CGI o efectos especiales, estos ampliaron los límites del lenguaje cinematográfico, ahora es posible crear escenas sorprendentes con multipropósito, como la muerte de personajes de maneras grotescas, por ejemplo, explotando de la nada, haciéndose polvo, siendo víctimas de un ataque mágico, etc. Pero, ¿cuál es la reacción del público ante este tipo de escenas?
En su ensayo “La risa” Henry Bergson describe a la misma como un mecanismo que se incrusta en la flexibilidad de la vida; en este sentido, nos reímos de alguien que cae porque el mecanismo “caída” va en contra de la acción “caminar” y nuestra risa es una corrección social contra el que se equivoca.
Por mecanismo se pueden entender varias cosas, pero su sentido más general es el de una cosa o algo no vivo. Entonces, ¿por qué nos da risa alguna persona? Bergson responde con la siguiente regla: “reímos siempre que una persona nos causa la impresión de una cosa”. Por ejemplo, en el inicio de Suicide Squad de James Gunn, donde se masacra a un montón de personajes de relleno, la escena sería trágica si le asignáramos un valor sentimental o sintiéramos empatía por los personajes, como si los tomáramos como seres humanos; al contrario, la escena sería cómica si tomamos a los personajes como lo que en realidad son, personas falsas.
Siguiendo esta regla, por analogía, se podría comparar la muerte de un personaje como un acto cómico, en donde el personaje pasa a convertirse en una cosa y, por consiguiente, se ha ganado la posibilidad de ser risible. No tendríamos problema en reírnos de una cosa, mientras que para reírnos de otra persona se ocupa de un paso especial, que implica el olvido de la humanidad del otro. La risa viene acompañada de indiferencia, y es con esta indiferencia -dice Bergson- con la que “muchos dramas se pueden convertir en comedias”. Esto podría estar relacionado con la comicidad de los chistes negros, como cuando en el Joker se nos presenta este chiste:
- Toc, toc.
- ¿Quién es?
- La policía, señora.
- Su hijo fue atropellado por un conductor ebrio. Está muerto.
Al decirlo, el Joker ríe, como el psicópata indiferente que es, y el público se queda impactado, representando que las personas sanas mentalmente no verían en la muerte un motivo cómico ni razón para reírse, y también porque ellos no actúan de forma indiferente hacia la muerte y el sufrimiento ajeno.
Para finalizar, en el final de Death Note, cuando descubren a Light Yagami como el asesino responsable de la muerte de muchos criminales, él ríe. Un personaje al que siempre se nos mostró de carácter muy serio, cuando vio que no había más escapatoria y podía mostrarse como realmente es, se expresa con una risa grotesca que había sido contenida en toda su historia. La risa, que muchas veces se nos presenta como una forma de expresar felicidad y diversión, podría esconder una de las formas en las que nos mostramos indiferentes ante los sucesos grotescos.
Título del trabajo: ¿Blackwashing?… ¿y eso con que se come?
Autor: Oscar Yhoshua Lozada Ramirez

Últimamente se ha puesto de moda sacar remakes, spin off o rebuts de sagas ya establecidas. Las productoras aprovechan la fama de estas franquicias para lanzar productos con ganancias más seguras, de lo que sería sacar nuevas obras. Aun así, muchas de estas películas y series han sido polémicas no por su calidad o por su intención de explotar la nostalgia, sino por otro aspecto más controversial, el Blackwashing.
Se le conoce como Blackwashing a la práctica de cambiar la raza original de un personaje a afrodescendiente; dicha práctica es la opuesta al Whitewashing que es lo mismo, pero con personas blancas. Sin embargo, el Blackwashing ha tenido mayor notoriedad tanto por lo híper-comunicados que estamos gracias a internet, como por que estamos más concientizados de los problemas raciales. Esta práctica la podemos ver, por ejemplo, con los elfos de Los anillos de poder de HBO, La Dama y el Vagabundo de Disney o más recientemente en el remake de La Sirenita también de Disney.
El apoyo y rechazo que genera es notable en las redes sociales, y tanto los que apoyan, como los que rechazan la práctica han sacado a relucir sus razones propias:
Quienes apoyan la práctica apuntan a la falta de representación de los afrodescendientes en medios como películas o series, pero quienes la rechazan dicen que esta representación no es por apoyar a los discriminados sino solo para impulsar una agenda política o económica.
Unos defienden la practica mencionando que el cambio de raza de un personaje no altera la historia ni al material original, pues estos seguirán existiendo para quienes deseen verlos; Otros rechazan contestando y señalando que el Blackwashing es una práctica que permite al equipo de producción tachar de racistas a sus críticos, con lo que la calidad del material se ve comprometida.
Las personas que se oponen al Blackwashing aluden que estas producciones ignoran la realidad social que los -N palabra- han sufrido y siguen sufriendo; pero quienes abogan por la practica apuntan a que estas películas justamente demuestran que su arte existe más allá de los dramas sociales y que es tan rico como cualquier otro.
Para los que están en contra, los defensores son hipócritas señalando su rechazo hacia el Whitewashing; y los que están a favor señalan que la hipocresía de unos cuantos individuos no demuestra el pensamiento de todo su grupo y que, además, posicionarse en contra del Whitewashing es una acción totalmente coherente pues el Blackwashing promueve la mayor integración de personas afrodescendientes, por lo que la sustitución de personajes -N palabra- por otros más blancos es una acción que va en concordancia.
La validez o invalidez de lo anterior la dejo en manos del lector. Pero, en fin, hay muchos y muchos más argumentos y respuestas de uno u otro bando y la sensación de alguien que, como yo, ve esto desde fuera es de puro desconcierto, pues ambos lados pueden tacharte de racista si decides expresar tu opinión y -como se ha mencionado en otros trabajos de esta misma revista- uno ya no sabe para dónde hacerse. Finalizo con una última pregunta: ¿La representación de minorías en películas y series debe ser resultado de un cambio social, o por el contrario, puede ser el inicio de ese cambio? Muchas gracias.
Título del trabajo: El horror del sentido de la vida.
Autor: Milton Valtierra

Nunca entendí bien la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?”, particularmente sentía que era confusa, podría ser más claro algo como: “¿Qué vale la pena hacer?” o en todo caso “¿Qué es lo que a fuerzas debemos de hacer?”.
De cualquier forma, de repente encontré un par de cosas interesantes sobre esta duda un día que aleatoriamente me puse a pensar sobre esto.
La primera cuestión es que el no tener una guía o indicación de un propósito, deber, sentido, etc. puede ser liberador. Los robots son creados con un propósito u objetivo en mente, como se ve en muchas películas, y por esto no se preocupan de dudas existenciales. Aunque con la desventaja de saber, digámoslo así, su lugar en el mundo.
Por ejemplo, una vez imaginé que yo fui un ser humano creado por métodos científicos –es decir que no nací como un humano normal– y se me dijo desde el primer día: “Tú fuiste fabricado para hacer X”; lo que me llevó a sentirme no como un ser vivo, sino justamente como un producto de fábrica. Debido a esto pensé que nacer sin un evidente propósito u objetivo hace que uno se pueda sentir con la libertad para vivir como desee, de buscar desarrollarse en lo que uno se sienta mejor o feliz, de hallar lo que nos hace especiales, etc.; evitando con eso la sensación de tomarnos como algo falso o reemplazables.
La segunda cuestión es con respecto a cuando uno mismo se fija un objetivo o sentido, lo cual ayuda a uno a encaminarse en la vida o nos condena a un inevitable “¿Para qué sirvió todo esto?” o un “No lo valió”. Ponerse estos objetivos involucra pensar en que queremos lograr algo concreto al final, pero hay una cosa muy curiosa con respecto a ese “al final”: no es muy claro cuándo ya es ese final.
Cuando pensamos en para qué estudiamos de jóvenes, uno podría decir “para tener un trabajo que nos guste”, luego podemos hacer otra vez la pregunta de para qué queremos un trabajo que nos guste, así mismo respondernos con algo como “para tener dinero y comprar cosas que necesitamos”, para así seguir este mismo proceso una y otra vez hasta que, usualmente, llegamos a algo como “¿Entonces hacemos todo esto para igual morirnos?”.
Este problema de un fin-final, si le queremos llamar así, muestra que nuestra vida no acaba cuando logramos algo en específico, sino que nuestra vida sigue y sigue sin importar nuestros objetivos; esto no significa que no importe lograr nuestras metas, pero sí revela que si sólo nos interesa lograr algo, ahí es donde la naturaleza de la vida nos molesta porque no dejamos de existir cuando completamos un plan y luego no sabemos qué más hacer y ni queremos hacer algo más.
Si buscamos objetivos para la vida encontraremos estrés porque no hay objetivo que cubra bien toda la vida; mientras que si la vida es nuestro objetivo podemos enfocarnos en pasarla tan bien como podamos improvisando en el camino.
La existencia es algo que nos pesa mucho como seres humanos por nuestra gran facilidad de entender cosas y querer que la vida sea sencilla. Miguelito en “Mafalda” una vez dijo: “¿Qué tiene que hacer un tipo para vivir? ¡Ser albañil, abogado, torero, oficinista o qué sé yo! ¿Por qué tenía que tocarnos a los humanos el estúpido papel de ser animales superiores?”. Ese es el precio del gran poder que tenemos para imaginar y cambiar el mundo.
Un gran poder no sólo conlleva una gran responsabilidad, sino que también involucra un gran precio que pagar. El poder de la libertad para soñar se tenía que pagar con el precio de siempre preguntarnos quiénes somos y qué hacemos aquí.
Título del trabajo: Harry Potter y la mente filosófica.
Autor: Bernardo Rogel

En “Harry Potter y las reliquias de la muerte”, después de que Harry se hubiese dirigido al Bosque Prohibido para sacrificarse y morir a manos de Lord Voldemort, el protagonista llega a una especie de limbo: es la estación de trenes, King’s Cross, de donde en el resto de la saga parte el Expreso a Hogwarts, pero con la sutil diferencia de estar completamente limpia (pulcrísima en casi todos los rincones, a excepción de un recoveco en el que un fragmento del alma del Señor Tenebroso, popularmente conocido en esta escena como “Voldi bebé” o “Voldemort feto”, solloza).
Si se puede afirmar que es una especie de limbo, es porque no se sabe a ciencia cierta si se trata del plano de la vida o de la muerte. Harry le pregunta a su antiguo mentor, el profesor Dumbledore, si aquello se trata de algo “real” o si estaba ocurriendo en su propia mente, a lo que le responde: “claro que está ocurriendo en tu mente, Harry, pero eso no significa que no sea real”.
A partir de esta frase, uno puede preguntarse inmediatamente acerca de qué tan “real” es aquello que pensamos, soñamos, imaginamos o recordamos. Uno puede remitirse, por ejemplo, ya en el terreno filosófico, al famoso argumento ontológico de San Anselmo: Dios existe porque podemos pensarlo y, dado que no podemos pensar nada más perfecto, y lo más perfecto necesariamente existe, por lo tanto -señala San Anselmo-, Dios existe.
Quizá sería en este sentido muy arriesgado considerar que, si es posible pensar algo, es posible su existencia en el plano de los entes. El filósofo alemán, G. F. W. Hegel, era partidario del argumento anselmiano, no quizás en el sentido de que se derive de él una entidad más allá del pensamiento, sino en el sentido de que lo pensado ya es real, dado que el pensamiento ha sido producido por lo real. Esto no quiere decir que, si se piensa una criatura mitológica, tal criatura sea independiente del pensamiento, sino que el pensamiento mismo ya es real (el unicornio es real en tanto que el pensamiento sobre el unicornio es real, y no porque exista un unicornio físicamente sin depender del pensamiento).
Para Hegel, el que todo lo racional fuera real era evidente porque la racionalidad no es ajena a este mundo. Si existe la racionalidad, si existe el pensamiento, es porque, para Hegel, el mundo mismo ha producido esa racionalidad, ese pensamiento. La división entre pensamiento y realidad que ha hecho la filosofía durante muchos siglos ha conducido a pensar que el pensamiento es algo ajeno a la realidad, como si la subjetividad del pensamiento fuese algo completamente distinto del mundo. Es la escisión entre sujeto y objeto, la cual parece en muchas ocasiones ignorar que ambos, como señala Hans-Georg Gadamer, se encuentran en el mismo plano del ser, es decir, ambos son inmanentes al mundo: sujeto y objeto pertenecen al mismo mundo.
Este prejuicio se ve reflejado en la pregunta que formula Harry: “¿Esto es real u ocurre en mi cabeza?”. Pareciera que lo real no pudiese ocurrir en la cabeza o que lo que ocurre en la cabeza no pudiese ser real. Lo que Hegel trata de superar es precisamente esa idea: lo real puede ser pensado y lo pensado puede ser real. No se trata de una oposición por la que la imaginación o el sueño constituyesen un plano totalmente ajeno y escindido de la realidad. Es por eso por lo que la respuesta que el difunto director de Hogwarts elabora parte de una idea que entiende el todas las partes de la realidad como constitutivas del mismo “todo”: tanto pensamiento como realidad son parte del mismo mundo. No existe una oposición, sino una continuidad: ambos son reales. Por ello, Dumbledore responde: “Claro que está ocurriendo en tu cabeza, Harry, pero eso no significa que no sea real”.
Quizá podamos recordar esa conversación, que ocurre en la cabeza de Harry Potter, como el día en que Albus Dumbledore (quien a su vez existe, pues está en el texto, en las cabezas y mentes de su autora y de sus lectores) se puso un poco hegeliano.
Título del trabajo: El bien y el mal: arquetipos artificiales.
Autor: María del Carmen Almanza Centeno.

Siempre me he preguntado si el bien y el mal en realidad son todo aquello a lo que estamos acostumbrados a creer que significan; o es solo una invención del ser humano. El bien y el mal son dos ideas complejas que nos ayudan a crear límites y las cuales el hombre emplea para calificar los actos que ejerce.
Desde que somos pequeños se nos enseña a diferenciar entre ambas ideas, se nos adiestra a seguir siempre el camino del bien porque de esta manera el ser humano puede vivir en comunidad de forma pacífica. Pero ¿realmente cómo sabemos lo que es el bien y el mal?, ¿es todo aquello que las religiones se encargan de predicar o simplemente debemos seguir las reglas que la sociedad tiene establecidas para que se considere que hemos seguido el camino correcto?
Cuando somos niños nos educan para saber diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal; si haces algo incorrecto el adulto mayor que es responsable de ti te dirá que lo que has hecho “no está bien”, que “es malo” o que “eso no se hace”, todo esto te lo deja saber con palabras mientras agrega una negación con la cabeza o una mirada de desaprobación. Se te ha informado del error tanto con lenguaje verbal como no verbal, de esta forma puedes comprender el mensaje con mayor claridad.
Por ejemplo, imaginemos por un momento que un niño se encuentra en un parque junto a su padre. En algún momento su padre lo deja solo un minuto; de pronto, el niño se percata de cómo a una señora se le cae un billete sin que esta se dé cuenta. Observa que nadie está cerca ni con intenciones de tomarlo, por lo que decide ir por él. Cuando está recogiendo el billete, una persona X, que también ha presenciado el descuido de la señora, lo ve y se da cuenta de lo que está haciendo el niño; la persona X le sonríe y le dice “Esta bien. Puedes quedártelo”. Después, su padre regresa y se pone al tanto de la situación cuando su hijo le cuenta lo que pasó, seguro de que no hizo nada malo; no obstante, su padre lo regaña asegurándole que lo acaba de hacer estuvo mal y a continuación lo obliga a buscar a la señora para regresarle su dinero.
Seguro el niño estará muy confundido, preguntándose quién le está dando el significado real a sus acciones. Por un lado, una persona le asegura que están bien, quizás porque cree que sólo es una travesura de un niño o porque simplemente piensa que tomar un dinero que está en el suelo es correcto, pues no tiene dueño si esta solo o no se encuentra en el bolsillo de alguien; y por el otro, se encuentra su padre quien es el encargado de guiarlo y reprenderlo cuando considera que su hijo está actuando de forma errónea.
El tema del bien y del mal parece carecer de sentido cuando los significados que se les dan cambian constantemente de acuerdo con la forma en la que cada individuo los percibe, Wittgenstein en las investigaciones filosóficas nos dice que en el lenguaje siempre se necesita tener un contexto en el cual aplicarlo, pues cosas como estas pueden suceder.
Este mismo autor en la conferencia de ética nos da un ejemplo en donde tratan de calificar un crimen como homicidio o asesinato; en su opinión, el acto no es malo ni lo hace malo la intención del criminal. Según él, no hay mal en el caso (que es un hecho) ni en la intención del agente (que también es un hecho), ambos son hechos descriptibles científicamente. Sin embargo, según como se describan ese acto y esa intención el crimen puede ser catalogado como homicidio o como asesinato; dicha calificación depende de la maldad atribuida al acto y al agente.
Regresando al ejemplo del niño, la descripción del acto y de la intención es aquello que le dará la calificación necesaria para medir la maldad del asunto.
Resulta curioso cómo es que una palabra puede tener más peso que otra; si las personas luego de escuchar la descripción del niño llegan a la conclusión de que fue una travesura, no será tan castigado a comparación de, por ejemplo, si se decide que fue un robo. Es como si la intención fuera distinta cuando, de hecho, el niño de cualquier forma tomó el dinero que vio caer del bolsillo de la señora; ¿no debería ser considerado de la misma manera el acto cuando la intención del niño fue llevarse el dinero que miró solo sin tener la preocupación de entregárselo al dueño.
Podríamos decir que el bien y el mal carecen de sentido cuando el valor o el significado que se les da cambian constantemente dependiendo del contexto o los beneficios que se pueda obtener a través de ellos. En la conferencia de ética, Wittgenstein quiere referirse a la ética como la búsqueda de lo valioso o lo que verdaderamente importa, no como una ética referida al conjunto de normas y valores que regulan la convivencia de los hombres.
La sociedad se ha encargado de moldear los conceptos del bien y del mal hasta el punto en el que muchas veces pierden el sentido; si le preguntas a varias personas sobre el significado de lo “bueno”, cada una te dará distintas definiciones, tal vez en algunas de ellas tú hayas cometido algo erróneo que hará que ante los ojos de aquellas personas tú seas catalogada como alguien mala. Wittgenstein nos dice que la calificación de un estado de cosas como “correcto” sólo tiene sentido en función de un fin predeterminado, por lo que el uso “correcto” carecería de significado.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
Agradecemos mucho la participación de quienes ayudaron a revisar y coordinar los trabajos que se recibían, particularmente nos daremos el lujo de mencionar el nombre de Sara Edith Flores y René Brondo Ricárdez, así como también agradecemos a los autores de los textos por darse el tiempo para redactar y enviar sus trabajos a este proyecto.
También nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.
Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos. De verdad muchas gracias.
G. W. F. Hegel, “Fenomenología del espíritu” (Advertencia: este libro es ridículamente complicado y confuso)
Ludwig Wittgenstein, “Tractatus filosóficos”.
Jean Paul Sartre, “La nausea” y “El existencialismo es un humanismo”
Karl Marx, “Manuscritos de economía y filosofía”.
Hans-Georg Gadamer, “Verdad y método I” y “Antología”
Friedrich Nietzsche, “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” Platón, “Teeteto”
Contacto y sitios donde nos encontramos.
