Filosofía contra el sentido común, Vol. VIII

Revista de difusión de filosofía

Edición por Milton R. Valtierra Pinedo

Prólogo

La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo de difusión de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente, quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión que efectuamos y algunas de sus características.

En pocas palabras, queremos mostrarles que la filosofía no son frases llamativas, sino que es el proceso entero de ver un problema, pensar y luego proponer una solución que nos deje una sensación de “No lo había pensado de ese modo”.

Índice

Introducción: ¿Qué hay en estas hojas?
Somos muy desagradecidos con quienes hacen trabajos importantes.
El terror de la producción y la sensación de “perder el tiempo”.
Limpiar es un acto que permite un nuevo inicio, redención, pero también olvido.
Olvido y Reproducción.
¿Por qué importa hacer reflexiones críticas de tonterías?
Si a la lógica no le interesa la verdad, ¿entonces de qué nos sirve?
Si dicen lo mismo, ¿qué importa unas cuantas palabras de diferencia?
Conciencia e inteligencia artificial.
El poder para hacer lo que queramos, y nunca lo tendremos porque somos flojos.
Contra todas las cosas que hay por ver, conocer, aprender, etc., podemos confiar en nuestro corazón.
La naturaleza es asombrosa.
¿La venganza nunca es buena?
Sobre cómo lo cotidiano puede volverse extraño.
Lovecraft, “El señor de los anillos” y los efectos de la economía.
MI OPINION… PUES YA LO DECIA.
Dime cómo son tus reglas y te diré qué tan libre es tu sistema.
¿Por qué decimos lo que pensaban personas muertas en lugar de decir lo que nosotros pensamos?
¿Las Construcciones sociales tienen un valor real?
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
Contacto y sitios donde nos encontramos.

¿Qué hay en estas hojas?

Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que estudiantes de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este octavo volumen.

Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.

Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.

En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado.

Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.

Título del trabajo: Somos muy desagradecidos con quienes hacen trabajos importantes. 
Autor: Milton Valtierra.

Si no hubiera un servicio de limpieza en la ciudad, no tardaría mucho para que la taza de fallecidos aumente. Es muy importante para la salud de cualquier comunidad que haya un sistema de limpieza, y aun así es un empleo que nadie quiere.

No creo que haya persona alguna que por decisión propia y gusto desee dedicarse a ser barrendero o barrendera, tampoco creo que sea un trabajo muy bien remunerado, pero es de gran importancia.

Lo mismo o cosas parecidas se podrían decir de otros trabajos, como ser profesor/profesora en una escuela primaria, médicos, operador/operadora de camiones, etc.: todas las personas adultas recuerdan experiencias con profesores que determinaron cuáles carreras decidieron estudiar o cuáles no, además de que a causa de ellos aprendimos en general lo más básico de escritura, lectura, sumas, restas, historia, biología, etc.; los médicos son indispensables para la salud de una población; el transporte público es lo que facilita las actividades de una ciudad; pero también todas esas actividades llevan historias de ser empleos mal pagados o muy cansados.

Algunos de esos trabajos son muy sencillos, otros mucho más complicados de los que parecen, pero todos son muy valiosos, y aun así, por alguna razón, la sociedad hace que sean profesiones para sentirnos mal por no ganar lo suficiente o por darnos la idea de que a nadie le importa lo que nos pase por lo demandantes que pueden ser.

Es por esto que me parece le debemos un sincero gracias a quienes realizan esas actividades, y plantearnos seriamente en cambiar nuestra cultura. No suena bonito que la estabilidad de una ciudad se deba al sufrimiento de los demás.

Título del trabajo: El terror de la producción y la sensación de “perder el tiempo”. 
Autor: Milton Valtierra.

Fue en una ocasión en que tuve la oportunidad de ver el currículum de una amistad que, por primera vez, vi como un error el pasatiempo que más me gustaba desde niño: jugar videojuegos.

Particularmente esta situación se dio porque, ya que mi amistad no pasaba las tardes libres con la misma actividad que yo, se puso a buscar algo para hacer que, al final, por lo menos le resultó en algo práctico, ya que justamente le dio varios enunciados más a su currículum.

Ese fue el terror que vi: si yo hubiera preferido otra cosa, desde practicar algún arte marcial, tomar cursos de pintura, perfeccionar alguna manualidad, cualquier cosa de ese estilo, podría presumir al mundo laboral una o varias destrezas más; pero los videojuegos han sido algo tan grato para mí, no sólo por disfrutar en sí de jugarlos, sino también porque hablar de éstos me ayudó a hacer amigos en la escuela y planear reuniones con éstos donde creamos tan buenos recuerdos para mí. Es por esto que me pareció horrible convertir ese gusto en algo a lo que debía tratar con arrepentimiento, como un “haber desperdiciado mi tiempo”.

Al pensar más a fondo me di cuenta de que cualquier actividad de convivencia o para relajarnos caería en el mismo problema, como ver películas, leer libros, realizar convivios con amigos y familiares, etc.

Es decir, terminé hallando que la idea de “ser productivos” puede a veces negarnos vivencias tan humanas y gratas como pasar el tiempo platicando con personas que nos importan. Si bien es bonito que algo que disfrutamos también sea “productivo”, como a lo mejor fue en el caso de mi amistad, por lo menos después de pensar en esto ya no tengo remordimiento a ser improductivo si eso implica pasar un grato rato con otros o solo.

Título del trabajo: Limpiar es un acto que permite un nuevo inicio, redención, pero también olvido. 
Autor: Milton Valtierra.

Existe un videojuego con una temática muy extraña: limpiar después de que toda la acción digna de cualquier película taquillera u horror ha ocurrido.

Es un concepto extraño el que ponerte a trapear y recoger basura sea un juego, pero sí lo es; de hecho, hay muchos tipos de videojuegos de este estilo con diferentes temáticas, pero particularmente me llamó la atención este juego de asear una escena de acción por mostrar mejor las dos caras de la limpieza.

La primera de esas caras es justamente la razón por la que existen tantos juegos de limpieza: según la opinión de internet, estos juegos son extraordinariamente relajantes. El limpiar nos da la sensación de arreglar las cosas que están mal, de poner en mejores condiciones el lugar donde estamos y, sobre todo porque en el juego sólo estamos nosotros sin que exista la posibilidad de que alguien más llegue y vuelva a ensuciar todo, existe un fuerte sentido de progreso y orgullo con cada nuevo pasillo o habitación que limpiamos.

Sin embargo, la segunda cara no es tan positiva, y es un aspecto que sólo podía verse en los escenarios de este juego: al jugador limpiar lugares repletos de marcas de combates y destrucción, realmente se está retirando la evidencia de qué ocurrió ahí. Es decir, el juego te permite imaginar por el desastre del lugar qué fue lo que pasó, pero en cuanto el jugador deja impecable una sección, se pierde junto con la suciedad cualquier indicio de decir “algo malo ocurrió aquí”.

Así, encontré por este videojuego extraño dos elementos interesantes que el limpiar nos ofrece: primero, la sensación de corregir o arreglar, que por eso estos juegos causan mucha relajación a quienes los juegan; y el olvidar, que incluso puede ayudar a causar ese efecto de relajación, aunque igualmente tiene cosas negativas como el hecho de facilitar que ignoremos actos malos del pasado.

Título del trabajo: Olvido y Reproducción.
Autor: Elioenaí Torres.

La cuestión acerca de la formación de la identidad en las personas hoy en día, frente al constante contacto con los dispositivos tecnológicos y de información, se ha vuelto confusa y genera infinidad de preguntas, ocasionando que cada vez sea más complicado describir a los individuos de un determinado modo, es como si los sujetos al igual que los softwares pudieran hacer un upgrade de su identidad y personalidad, haciéndola cambiante y eventual. Pero es interesante lo recurrente que se ha vuelto para el cine y la televisión caracterizar a los individuos contemporáneos con distintos tipos de desórdenes en la memoria. Leonard en Memento (2000) es un claro ejemplo. Tras sufrir un trauma cerebral que le provoca amnesia, es incapaz de almacenar nuevos recuerdos, aferrándose a sus memorias anteriores al trauma (y que tienen que ver con el asesinato de su esposa); Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) o la reciente serie Moon Knight (2022) donde Steven constantemente despierta con lagunas en su memoria a corto plazo, son algunos ejemplos.

Nada de eso es fortuito, este tipo de personajes ficticios parecieran señalar un rasgo esencial de la experiencia humana y especialmente a un carácter específico de nuestro tiempo; la vida bajo un presente continuo, resultado de una cultura que privilegia lo presente y lo inmediato. Dicha postergación del presente no es más que una memoria dañada y es esencialmente la disolución de la historia en representaciones y reproducciones difusas, un intento desesperado de reconstruir el pasado por medio de revivals. El futuro resulta escapadizo e imposible, representando un punto desconocido al que se le otorga poca confianza.

Además, es una forma de escape permanente a cualquier sentido fijo que pueda asumir la persona. Por lo que dichos personajes recurrentes que han olvidado sus recuerdos y se centran en la misión de recuperarlos puede funcionar como una contribución a la comprensión de nuestra cultura y cómo está influye en la formación de nuevos sujetos y objetos.

Título del trabajo: ¿Por qué importa hacer reflexiones críticas de tonterías? 
Autor: Milton Valtierra.

No hace mucho me encontré un video en donde una persona realizó un trabajo reflexivo para determinar si podríamos usar la nigromancia de una forma ética, es decir, si hay una forma en que, de poder usar magia para revivir o reanimar muertos, podamos emplear a estos cadáveres andantes para trabajos de manera ética.

A todas luces no es un tema que sea necesario tomar con seriedad académica, porque hablamos de magia, e inclusive la persona del video explica que el problema está sacado de mundos fantásticos como “El Señor de los Anillos” o, más específicamente, del popular juego de mesa “Calabozos y Dragones”.

Así, el tema no es relevante como tal, aunque el autor lo desarrolla con decente estructura argumental, lo cual hizo que se activara mi sentido filosófico para notar que, a pesar de la temática, no es una pérdida de tiempo desarrollar formalmente esa idea. La razón para pensar esto es que lógicamente el esquema que se expone en el video es lo suficientemente sólido como para o poder reciclar algunas partes para reusarse en un tema más relevante, por no decir simplemente “real”, o dar cuenta de algo interesante que directamente se aplique a trabajos más serios; y si todo eso falla, al menos es una perfecta práctica para después hacer el análisis más relevante.

Es curioso, pero la filosofía hizo que me acostumbrara a analizar, por eso esta actividad se volvió algo grata para mí y causó que la quisiera aplicar en toda situación que se me presentara, sobre todo en los casos más divertidos e irrelevantes; mas justamente no me di cuenta de que, por esa misma alegría y costumbre mía, lo que estaba haciendo era irme facilitando el tratar cualquier tema académico que después me encontrara, tanto para entenderle como para pensar en nuevas propuestas.

El trabajo crítico que involucra reflexionar no necesita únicamente darse en asuntos “serios”, sino que con el simple acto de esquematizar, definir, aclarar o relacionar ideas de cualquier tema, incluyendo los más tontos, uno ya estará escribiendo trabajos reflexivos sin notarlo; que sean interesantes o profundos es otra cosa, pero al menos sí es un gran ejercicio para perfeccionar el quehacer filosófico, por ejemplo.

Título del trabajo: Si a la lógica no le interesa la verdad, ¿entonces de qué nos sirve? 
Autor: Milton Valtierra.

La lógica, particularmente la lógica argumental, analiza una correcta conexión entre premisas con una conclusión, la coherencia entre las ideas que decimos y la conclusión que podemos sacar a partir de éstas. Esta relación consistente de pensamientos es increíblemente útil para toda actividad humana que requiera pensar, a tal grado que, si mal no recuerdo, el filósofo alemán Kant decía que la lógica es la estructura del buen pensar.

Sin embargo, un punto que me parece muy curioso es sobre algo que comentaron mis profesores: a la lógica no le interesa la verdad.

Como tal, la lógica sólo se enfoca en la relación de ideas, pero no le es de importancia si éstas son correctas o no. Claro, también se analizan valores de verdad, o cómo es la conclusión si todas sus premisas son verdaderas, una es verdad y la otra falsa, o ambas falsas; pero este cálculo de valores tampoco es una delimitación absoluta de “esto es correcto en sí y esto no”, sólo es otra herramienta para determinar que, sin importar si sean verdad o no los argumentos, la conclusión sí es sólida.

Con todo esto podemos justamente preguntarnos, ¿cuál es la utilidad de los argumentos bien planteados si no tienen una garantía de valor en la realidad? ¿Es útil para la física, por ejemplo, la lógica si de todos modos sus resultados pueden no existir?

Considerar un mundo lógicamente coherente no implica por ello que sea verdad, como son los casos de algunos planteamientos matemáticos, y a la vez esto no implica que la verdad no sea lógica; la consistencia de ideas tiene sus bases en la realidad, pero por lo general hay tantas posibilidades sólidas de eventos que se vuelve muy difícil calcular bien todas con un sistema argumental. De hecho, por eso éstos no incluyen todos los elementos posibles para pensar, sólo algunos cuantos para resolver los problemas que más les interesan.

Entonces, aunque la lógica no parece muy útil por perderse en posibilidades e ignorar a veces la realidad, esos diferentes resultados que considera sí son realidades posibles, así que valdría la pena no sobrevalorar la lógica, pero tampoco desvalorarla; nos ayuda a ver las posibilidades reales, y sólo nos faltaría comprobar qué efectivamente se está haciendo realidad.

Título del trabajo: Si dicen lo mismo, ¿qué importa unas cuantas palabras de diferencia? 
Autor: Milton Valtierra.

En el anime “Attack on Titan”, existe un diálogo entre dos personajes donde discuten la precisión de una afirmación: ya que la trama de esta serie comienza con la mención de que la humanidad está amenaza por la existencia de criaturas enormes llamadas titanes, la idea que discutían estos personajes es con respecto a que no saben a ciencia cierta si en su ciudad están los últimos humanos vivos o no, pero sus libros indican que sí. Por ello, uno de estos personajes señala que lo correcto debía ser que en sus textos apareciera “creemos ser los últimos humanos”; al final resulta que este detalle implica más de lo que parece, específicamente por ser parte de un complot.

En una conversación con un amigo hablamos de algo similar: ignorando el tema de la plática porque ya se me olvidó, le llegué a señalar un detalle que a primera vista parecía insignificante, digamos como ejemplo que mi amistad mencionaba que “todos los adolescentes son iguales”, y el comentario que le hice fue que lo más preciso debía ser “la mayoría de los adolescentes son iguales”. -“Si de todos modos dices lo mismo, ¿cuál es la importancia de ese detalle?”- me dijo mi amigo.

Tanto en el caso del anime como en la plática con mi amistad, esos pequeños detalles no sólo son precisiones metodológicas, sino que esas palabras de más muestran las conexiones lógicas que tenemos de esa idea con el resto de nuestra visión de cómo es el mundo.

Mi amigo sin saberlo al decir la primera idea de “todos los adolescentes son iguales” no daba la oportunidad a considerar que no todos lo son, se fomentaba a prejuzgar que ninguno de ellos pueda ser diferente, y en el anime es a propósito que los libros digan que no hay más humanos para hacerle creer a todos que es así.

Esos pequeños detalles de cómo decimos nuestras ideas, consciente o inconscientemente, reflejan de qué forma vemos el mundo y qué tanto damos la oportunidad de considerar otras opciones. Por lo que una buena forma de comenzar a ver otras perspectivas es siendo más precisos al decir nuestras ideas; para evitar generalizar la realidad de más, con estas precisiones podemos recordarnos y de verdad pensar que tal vez hay más del mundo del que a simple vista se ve.

Título del trabajo: Conciencia e inteligencia artificial. 
Autora: Dulce María Dávila González.

Actualmente se encuentra en vigor el debate sobre si los humanos algún día podrán ser reemplazados por completo por un robot, si es que acaso estos últimos puedan llegar a obtener todas las características intrínsecas de la humanidad, e incluso ser mejores, ¿tú crees que esto sea posible? Si bien ya existen sistemas que por mucho superan al humano en cuestión de hacer operaciones o análisis de datos, aún los científicos e investigadores no han creado una I.A que cuente con una conciencia subjetiva como la que caracteriza a la humanidad, ¿esto podría ser posible en un futuro? Creo que para un análisis mejor de esta cuestión debemos tener presente lo que es la conciencia.

Explicado sencillamente podríamos decir que la conciencia es ese mundo interno que el cerebro crea a partir de la información que recibe del mundo externo que lo rodea. Complejizándolo un poco más podemos hablar de los “qualia”, los cuales (citando a Wikipedia) <<Se refieren a la cualidad subjetiva de nuestras experiencias internas, cómo el sabor de una fruta, la sensación de felicidad, la rojez del rojo, lo doloroso del dolor o el sonido de una nota musical.>> Cabe señalar que la conciencia no puede ser explicada exclusivamente por eventos físicos debido a su imposibilidad de ser visualizada por alguien externo al individuo, esto quiere decir que va más allá de la actividad neuronal de nuestro cerebro, a causa de su característica subjetiva, única e intangible. Y es por ello que desde la antigüedad hasta la actualidad se sigue considerando a la conciencia como uno de los mayores enigmas que atañe a todo mundo, el cual no puede ser estudiado por métodos convencionales como la experimentación u observación.

Ya habiendo explicado a grandes rasgos la conciencia, podemos entender un poco más lo complejo del asunto y por esto me atrevo a decir que por todos estos problemas que rodean a la conciencia, la dificultad de su estudio y análisis -y por tanto su falta de comprensión total por parte de filósofos, científicos y de la humanidad en general-, se me hace difícil pensar en que algún día, algo externo a un ser vivo o al humano, algo automatizado y creado por un individuo, pueda llegar a tener conciencia y convertirse en un reemplazo de los seres que lo crearon. ¿Por qué? Porque al estar carentes de esa característica intrínseca de la humanidad no podrían llegar a remplazarla, sino tal vez, a lo mejor, llegarían a ser otros ocupantes del planeta. Esto debido a que alguien que remplaza ocupa hacer y encargarse de las cosas de la misma forma que su antecesor y por ello debe, pienso, tener las mismas características.

Título del trabajo: El poder para hacer lo que queramos, y nunca lo tendremos porque somos flojos. 
Autor: Milton Valtierra.

Realmente la idea que quiero comentar en este trabajo no es en sí el poder de hacer lo que sea, pero sí es una característica que hace temblar todo el sistema económico: ser autodidactas.

En una conversación que tuve con un amigo que estudió derecho, le pregunté en términos muy generales y prácticos qué hace su área, a lo que respondió que es intermediario entre las leyes y las personas cuando hay un problema. Ahí le cuestioné lo que creo refleja todo el problema de este texto, “¿Entonces tu chamba es estudiar las leyes porque la gente no lo hace?”

A esta pregunta mi amigo respondió que sí y me replicó que si en filosofía no pasaba lo mismo, a lo que le respondí con alegría que, efectivamente, también en filos ocurre lo mismo: “Filosofía es detallar las ideas o preguntas que cualquiera podría hacer si tuviera tiempo.”

Parece ser que el problema de todo esto es que, si tuviéramos tiempo, podríamos aprender cualquier cosa; digo, en internet actualmente hay muchos cursos impartidos por profesionales y videos que explican de todo, además de poderse conseguir libros especializados en cualquier tema, así que fuentes de información no nos faltan. Entonces parece que el tiempo es lo único que se interpone entre nosotros y aprender a hacer por nuestra cuenta cualquier cosa, pero no creo que sólo sea el tiempo, sino nuestra propia voluntad de estudiar.

En términos generales, el tiempo libre es algo que a todos nos falta, pero sí hemos tenido momentos en donde pudimos haber estudiado, pero preferimos hacer alguna otra actividad más placentera, ya sea desde procrastinar (tal vez no agrada en sí, aunque sí es cómodo de hacer) hasta ver series o películas, jugar algo, leer cosas por gusto y no por estudio, comer, etc.

Así, me parece que, aunque no hay tiempo para estudiar, también parte del problema es que no es tan sencillo que, al disponer de algo de ocio, optemos por trabajar por voluntad, por estudiar; pero si lo hiciéramos, al menos basándome en la conversación con mi amigo, tanto la carrera de filosofía como la de derecho no tendrían sentido económico porque ya la gente sabría esas cosas, y quién sabe cuántas carreras más les pasaría lo mismo.

Esta conclusión no sólo aplica a carreras, también incluye trabajos, como ser mecánicos, farmacéuticos, instructores de gimnasios, herreros, etc., por lo que, si fuéramos más autodidactas, realmente destruiríamos muchos elementos del capitalismo, tal vez por eso no tenemos tanto tiempo libre.

Título del trabajo: Contra todas las cosas que hay por ver, conocer, aprender, etc., podemos confiar en nuestro corazón.
Autor: Milton Valtierra.

Hay demasiadas películas por ver, tantas cosas por ahí en diferentes plataformas que simplemente no sé ni por dónde comenzar. Desde películas de culto hasta las que me llaman la atención, las que me recomiendan conocidos y las que la crítica y el internet dicen que valen la pena, todas esas opciones hacen que se sienta tan pesado empezar porque me llevaría años terminar.

Y la cosa curiosa es que no sólo es algo que pase con las películas, sino que es con todo: música, series, libros, videojuegos, incluso aprender de un tema como, no sé, los Yo-yos puede llevar varias horas de investigación por la enorme cantidad de información y trabajo que ha hecho la gente.

Frente a todo esto, me sentía tan abrumado por la idea que ya no creo poder saber bien de algún tema, sino que mi conocimiento siempre será parcial, sólo sabré pedazos. Luego, de manera impulsiva, recordé que de los últimos temas que me han interesado por gusto espontáneo he aprendido mucho al ver varios videos o leído cosas por ahí, no sé todo, pero sí bastante como para sentir confianza de que le puedo explicar a cualquiera una visión general del asunto.

Ahí fue cuando noté que, si bien el problema de conocer sobre un nuevo tema o producto parece inabarcable, si nos enfocamos simplemente en conocer siguiendo el ritmo de nuestro propio interés, podremos bordear y pasar por alto la parálisis de no aprender bien el tema. Pues si me hubiera puesto a investigar sobre esos temas que me llamaron la atención pensando en “tengo que revisar tantas cosas para conocer bien sobre esto”, nunca hubiera ni empezado, pero como me fui acercando por procrastinación, por ejemplo, aprendí cuanto quería sin temor o desilusión a no entender las cosas.

Es curioso, siguiendo una línea de “objetividad” o de eficiencia para acercarnos a un tema, todo se siente inalcanzable y pesado. Así está plagado el internet de videos que te hablan de la forma correcta para cualquier cosa, hasta para hablar con los demás. Creo que dejamos crecer demasiado esa línea “objetiva” hasta volverse demasiado abrumadora, y el costo de ello fue perder el hacer actividades por diversión, o que este elemento pase a segundo plano.

En cambio, si hacemos lo contrario, ir por la línea “subjetiva” o sólo por gusto aunque no aprendamos mucho, nomás un poquito, al menos así podemos ir avanzando con unos primeros pasos, los cuales saben mejor porque son divertidos, son porque nos interesó el tema; es casi para poder decir “cuando haya dudas, siempre sigue a tu corazón, que éste hará más fácil tan siquiera comenzar”.

Título del trabajo: La naturaleza es asombrosa. 
Autora: Dulce María Dávila González.

Un día, mientras iba en el camión, escuché a dos bebés llorar. Fue un tanto extraño porque comenzó a llorar uno y después le siguió el otro, y al parecer también abajo, en la parada del camión, había un tercer bebé, quien comenzó a llorar después. Lo más chistoso es que los tres infantes comenzaron de igual forma el llanto y, entre quejidos, cada uno llamaba a su respectiva madre. Al principio no entendía que pasaba, ¿por qué tres bebés, que no podían ser parientes, tenían la misma forma de llorar y llamar a su mamá? Posteriormente con la respuesta de las dos madres del camión comprendí mejor lo que ocurría.

Ambos niños tenían hambre y está era su forma de comunicar su necesidad. Las mamás, sin ninguna confusión, supieron lo que sus hijos necesitaban y prosiguieron a darles pecho, lo cual también me puso a pensar acerca de los tabús sociales que se tienen alrededor de esta práctica cuando se realiza en público. Comencé a cuestionarme el por qué la sociedad censura y no tolera algo tan natural, ¿será acaso que nuestro pensamiento, junto con el ego, han construido una brecha demasiado grande entre lo humano y lo natural? A lo mejor sí, y por ello olvidamos que somos parte de este mundo conformado por cosas naturales, tan naturales como el alimento natural que genera el propio cuerpo de una madre.

El llanto de uno de los bebés me recordó a un gato, ya que era bastante agudo y recordé un dato sobre cómo los gatos generan su maullido parecido al llanto de un bebé para así captar mejor la atención de las personas. Con todo esto comencé a pensar en la naturaleza y en cómo es esta. Mirando por la ventana, vi un árbol frondoso y verde por lo cual pensé que indudablemente la naturaleza era hermosa, sin embargo, después vinieron a mi mente imágenes de una manada de leones cazando y concluí que también podía llegar a ser atroz.

Pensando en lo hermoso y lo atroz como adjetivos de la naturaleza vi que, si bien sí describían una parte de esta, no lograban abarcar todo lo que es, así que intente hallar una palabra más precisa que transmitiera mejor lo que es en sí la naturaleza y a mí mente vino “asombro”. Y es que el pensar lo natural con el término de asombro no lleva más allá de lo bello y lo feo, de lo bueno y lo malo, por lo cual, es innegable que este término puede describir mejor a cada proceso y aspecto de lo natural. Aparte, el hecho de percibir a la naturaleza como algo asombroso también nos da la pauta para preguntarnos el porqué de las cosas y la curiosidad necesaria para estar abiertos a comprender.

Título del trabajo: ¿La venganza nunca es buena? 
Autor: RuGal

Hace unos días salí a comer con un amigo en un pequeño lugar de tortas donde se escuchaba una retransmisión del programa número uno de la televisión humorística en los 80s, “El Chavo”.

Conversando, recordamos algunos de los capítulos emblemáticos del programa e hicimos alusión a uno donde Don Ramón dice la frase “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”. En este pequeño trabajo, trataremos de responder si la venganza es mala o si es buena, tomando como parámetro las consecuencias positivas o negativas de la persona vengadora.

En primer lugar, es necesario determinar lo que significa la venganza. Buscando en la RAE, ésta es definida como: “la satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos, es una revancha, ajuste, desquite, represalia o resarcimiento.”

De lo anterior podemos desplegar algunos elementos necesarios para realizar una venganza. Primero, es necesario que recibamos un agravio o daño, esto puede causarlo un sinfín de situaciones, dependiendo de la persona; segundo, de manera natural buscamos qué hacer con el daño recibido, siendo una de las opciones realizar alguna acción que nos genere satisfacción en aras de sentirnos mejor, pudiendo éstas estar encaminadas a generar un daño que resulte proporcional al recibido en un ejercicio de autoevaluación.

Como ejemplo, pensemos en una persona a la que su pareja le fue infiel, causándole un fuerte dolor emocional y, en consecuencia, decide no terminar la relación, sino pagarle con la misma moneda y ser infiel en la búsqueda de causar un daño semejante al que sufrió. En caso de obtener una satisfacción producto de lo ocasionado, se habría obtenido venganza.

Cabe destacar que, al menos de la definición de la palabra, no se despliega que para obtener o realizar un acto de venganza se tenga que causar un daño en específico a la persona que nos provocó dolor a nosotros, pues la venganza tiene que ver con una satisfacción derivada del incidente recibido. Es decir, si una persona que sufrió daño a causa de una infidelidad decide ir a terapia psicológica y después de ello obtiene una satisfacción por sentirse mejor, también habría completado una venganza.

De lo anterior, podemos concluir que la venganza puede considerarse como buena en tanto que nos genera una satisfacción que no involucre más agresión. No obstante, es indispensable distinguir la posibilidad de que, podemos completar este acto de manera “positiva” permitiéndonos satisfacer nuestro sentido de justicia y generarnos un estado de gusto al enfocarnos en nuestra capacidad de autocuidado y empatía; mientras que, de manera “negativa” perpetuará un ciclo de violencia y resentimiento al estar enfocados en la obtención de satisfacción mediante provocar daño a otros.

Aunque culturalmente la venganza se entiende como algo malo, investigando un poco más puede resultar que esta acción de revancha no necesariamente tiene que ser mala, sino que acepta más de un significado dependiendo de la manera en la que la efectuamos, atendiendo a la connotación positiva o negativa de la misma considerando las posibles consecuencias a corto y largo plazo.

Título del trabajo: Sobre cómo lo cotidiano puede volverse extraño.  
Autora: Ana Paula Arellano Pereti.

Hay lugares que se vuelven tan familiares que podemos transitarlos cerrando los ojos. Cuando uno vive en una casa por mucho tiempo, puede desplazarse a otro punto del lugar sin tropezar porque conoce perfectamente el camino. Al saber las calles por las que se maneja o camina para llegar a un lugar frecuente, es posible moverse sin observar los alrededores, con la mente puesta en otra situación, sin perderse.

Entiendo estos lugares como los que constituyen nuestro plano de vivencias cotidiano. Pueden ser recorridos con la mínima atención porque parece que siempre son “lo mismo”; sin embargo, si prestamos atención, siempre están compuestos de forma distinta.

Aquello que observo como repetición porque ya tengo una idea de lo que es, se muestra siempre distinto si miro fuera del retrato que he construido en mi cabeza. Por ejemplo, cosas simples como la cantidad de tráfico que hay, la hora del día, o incluso las personas que caminan por la calle. La estación del año también reviste el lugar con otros colores, sensaciones y sonidos que construyen una atmósfera diferente cada día, pero los pasamos por alto porque el lugar es “el mismo”.

Al reflexionar sobre estas pequeñas diferencias que existen en días que son aparentemente iguales, me di cuenta de que en la repetición se encuentran diferencias que constituyen un espacio distinto diariamente. La noción de que un lugar es siempre el mismo parece más bien una idea que nos es útil, que brinda continuidad y nos permite transitar lugares con seguridad; sin embargo, la mismidad existe sólo como una idea. Los lugares son cambiantes, basta con dirigir la mirada a un punto de la calle que usualmente es ignorado para encontrar un rincón de diferencia en la repetición.

Otro elemento de la experiencia cotidiana son las personas que nos rodean: familiares, amistades, pareja, compañeros de trabajo, son personas que de igual manera entendemos como las mismas siempre. Esto no es malo, porque existe una congruencia entre nuestro pensar, nuestras acciones y experiencias que se reúnen en la memoria y crean una identidad, a la persona que somos; sin embargo, al igual que con los espacios que habitamos, existen cambios en la persona. Diferentes emociones y pensamientos que conforman al ser humano, experiencias, hacen de esa identidad un lugar de diferencias diarias. Se tiene el sentido de ser la misma persona, pero existen cambios que también son importantes para entenderla.

Tanto de los lugares como las personas que son clasificadas como “las mismas de siempre” puede surgir el aburrimiento. Puede considerarse que el trayecto de siempre es tedioso porque no hay nada nuevo. La cuestión es que sí lo hay, pero nuestros ojos están acostumbrados a recorrer los mismos lugares y hacer de la experiencia un eco de nuestra idea. De igual manera con las personas. Las preguntas que les hacemos son las mismas de siempre, y en varias ocasiones no existe una exploración por otros caminos de la experiencia diaria que pueden albergar cosas desconocidas para nosotros.

Cuando se recorre el mismo trayecto, las diferencias que se habían presentado en cada uno de los casos hacen que los lugares se conviertan en extraños cuando no son reconocidas. Lo que se tiene en mente es la idea del lugar, ya no se contempla el cambio que le es propio, lo cual puede hacer que lo cotidiano se convierta, a nuestros ojos, en algo extraño.

Título del trabajo: Lovecraft, “El señor de los anillos” y los efectos de la economía. 
Autor: Milton Valtierra.

Esta idea se la comentaba a un amigo en una plática tonta jugando con algunos simbolismos en la obra de “El señor de los anillos” y algunas historias de Lovecraft.

Me he enterado por ahí que hay críticos de la historia de Tolkien diciendo que se puede entender toda la trama del anillo único como una crítica al capitalismo, ya que los orcos, la raza malvada que siguen las órdenes del villano, son una especie de zombies producidos en masa, el ejército de la industrialización literalmente creada con el único propósito de matar, por lo cual los orcos eran guerreros poderosos. Junto con esto, también esta raza artificial usaba y adoraba las máquinas, sobre todo cuando les ahorraba algún trabajo, e incluso en el libro se describe que los orcos son una raza que gustaba esclavizar otros seres para, justamente, ponerlos a trabajar en lo que ellos no querían pero debían.

En resumen, la descripción de las fuerzas oscuras de Sauron es la viva imagen de la industrialización, según algunos lectores.

Junto con esto, yo le comentaba a mi amigo que Lovecraft, al ser un individuo con prejuicios racistas, siempre describía que las personas marginadas en Estados Unidos, como las minorías raciales que se encontraban en una situación económica terrible, eran quienes tenían más contacto con las deidades oscuras que Lovecraft siempre emplea en sus cuentos; que son las comunidades más pobres y olvidadas por la sociedad quienes mantienen mejor memoria de tradiciones ancestrales y, por ello, un contacto con terribles dioses.

Combinando ambas interpretaciones, le dije a mi amigo que podríamos decir que nuestra realidad es una en donde Sauron ganó, la industria se apoderó de todo y el capitalismo nos convirtió en esclavos que siguen lo que nos dice que está de moda. Aunque no todo está perdido, ya que aquellas comunidades que no tienen tanto contacto con el capitalismo, las comunidades rurales como lo fueron las de los Hobbits, todavía tienen la magia de sus propias costumbres, de seguir en contacto con los dioses de antaño, y con ello aseguran que sus vidas sean de ellos mismos.

Es decir, le decía de una forma metafórica a mi amigo que, mientras más cercanía tengamos con el capitalismo, más la cultura de Occidente nos llegará, lo que termina causando que se desplacen las costumbres locales por otras externas, dígase del caso de las celebraciones de Halloween y Santa Claus contra la del Día de muertos y los Reyes Magos, al menos aquí en México.

Pero todavía hay algo de esperanza para las tradiciones de una localidad siempre y cuando no tenga demasiado contacto con el capitalismo, ya sea porque es una población relativamente aislada o porque sus habitantes no emplean tanto el internet o cosas así.

Particularmente, me gusta en esta metáfora la idea de la magia como la sensación especial nacida de vivencias nuestras, porque justamente esas experiencias e historias se sienten así, mágicas, por ser especiales al lugar donde se crearon y con quienes las creamos.

La industria es un monstruo que pretende abarcar todo a su paso, pero si podemos alejarnos aunque sea un poco, ya sea por decisión o tenemos la suerte de que el capitalismo nos ignore, al menos podremos volver a sentir la antigua magia de la humanidad en nosotros, aquella que nos dio identidad y nos hizo sentir que la vida no es para trabajar, sino para convivir con historias, comida, risas, familia y amigos.

Título del trabajo: MI OPINION… PUES YA LO DECIA… 
Autor: Verdumtra.

Hace ya unas semanas estaba platicando con un amigo y de esta conversación salió un tema particular, ¿por qué cuando preguntan por nuestra opinión respondemos con la opinión de un tercero (en el caso de la filosofía, lo que piensa Kant, Hegel, Nietzsche o nuestro filosofo de cabecera)?

Este tema me lo había planteado, irónicamente, una tercera persona de la propia Valenciana. De esa plática saldría el texto “¿Por qué decimos lo que pensaban personas muertas en lugar de decir lo que nosotros pensamos?”, publicado en esta misma revista. En ese trabajo se me dio la oportunidad de participar, pero mi participación fue tan larga que era mejor dejarla por separado.

Y es que cabe resaltar la forma en que somos educados, no solo en filosofía, sino en prácticamente cualquier otra área del pensamiento. Hagamos memoria, cuando llegamos a una carrera tenemos la ilusión de pensar y tratar los problemas y temas de mayor interés propio, con un profundo deseo de hacer nuestra aportación personal a la rama en la que estemos, pero algo pasa, ese deseo es reprimido y sólo nos queda indicar las aportaciones de otro. ¿Qué paso?

Lo que pasó es que la forma en que nos enseñan a presentar nuestras ideas matan y minan nuestra creatividad, no nos enseñan a razonar, sino a citar; no se enseña a cimentar un punto de vista, solo a respaldarla con una autoridad mayor; no se enseña a pensar, se enseña a remitir, y funciona, somos expertos en decir “ya lo decía tal” o “pues tal decía esta cosa”, incluso cuando se nos pregunta nuestra opinión remitimos a la de un muerto.

Esto es alimentado por otra enseñanza igual de problemática, el miedo a la confrontación, al debate o a la discusión (como quieran llamarla), pues hemos llegado a no tomar esta u aquella materia sólo porque la da tal persona, o porque trata de este personaje con el cual no estoy de acuerdo o tiene una idea que es contraria a las mías; nuestros círculos se conforman de personas con las que compartimos opiniones y tachamos de “inmaduros”, “locos” o algo más a quienes no comparten nuestros puntos de vista, solemos no enfrentarlos (respetuosamente) ni aceptar sus aciertos.

Por último, un tercer problema es el miedo al error, no queremos equivocarnos, pues nuestro miedo a la humillación por “no saber” es demasiado grande, por eso preferimos decir lo que dijo otro, una autoridad de ser conveniente. Es terrible esta situación porque las humanidades/ciencias sociales se nutren y desarrollan precisamente en la discusión y el debate, pero tal cosa no se puede dar si no se enseña a pensar, no queremos debatir y ni estar errados. La academia en general y las licenciaturas en particular deberían ser espacios donde el errar (fuera de las evaluaciones) no fuera un castigo, sino una oportunidad de crecimiento intelectual; si Platón no hubiera errado ¿existiría Aristóteles?, ¿sin Descartes existiría Kant?, ¿y qué tal Hegel o Nietzsche?

Por supuesto que no digo que remitir a un tercero sea malo, pues es parte de nuestro desarrollo, más bien que no expresar nuestra opinión es malo y existen factores que impiden el desarrollo de un pensamiento propio y de avance a la filosofía; somos buenos comentando y malos proponiendo, eso no es errado, pero definitivamente nos estamos perdiendo de muchas ideas muy malas, aunque también muy buenas, por que quien las tiene no puede expresarlas.

Quizá todo esto esté errado, y eso no es malo.

Título del trabajo: Dime cómo son tus reglas y te diré qué tan libre es tu sistema.
Autor: Milton Valtierra.

Hay un problema interesante en los juegos de mesa con respecto a sus reglas y el hacer trampa: como tal, el instructivo de reglas de un juego como el “Uno” o el “Monopoly” nunca especifican cómo castigar cuando se detecta que un jugador hace trampa, por lo que, técnicamente hablando, está en manos de los jugadores resolver eso; legalmente dentro de las normas de estos juegos no hay forma de sancionar la trampa, siempre ha sido algo que se inventan los jugadores.

En el caso de las leyes no ocurre esto, sino que se da una situación muy interesante: las normas jurídicas que poseemos tienen contemplado que habrá gente que incumpla con estas leyes, pero no se puede tomar la opción de los juegos de mesa y dejar en manos de las personas el qué hacer cuando ven a alguien infligir la ley, por lo que el sistema le da acciones dentro de sí a los ciudadanos para enfrentar a quien ya no sigue estas mismas normas; las leyes les dan opciones a los ciudadanos para que actúen dentro de la legalidad al enfrentarse con alguien que “hace trampa”, es decir, quien deja de seguir la ley.

La cosa es que esta comparación no sólo hace evidente que las leyes tienen una estructura lógica más completa que los juegos de mesa, sino que también revela un carácter interesante dentro de cada uno: la libertad de los involucrados para “seguir jugando”, para permanecer en el sistema.

Los juegos de mesa no tienen normas para lidiar con los tramposos porque es un sistema libre, en el sentido de que los jugadores juegan el juego por voluntad, y en cuanto ellos lo deseen pueden dejar de jugar. Así, no es necesario dar una respuesta legal a los tramposos porque, por axioma, los jugadores deciden comenzar a jugar porque todos aceptan seguir las reglas, y si eso falla y una persona rompe las reglas, los otros jugadores pueden simplemente dejar de jugar con esa persona, es como un pacto social no dicho que se logra por ese elemento de elección que dan los juegos.

En cambio, con las leyes no pasa lo mismo, ya que nunca se nos da la opción de seguir o no las reglas jurídicas, simplemente se nos imponen. Por ello la ley debe darle una opción a quienes enfrentan a un “tramposo” dentro del mismo sistema, porque de lo contrario implicaría una especie de hueco para actuar como nos plazca, lo cual va en contra de la estructura de la ley que procura regular la conducta para que todos se desenvuelva de una forma específica, usualmente buscando que esa forma sea  justa.

Por las leyes quitarnos libertad, por ser una estructura que se nos impone en lugar de darnos elección, debe cubrir la posibilidad de qué hacer cuando alguien no siga la ley; en cambio, los juegos de mesa por ser libres, por pedir a los jugadores desde el comienzo su libre interés de actuar bajo las normas, pueden darse el lujo de no especificar tantas cosas.

No significa por eso que la ley es mala y los juegos buenos, sino que, desde una perspectiva lógica, dependiendo de la libertad que un sistema quiera darle a sus usuarios, tendrá necesidades diferentes: a cambio de mayor libertad, una estructura de reglas no necesita contemplar todos los casos y los jugadores pueden darse el lujo de improvisar como deseen en esas situaciones inesperadas; y a cambio de menor libertad, el sistema de normas debe considerar todos los casos y con ello asegura, o por lo menos lo intenta, que no se darán actos por parte de los jugadores muy locos, sino sólo los que se esperan, da mayor certeza de que sólo lo que se estipuló pasará, lo cual genera tranquilidad o seguridad aunque no sea tan divertido, aunque no procure que todos pasen un buen rato.

Título del trabajo: ¿Por qué decimos lo que pensaban personas muertas en lugar de decir lo que nosotros pensamos? 
Autor: Milton Valtierra.

Habla con un Verdumtra un día y, cuando me preguntó sobre qué opinaba de un tema en particular (no recuerdo el tema), le comenté lo que decía un filósofo que había leído. Ahí Verdumtra me respondió con una idea que le dijo una amistad suya que era ajena a todo esto de la filosofía: “¡Por eso no me gusta hablar con los filósofos, no me digas lo que decía tal persona, quiero que me digas qué piensas tú!”.

No es la primera vez que escuchaba eso, pero sí fue la primera vez donde se me ocurrió una respuesta. Le comenté a Verdumtra que, cuando me agrada la idea de algún filósofo, ésta se vuelve parte de mi perspectiva sobre la realidad, la considero parte de mí, y como estas propuestas las aprendí de otras personas, al momento de presentarlas como mías pues menciono la fuente de donde las saqué por respeto, en este caso el nombre del filósofo, así como cuando recitamos una idea que una amistad o familiar nos dijo; son mis perspectivas por adopción.

Sin embargo, hace poco noté que, dentro de muchos pequeños escritos que tengo por ahí por diversión de cosas de filosofía, podía sacar conceptos y consideraciones propias sobre un tema que se sentían como los de cualquier filósofo que haya leído.

La cosa es que esas ideas propias las considero ahora sólidas porque, aunque no son las mejores notas del mundo, ya son tantas que definen múltiples detalles de un panorama o contexto en particular que, para poder usar esos términos que me inventé, se necesita conocer el contexto completo de los escritos, y por ello esas ideas dejan de ser tan ambiguas como una frase bonita y adquieren un sentido más preciso.

Así, al recordar la plática con Verdumtra, si bien todavía veo a bien el citar las ideas de otros filósofos por convencerme de sus planteamientos, ahora agregaría que, para emplear propuestas nacidas de nosotros mismos, es necesario definir muchas cosas, darle un suelo firme al tema que queremos tratar para después poder proponer conceptos.

Sin embargo, al releer este trabajo después de tiempo, encontré que esta dinámica sobre la precisión de conceptos es un arma de doble filo para filosofía.

Si las personas en filosofía deben describir primero la realidad para de ahí poder trabajar con conceptos más específicos -con lo cual desarrollan ideas que parecen útiles para explicar el mundo y por eso podemos citarlas-, esa misma puede ser la razón por la que no tenemos tantas propuestas personales (diferenciándose de las opiniones que surgen por nuestro gusto), porque requerimos reflexionar sobre toda la realidad, o al menos muchas partes de ésta, lo cual lleva tiempo y bastante trabajo, y para agilizar ese proceso o como apoyo, aprendemos cómo otros detallaron al mundo antes que nosotros, usualmente quedándonos con esas descripciones porque parecen seguir siendo prácticas para varias cosas.

Justo esto último es lo que me parece más problemático, no para decir que estén mal los filósofos y filósofas del pasado, sino para remarcar que lo que encontraron no es toda la realidad posible.

El mundo que vemos es más maleable de lo que creemos, pero no lo notamos porque lo modificamos sin saberlo: cuando aprendemos una idea de alguien más y vemos que sí es verdad, de repente acomodamos otras experiencias alrededor de esta nueva consideración y le damos sentido a la existencia, petrificamos la realidad y decimos “así son las cosas”. Sin embargo, nuestras experiencias son testimonios de posibilidades únicas de qué puede pasar en la vida, así como también estamos inundados con tecnologías, ciencia, artes y hasta comidas que antes no había, entonces es imposible que esas viejas descripciones cubran perfectamente nuestro presente, y al no ignorar esos detalles terminamos con un mundo diferente al primero. Así es como cambiamos la realidad, acomodando las coherencias que aprendemos.

Platón decía que uno realmente puede filosofar hasta los 40 años, ya que con ese tiempo uno pudo aprender mucho de la existencia, pero él nunca vio el curioso problema de tener trabajos filosóficos previos que parecieran describir bien esa existencia, por lo que me agradaría agregarle esto a su idea:

La realidad es tan rica y variable como nuestras ideas así lo permitan, si bien a los cuarentas hemos aprendido mucho del mundo como para poder pensar a detalle sobre éste, si nuestro conocimiento sólo provino de otros, estaremos condenados a un mundo ya dicho y fijo por ajenos, heredaremos una existencia que a lo mejor ni nos agrada o tiene cosas que no le vemos mucho sentido; y si juntamos lo aprendido con nuestras propias ideas, incluso si no son cosas bien planteadas, entonces podremos modificar y combinar verdades para tener la realidad más cómoda para nosotros, podremos jugar a hacer el mundo que queramos, uno propio además, esa es la posibilidad que se aparece después de aprender tanto y ejercitar la habilidad para hacer reflexiones por nosotros mismos.

Título del trabajo: ¿Las Construcciones sociales tienen un valor real?
Autor: Isaac Ramos Retiz.

Antes de abordar la cuestión de este ensayo, quiero proponer un caso para ejemplificar la idea y que, si bien es interesante, sólo lo usaré para hablar sobre el valor de las “construcciones sociales”.

Recuerdo a un amigo que estudiaba en el área de enfermería, un día después de sus clases llegó emocionado a contarnos sobre el tema que vio, el cual giraba en torno sobre la supuesta existencia de la “virginidad en las mujeres”, en específico, él resaltó una crítica sobre el supuesto valor que tiene esta idea en una sociedad patriarcal. Lo que pretenderé hacer con su anécdota no es más que resaltar y analizar el valor de una “construcción social”, como lo que sucede con el caso de “la virginidad” y no el propio tema de su clase:

En la clase su profesora partía de cuestionar la idea de la virginidad, sobre si es verdadera o es un mito, a lo cual él nos explicó que, según ella, era un mito y se apoyaba en la existencia biológica del himen (membrana delgada que se encuentra en la entrada de la vagina) como argumento. Tradicionalmente se tenía la idea de que en las primeras relaciones sexuales de la mujer se “rompía” esta membrana ocasionando sangrado, y, en caso de no ser así, la persona no era virgen y perdía estatus social; pero resultó que esto no es así, sino que el himen (de tipo anular) generalmente se expande y se acopla con la actividad diaria de la mujer, por tanto, no suele haber una ruptura ni sangrado en las primeras relaciones sexuales, y no se debe a que ya se hayan tenido antes, sino a la actividad de la agente. En conclusión, su profesora afirma que la idea de la virginidad se debe a una construcción social que no tiene un valor real, o por lo menos no en el sentido biológico.

Cuando mi amigo terminó de contar su historia, le dijimos “¿Pero qué no es una construcción social?”, a lo cual le pareció bastante difícil de responder. Me aventuraré a indagar en la cuestión inspirado por la lectura del libro Construcción de la realidad social del filósofo John Searle.

La profesora de mi amigo indirectamente distinguió dos realidades, una subjetiva y otra objetiva; es decir, en la primera dependía de un observador para que el hecho existiera, y en la segunda un hecho existe independientemente del sujeto. Searle comenta algo similar, pues él dice que existen dos formas de distinguir la realidad, una es subjetiva y la otra es objetiva, pero él agrega dos características más a esta observación: la realidad es epistémicamente objetiva y subjetiva, pero aparte de eso es ontológicamente objetiva y subjetiva.

La objetividad y subjetividad epistémicas, dice Searle que son “propiedades de las aserciones”.  Una aserción es una afirmación que puede ser verdadera o falsa; por ejemplo, decir que fulanito nació en 1990 es epistémicamente objetivo porque es verdadero, pero decir que esa persona fue un gran músico es epistémicamente subjetivo, es una opinión. Por otro lado, en lo ontológico dice Searle que “son propiedades de la realidad”, algo ontológicamente objetivo sería toda la realidad física, como las montañas, el cielo, o las moléculas, estas no tienen un valor de verdad, solo existen. En cambio, algo subjetivamente ontológico sí depende de un observador, por ejemplo, los estados mentales, ciertamente existen, pero alguien los debe experimentar.

En resumen, según Searle cualquier hecho social es subjetivamente ontológico, pues es real, pero su existencia depende de un sujeto. Sin embargo, ya que esta subjetividad sigue siendo una propiedad de la realidad, se puede obtener una información epistémica de estas, no sólo subjetiva, sino también objetiva. De ahí que podamos, por ejemplo, con los estados mentales hacer estudios neuronales o biológicos de algo que es “subjetivo”.     

Por último, teniendo estas distinciones en cuenta, me es posible decir que la profesora de mi amigo distingue epistémicamente dos hechos de la virginidad; primero, le asigna un valor epistemológicamente objetivo a “la virginidad”, pues está calificando al hecho de verdadero o falso, siendo objetivamente, según la ciencia, un mito. Y segundo, como subjetivamente epistemológico ya que también se ha llegado a comprender como un hecho que cae en la opinión de las personas, donde mayormente, algunas la dotan de algo que no es.     

No obstante, tal como Searle apuntó, en una realidad social todo hecho tiene una ontología subjetiva, pues ésta existe a partir de un observador; por tanto, la existencia de cualquier fenómeno social es “real”, cobra un sentido y una dirección. Entonces nuestra tarea es identificar a las construcciones sociales como reales, aunque no tengan un genuino valor de verdad (porque no existen por si solas), aunque eso no implica un impedimento para que se tenga un conocimiento útil, noble y provechoso, por eso es tan importante separar la opinión de lo que “realmente” sucede.

En este caso considero que, si partimos de esas distinciones hechas por Searle, podemos expandir nuestro entendimiento sobre la “virginidad” como un hecho social con varias caras, y que algunas han de ser replanteadas para el progreso hacia una sociedad más sana y justa.

Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.

Para esta edición, agradecemos mucho la participación de Oscar Yhoshua Lozada Ramirez, quien apoyó en la revisión de todos los trabajos en este volumen, así como también agradecemos a los autores de los textos por darse el tiempo para redactar y enviar sus trabajos a este proyecto, ya que sus escritos son el alma de todo esto.

Igualmente nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.

Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos. De verdad muchas gracias.

Foucault, “La arqueología del saber”

G. W. F. Hegel, “Fenomenología del espíritu” (Advertencia: este libro es ridículamente complicado y confuso).

Husserl, “Ideas I”

John Searle,Construcción de la realidad social”.

José A. Díez, “Iniciación a la lógica”.

Ludwig Wittgenstein, “Investigaciones filosóficas”.

Mark Fisher, “Realismo capitalista ¿hay alternativa?”.

Walter Benjamin, “Tesis sobre la historia y otros fragmentos”, “Comer” y “Crónicas de Berlín”.

Contacto y sitios donde nos encontramos.

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