Revista de divulgación de filosofía

Edición por Milton R. Valtierra Pinedo
Prólogo
La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo de divulgación de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente, quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión que efectuamos y algunas de sus características.
En pocas palabras, queremos mostrarles que la filosofía no son frases llamativas, sino que es el proceso entero de ver un problema, pensar y luego proponer una solución que nos deje una sensación de “No lo había pensado de ese modo”.
Índice
Introducción: ¿Qué hay en estas hojas? 4
¿A hombros de gigantes?
Una navidad diferente.
La navidad más honesta es igual a la de El extraño mundo de Jack.
R.A.E. y etimologías vs las definiciones.
Las mejores discusiones son las que rebasan el espacio-tiempo.
Solo es un juego, dijo un niño y un adulto.
¿Te sabes el truco de la mano en el hombro?
Creo que nos condenamos a lastimarnos a nosotros mismos.
Me encontré con un peligro en la divulgación científica del pasado.
La navidad que sí se puede robar.
“Gravity Falls” y “La náusea” de Sartre.
¿Y si hubiera un truco para resolver lo que parece que no tiene solución?
Vistazo rápido a la burocracia.
Un intento de analogía: la episteme en Michel Foucault y las reglas de un juego de mesa.
Sobre la transparencia.
Para que salga bien, tienes que hacer exactamente lo siguiente.
Lo monstruoso femenino.
¿Quién soy yo?
El sentido de identidad de un ebrio, ¿soy o no soy yo mismo cuando tomo?
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
Contacto y sitios donde nos encontramos
¿Qué hay en estas hojas?
Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que estudiantes de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este noveno volumen.
Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.
Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.
En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado.
Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.
Título del trabajo: ¿A hombros de gigantes?
Autor: Rene Brondo.

Está vigente el ejercicio de indagar si es posible pensar en una filosofía que nazca de cero. Pareciera que la incertidumbre es la constante humana y, ante tanta desinformación, podría encontrarse la coyuntura para filosofar sin una historia precedente. Lo soñaron Descartes, Husserl y Wittgenstein. Lo intentaron otros más. Pero siempre hay algo que queda como residuos de esos “grandes pensadores” que llegaron antes de nosotros.
El problema no es solo pensar originalmente, sino tener las bases para que así sea. Porque muchas doctrinas filosóficas son producto de su tiempo, pero este último es manifestación de errores que ahora se nos muestran evidentes.
Emociona imaginar qué habría dicho Kant sin partir del racismo. O Hegel, si hubiera aprendido una lectura diferente de la Historia mundial y no solo europea-eurocéntrica. Tal vez existirían los bárbaros para Aristóteles como quienes poseen logos.
Siempre preceden los prejuicios, la enseñanza del oficialismo, los sesgos del gusto y la afección, y lo peor: así hacemos filosofía. El trabajo del pensar es producto de un cúmulo de mentiras previas. No es como que premisas falsas lleven a conclusiones contundentes.
Sin embargo, cada pensador es víctima de su tiempo, entendido como desgracia y no como pura descripción. Es que no es algo de que vanagloriarse, el tiempo que delimita mi pensar es más bien carcelario.
Por esto siempre se quiere empezar la filosofía de cero, porque se sabe que la Historia de la misma está plagada de bases ficticias. ¿A qué verdades se llegaría si no tuviéramos la carga del error implantado sistemáticamente? No lo sabemos. Probablemente, a algo muy distinto de lo que se piensa desde los hombros de gigantes.
Título del trabajo: Una navidad diferente.
Autor: Liuva Sustaita.

Mucha gente aún estaba presente en las navidades de mi infancia, cuando la familia se reunía entre pláticas y comida y preparábamos piñatas llenas de dulces que rompíamos después de pedir posada y sentir la cera caliente resbalar por los dedos.
A pesar de lo espléndido que era todo, la fiesta, la gente familiar y desconocida, la comida especial –siempre hubo pavo- las canciones, el árbol, la piñata- a pesar de todas esas cosas, recuerdo que lo más especial eran para mí, siendo niño, los regalos.
Todos dicen que esta navidad será diferente. Es cierto, pero todas lo son. La navidad es una fecha que, porque siempre la celebramos de una manera regular –las mismas tradiciones, la misma comida -, nos permite ver los cambios del mundo y dentro de nosotros mismos.
De niño me entusiasmaban las cosas físicas, los objetos. Aunque no todos. Es difícil saber qué le interesa a un niño. Ni las escenas de las pinturas ni el mármol de las estatuas en los museos me interesaban. Fue mucho tiempo después que aprendí a escuchar su voz. Pero de niño, el árbol de navidad y los regalos bajo éste tenían un poder sobre mí, mucho más fuerte que el de un abrazo o una charla.
Aquello cambió pronto, cuando paulatinamente vi la casa más vacía y comencé a extrañar el rumor y la calidez de años pasados. Las tradiciones se fueron olvidando poco a poco: un año dejamos de hacer piñatas, otro el nacimiento fue más pequeño, pedir posada fue cada vez menos escénico, y el arrullo al niño parecía que se quería terminar cuanto antes. El sueño llegaba a horas en que años pasados la plática aún seguía encendida.
La gente se casa, envejece, uno aprende a valorar otras cosas, alguien nace. En navidad estamos cerca de terminar el año. Podemos sentir que el tiempo se renueva, recordamos los años pasados, las veces pasadas. Sentimos casi físicamente eso que llaman devenir, que no es otra cosa que el cambio constante del mundo, cambio del que somos parte y no podemos escapar.
Título del trabajo: La navidad más honesta es igual a la de El extraño mundo de Jack.
Autor: Milton Valtierra.

En la película animada El extraño mundo de Jack, hay una escena donde se narra que los seres o criaturas del Halloween están interesados en festejar navidad, pero como no entienden bien esa celebración, realizan una “aterradora navidad”, digámoslo así. A pesar de este detalle, todos los habitantes realmente disfrutan de los preparativos de su nueva festividad.
En contraste con esto, en ocasiones he experimentado una navidad donde, a pesar de ser más “normal” a comparación con la de los personajes de esta película, no necesariamente todos la pasamos bien. Por ejemplo, en mi familia realizamos algunas actividades más de tipo religiosas, como lo es el arrullar al niño Dios, pero varios de mis familiares, incluyéndome, no les interesa tanto esta actividad y sólo la continuamos por costumbre.
Si bien los personajes de El extraño mundo de Jack tuercen la festividad de la navidad porque no la entendían muy bien, igualmente cumplen el objetivo central de ésta que es pasarla bien con familiares y amigos, e incluso disponen de mayor facilidad para lograrlo por, precisamente, no tener idea de cómo es una navidad normal.
Así, si nuestro objetivo es que nuestras festividades fomenten la convivencia entre los involucrados, no deberíamos tener miedo a modificar poco o mucho las celebraciones que tenemos en favor de que sean lo más agradables para los participantes, incluso si parecen ser completamente contrario a “como se suponen deben ser”. Esto no implica que sea forzoso cambiar todas las tradiciones, porque éstas tal cual como están podrían también ser del agrado de las personas, por lo que sólo hace falta, por decirlo de manera sencilla, armar nuestras festividades desde cero, con una idea general de qué hacer, pero sin saber los detalles de cómo prepararla, y ahí completar el proyecto con lo que realmente a todos nos agrade.
Inclusive esa es la forma en que podemos hacerle frente a la pérdida de identidad cultural: las festividades siempre se sentirán como una invasión si sólo las celebramos “como deben de ser”, pero si nos damos el lujo de adaptarlas a todos nosotros, es ahí donde las haremos nuestras.
Título del trabajo: R.A.E. y etimologías vs las definiciones.
Autor: Verdumtra.

En la vida, y especialmente en la vida académica, nos encontraremos frecuentemente con términos o palabras cuyo significado desconocemos; por tanto, nos vemos en la necesidad de buscar su definición, y lo que he visto que hacemos mucho es ir directamente a la R.A.E. para copiar y pegar. Esta forma de investigar definiciones, si bien es cómoda y fiable, pues al fin y al cabo la R.A.E. está ahí precisamente para dar las definiciones, es tremendamente incompleta.
Lo que ofrece esta institución es, supuestamente, lo que entiende la mayoría o el uso más general de una palabra, de ahí que muestren más de un significado, pero ¿cómo deciden eso? Supuestamente observando como hablan los hispano hablantes, sin embargo, los más cercanos a la RAE son los hispanos de Europa, son sus usos y definiciones los que más aparecerán, por ello una palabra que sólo se use en América la tendrá muy difícil para aparecer en el diccionariote. Claro que hay términos de Hispanoamérica, pero no se profundizan ni investigan tanto como con los del viejo mundo, en consecuencia no se tienen bien registrados los usos de las palabras, por ello tenemos, cuando menos, una razón para dudar de lo que la R.A.E. dice.
Otra cosa que veo se hace mucho es buscar el significado etimológico de lo buscado. Si bien podemos decir que es lo más exacto, también tiene una carencia bastante grave, y es que las interpretaciones de las palabras no son algo quieto, sino que van cambiando con el tiempo, la región y el uso. Un ejemplo es la palabra “salario”, que al inicio significaba la paga en sal que recibían los legionarios romanos, y que ahora es la remuneración económica y regular de un trabajador. Es decir, buscar la etimología de una palabra puede ser muy útil para definir, pero no es definitivo ni parecido a algo.
Nuestros términos, tanto para referirnos a cosas o nosotros mismos, pueden tener orígenes y formas diversas, pero si queremos buscar una definición para, por ejemplo, defender un punto específico, creo pertinente buscar siempre más profundo y no quedarnos solo con lo más “intuitivo”, pues nuestros lectores y público pueden tener una idea diferente de esa palabra, lo que daña nuestro discurso.
Título del trabajo: Las mejores discusiones son las que rebasan el espacio-tiempo.
Autor: Milton Valtierra.

Estoy seguro que todos hemos vivido el pensar la respuesta perfecta a una discusión que tuvimos con alguien justo después de que pasara, haciendo inútil eso porque la conversación ya se acabó. En realidad esa perspectiva es la del sentido común, la cual considera que debatir acerca de un tema es igual a una batalla de rap: ver a quién se le ocurre la mejor idea para descalificar al otro dentro de un tiempo límite. En filosofía las discusiones no son así, ya que no se considera que la verdad es privada, o sea, no se puede ganar al hablar del mundo, porque es la misma realidad para todos, lo único que hacemos es perfeccionar nuestras perspectivas con los otros.
Así, gracias a este enfoque para comprender la realidad, junto con el espíritu de investigación con el que nació la filosofía -ejemplificado con Sócrates que le preguntaba cosas a todo el mundo porque realmente tenía dudas de la realidad y esperaba que los demás le ayudaran a resolverlas-, es que las discusiones en filosofía no se pueden ni se busca ganarlas, sino sólo se pretende compartir las dudas e ideas sobre un tema en beneficio de todos. Es ahí que viene muy bien la sensación de pensar en la respuesta perfecta tiempo después, porque precisamente eso es lo que más le conviene a la discusión para desarrollarse.
Por estas cosas es que, primero, filosofía se beneficia mucho de las pláticas para compartir experiencias, ya que para una persona en aislamiento sería más problemático y tardado considerar todas las perspectivas que pueden darse al combinar las de uno mismo con los demás. Y segundo, la máxima eficiencia de las discusiones filosóficas es que se retomen las pláticas tiempo después, que no haya un límite para decir “si no se comentó en ese momento, ya no es válido”, para que así las personas puedan exponer las respuestas perfectas que se les ocurrieron para entender mejor un asunto.
Gracias a todo esto es que, a diferencia del sentido común donde es mejor no dar revancha si ganaste la batalla de rap, si uno quiere aprender o analizar un tema como lo hace filosofía, lo mejor sería fomentar el retomar pláticas viejas con amistades y compañeros.
Título del trabajo: Solo es un juego, dijo un niño y un adulto.
Autor: Milton Valtierra.

En la caricatura “K.N.D. los chicos del barrio”, hay un episodio donde uno de los personajes principales, llamado “Número Dos”, o Memo para los amigos en el doblaje latino, juega una partida de minigolf contra el campeón mundial. El juego iba muy parejo, pero en el último hoyo, si el campeón lograba terminar el obstáculo con un solo tiro él ganaría, y si cometía un error, un niño que apenas había aprendido el juego ese mismo día lo derrotaría.
Si bien en el episodio no juegan ese partido de minigolf en un torneo ni nada parecido, sino que era algo muy casual, no fue hasta una escena en particular que noté una diferencia importante entre ambos mundos:
Cuando el campeón del mundo se prepara para su tiro, se dice a sí mismo cosas como “Tú puedes hacerlo, hoyo en uno, hoyo en uno” con una obvia preocupación y nervios. En ese momento, Número Dos simplemente le dice “Oye, es sólo un juego”, a lo que el campeón le responde gritando “¡¿Sólo un juego?!”. Para Número Dos, efectivamente era sólo un juego, una partida de algo que ni siquiera le llamaba mucho la atención, pero con lo que se podía matar el tiempo. En cambio para el campeón, los años que implicó entrenar, la frustración de cada derrota, el constante miedo a fallar y perder todo por lo que había trabajado, para él no podía ser un juego todo lo que había invertido y dedicado.
Así, este es un buen ejemplo, a mi parecer, para remarcar la diferencia de hacer una actividad por gusto y profesionalmente. La primera es realmente jugar, sólo para pasar el rato y buscar divertirse; mientras que la segunda, particularmente como una carrera, implica todo lo horrendo del capitalismo, a saber, que absorbe mucho de nuestro tiempo que ya no volverá porque se vuelve tu trabajo, tu medio para pagar la comida, la renta, el internet, etc., y si uno falla, justamente por implicar esa gran inversión temporal es que se sentirá como si hubiéramos desperdiciado la vida, o al menos que sería muy difícil hacer algo nuevo.
Cuando el “mundo adulto” realiza algo, aunque sea una actividad como el minigolf, deja de ser “sólo un juego” porque se busca ser eficiente, se busca ganar, lucrar, trabajar; pero cuando el “mundo infantil” hace la misma cosa, la principal preocupación que busca tratar es sólo pasarla bien, por lo que no hay algo que perder o lamentar si uno falla porque “sólo es un juego”, jugamos otra cosa y ya está.
Título del trabajo: ¿Te sabes el truco de la mano en el hombro?
Autor: Milton Valtierra.

En la película animada “Spiderman, un nuevo universo”, hay una escena donde uno de los protagonistas, Milles Morales, conversa con su tío Aaron sobre cómo coquetear. En ese momento, el Tío Aaron le dice a Milles “¿Te sabes lo de la mano en el hombro?” y le explica cómo funciona ese truco:
“Mañana, vas con esa chica, te acercas a ella y le dices: Hola”.
Al final resulta que cuando Milles quiere intentar esto no le sale bien. Sin embargo, no sólo falla porque en parte nunca entendió que debía decirse ese “hola” con un tono de confianza y en determinadas situaciones, sino también porque es un adolescente.
Noté que este movimiento para coquetear tiene sentido para un contexto adulto porque, digámoslo así, este acto funciona como un código secreto que es muy fácil de reconocer y aplicar con sus detalles específicos cuando uno adquiere experiencia. Específicamente vivir como cualquier persona económicamente responsable de sí, que es llevando una rutina desde la cual a uno le van diciendo cómo debemos comportarnos, qué es lo que deberíamos valorar, qué es lo que uno debería saber, etc. Es por esto que a Milles no le iba a funcionar, ya que, por no hacer las cosas que hace “un adulto”, no está acostumbrado al “código” de indicar un interés romántico, ni sabe dónde se debe usar para que se entienda bien el mensaje, y lo mismo va para la chica con la que hablaba, ya que ésta también es un adolescente y tampoco reconocería el código.
Las diferentes actividades que uno hace en su día a día afectan mucho más de lo que quisiéramos cómo interpretamos la realidad, y esto aplica sobre todo en las dinámicas sociales que desarrollamos según nuestra edad. La cosa es que nos convencen tan bien de la visión sobre el mundo reflejadas por estas vivencias que, por ello, se nos olvida que sólo aplican o funcionan si interactuamos con alguien haciendo la misma rutina que nosotros.
Por ende, si bien parece que Milles es joven y por eso no sabe bien cómo coquetear, ese problema también tiene su origen en que la visión de cómo efectuar correctamente eso viene de su tío, el cual emplea un método que sólo funciona si uno acepta una específica forma de entender el mundo, la cual se aprende comportándonos según las reglas de esa perspectiva y convive con quienes también hacen lo mismo que uno.
Resulta que algunas cosas no nos salen bien o no las entendemos simplemente por no llevar la rutina que siguen otras personas.
Título del trabajo: Creo que nos condenamos a lastimarnos a nosotros mismos.
Autor: Milton Valtierra.

Al ver una lata de insecticida se me ocurrió una idea que me preocupó. Al notar la enorme descripción de letra pequeña en las instrucciones acerca de los uso y riesgos para la salud, me pregunté quién se detendría a leer todo eso, porque, primero, es mucho texto, y segundo, la letra lo hace parecer una tarea aún más molesta de lo que ya es.
Sin embargo, específicamente por ser una lata de insecticida es que para mí fue más obvio notar un problema interesante: ese producto puede dañar la vida de una persona, y las instrucciones de cómo usarlo de manera segura, que es ese texto largo y de letra pequeña, es muy probable que nadie lo lea justamente por ser molesto.
La cosa es que, legalmente, todo lo que se requiere para no lastimarnos usando ese producto está ahí, en las instrucciones impresas en la etiqueta de la lata. Entonces si alguien saliera lastimado/a por no usar correctamente el insecticida, no sería culpa de los fabricantes, sino de los usuarios.
Fueron por estas tres ideas que llegué a este punto. Resulta que por la cultura que tenemos, la que no ve como algo agradable leer y nos alienta a alejarnos lo más que podamos de esta actividad, será muy probable que la gente pase por alto las instrucciones de los productos; luego, si estos objetos pueden provocar daños a las personas si no se usan correctamente, de seguro terminará pasando justamente eso; y como los fabricantes explican cómo usar adecuadamente los productos que lanzan, no habrá otros culpables más que nosotros mismos.
En otras palabras, tenemos una cultura que nos da toda la información necesaria para que las cosas salgan bien y, a la vez, esa misma cultura nos encamina a no emplear ese recurso, a ver como algo agotador el buscar conocimiento, dejándonos en una situación extraña donde las cosas malas que ocurren se pueden evitar, poro no lo hacemos.
Tenemos un sistema mucho más agradable de lo que parece, porque por ley obligamos a que los datos importantes sean de acceso para todos, por lo que nosotros como usuarios tenemos la culpa de que vivamos esta contradicción de lastimarnos cuando tenemos todo para que no ocurra. Es por esto que convendría conservar la parte agradable de la cultura que tenemos y buscar cómo cambiar la otra, para lo cual podríamos comenzar con sí revisar lo que nos corresponde.
Ese día fue una lata de insecticida, pero esto mismo aplica al momento de aceptar los “términos y condiciones” de un programa, al firmar un contrato laboral, o al revisar las propuestas de políticos y votar por uno de ellos.
Título del trabajo: Me encontré con un peligro en la divulgación científica del pasado.
Autor: Milton Valtierra.

No hace mucho tiempo estaba viendo un episodio de la serie documental Cosmos, un viaje personal, proyecto de los ochentas que recibió grandes elogios, en el cual encontraba agradable que se describían algunas incógnitas científicas a ciertos fenómenos que actualmente ya poseen respuestas. Por ejemplo, se hablaba del misterio de cómo o por qué se extinguieron los dinosaurios, donde ahora sabemos que fue un asteroide y una enorme capa de ceniza ocasionada por éste.
Sin embargo, ya no me fue tan divertido cuando se describió en el episodio una teoría que, en contraste con lo que yo sé por otros documentales, no es ya válida, pero el problema no era ver una idea caduca, por decirlo así, sino la forma en que comentaban la idea.
La ciencia siempre ha podido presumir que habla sobre la realidad, al menos en contraste con filosofía, y justamente por esa característica es que en el viejo documental que vi describían esa teoría errada como “lo real”, la explicación correcta de cómo es el mundo; la cosa es que, cuando tienes dos documentales de diferentes épocas que dicen eso mismo, donde supongamos que no sabemos cuál es el más reciente, y sus planteamientos son diferentes, pues tenemos un problema ahí sobre cómo realmente es la realidad.
Si bien, de hecho, en ese mismo episodio se agregó al final una aclaración de diez años después donde se comenta justamente de nueva evidencia para complementar algunas teorías y cambiar otras que se dijeron, el problema que vi es que en general en estas cosas de divulgación no se hace mucho énfasis en ese elemento histórico y cambiante del trabajo científico, sino que únicamente se presentan sus ideas junto con la exaltación de “así es la realidad”.
Por esto, me parece es muy importante enfatizar en todo trabajo científico la idea “creemos es así la realidad por ahora”, cosa que hasta el momento no he visto sea tan común ya que, tal como lo comenta el filósofo de la ciencia Karl Popper con respecto a las “ciencias sociales” como el marxismo -aunque igualmente válido para la ciencia clásica-, los planteamientos científicos buscan explicar un fenómeno de la realidad, y cuando llegan sus teorías a ser en general correctas o prácticas para responder a por qué ocurre algo, ya no se preocupan por determinar si hay una mejor teoría, incluso ignorando las excepciones que la hipótesis no puede tratar porque “funciona bien lo demás”.
La ciencia no ignora que puede llegar a hacer nuevos descubrimientos que muestren que los planteamientos pasados no eran correctos, pero sí que no se remarcan en el presente esa advertencia por la trampa de confiar en que, como la consideración actual es útil para entender un fenómeno, al menos de manera general, entonces ha de ser correcta.
Título del trabajo: La navidad que sí se puede robar.
Autor: Milton R. Valtierra.

Una de mis películas favoritas de navidad es “El Grinch” (específicamente la versión del 2000), ya que desde que he podido estudiar filosofía y desarrollar una vista crítica, o de análisis más potente, pude notar en este filme algunas cosas interesantes.
De lo más resaltable es que el antagonista, que es el Grinch, ya no lo percibía como un sujeto amargado que no tenía muchas razones de serlo, sino que ahora podía dar cuenta de que era un sujeto listo (en el filme se muestra cómo era un ingeniero capaz de construir un enorme trine impulsado por cohetes a partir de basura, incluso él fabricaba sus propios tornillos para realizar el trabajo), lo que me permitía considerar que, cuando en una escena le comenta a las personas del pueblo las ridículas cosas que hacen en navidad, lo decía no sólo para molestar a los otros, sino que lo decía como una crítica real a sus actos, lo dice como algo con sentido y no sólo para molestar.
Así, siempre me gusta decir que el Grinch y la protagonista de la película que es una niña pequeña, son las personas más listas de la aldea, lo suficiente para notar las contradicciones de lo que los otros en el pueblo dicen de la navidad y lo que hacen, y que por eso a los dos les desagradaba la navidad (a la niña tal vez le causaba más dudas que odio, pero sí veía con sospecha el festejo), y que, por esto mismo, el final feliz de la película va muy bien con esta perspectiva, ya que la navidad que se festeja al final es la que realmente concuerda con lo que se dice de ésta, es un festejo que ninguno de los dos personajes principales creía que se daría, pero se dio.
Después de pensar estas ideas, desde hace tiempo siempre le digo a mis conocidos que esta película me enseñó que sí es posible robar una navidad, la navidad capitalista, que es el término que le quise dar a la navidad que en la película festejan las personas del pueblos antes del final, la que está llena de contradicciones. Esta navidad depende de objetos que regalar, ya sea comida, ropa, juguetes, joyas, etc., por lo que, si no están estos objetos, pues no habría celebración. Y en la otra navidad, la que no se puede robar, es la navidad del final, la que depende de la pura convivencia humana, una más honesta por depender sólo de sentimientos, aunque por ello mismo, más difícil de tener, y por eso mismo en la película sólo llega en el final, después de la tragedia. El milagro de la navidad de la película es que se dio la condición idónea para que todos intentaran una navidad más coherente, cuando ya no tenían más que sus existencias desnudas y todos podían verse nuevamente como iguales.
Título del trabajo: “Gravity Falls” y “La náusea” de Sartre.
Autor: Milton Valtierra.

En la serie “Gravity Falls” existe una escena en los créditos de uno de sus episodios donde dos personajes que se suponen son imaginarios aparecen en la realidad por un apocalipsis del caos.
En ese momento, uno de los personajes “imaginarios” le pregunta al otro “-¿Somos reales? ¿Esto es la realidad?-” A lo que su compañero le responde citando a Sartre, específicamente un diálogo de su texto “La náusea”: “-Jean Paul Sartre afirmó que cada cosa existente nace sin una razón, se prolonga por debilidad, y muere de casualidad.-”
Después de haber leído ese texto, me pareció un gesto divertido encontrar esta referencia en la caricatura, así como también me parece pertinente explicar esa cita.
La primera parte, que cada cosa nace sin una razón, es con respecto a que Sartre encontró que no hay ser vivo que llegue al mundo con un propósito claro y obvio sobre qué debe hacer, que simplemente aparecemos en el mundo, somos “arrojados al mundo” como lo dice Heidegger, y, particularmente para los humanos, luego pasamos buena parte de nuestra vida intentando buscarnos algún propósito.
La segunda parte, se prolonga por debilidad, se refiere a que los seres vivos no deciden acabar con sus vidas por más problemas o sufrimientos que experimenten, o al menos no los animales. De hecho, justamente son estas sensaciones negativas, como el dolor que causa el hambre, las que empujan o encaminan a los seres vivos a hacer cosas que los mantengan con vida, como es en este caso comer, porque así evitan los efectos y sensaciones de malestar; que por el miedo y dolor que nos causan estos mecanismos de supervivencia, por decirles así, es que nos mantenemos con vida, aunque tal vez no se quiera esto.
Y finalmente la última parte, muere de casualidad, es que, así como llegamos sin razón alguna al mundo, por “suerte”, así también morimos; no nos dan un destino claro y obvio de cómo y cuándo debemos morir, sino que sólo pasa, ya sea por un accidente, una suerte como una enfermedad o un catástrofe natural, a manos de otro ser vivo, por vejes, etc.
Así, la cita en general habla de cómo somos “arrojados al mundo”, aparecemos en la realidad sin un entendimiento claro de cómo es esta ni qué podemos y debemos hacer, sino que todo eso lo vamos averiguando en el camino por hacerle caso a los impulsos negativos que luego sentimos, como hambre, frío, calor, tristeza, odio, miedo, dolor físico de heridas, etc., hasta que también dejamos de vivir tal como llegamos a la vida: por suerte espontánea.
Me divierte mucho que sean, entonces, estos personajes imaginarios en la serie quienes digan eso, porque así como ellos llegaron al mundo de golpe, no saben qué hacer, pero sí procurarán evitar cosas malas hasta que dejen de existir, es como todos nosotros también experimentamos la existencia, al menos según Sartre.
Título del trabajo: ¿Y si hubiera un truco para resolver lo que parece que no tiene solución?
Autor: Milton Valtierra.

El filósofo Wittgenstein quiso exponer en su texto “Tractatus logico-philosophicus” los límites de lo que verdaderamente son cosas reales y lógicas, es decir, las cosas de las que podemos hacer descripciones, evaluaciones, comparaciones, etc., y con ello distinguir cuáles cosas sólo parecen reales, pero como tal no lo son porque no cumplen con los criterios anteriores.
Si retomamos algunas de las ideas que Wittgenstein expone en su libro para analizar cuando vivimos una situación problemática o negativa, podemos encontrar un resultado interesante. Dicho de manera muy sencilla, desde el “Tractatus”, si tenemos una situación que se puede resolver, entonces es un problema real porque se puede hacer algo al respecto, y si no es resoluble, entonces no es un problema de verdad.
A primera vista esa delimitación no parece decir mucho, pero el caso que mejor muestra las implicaciones de esta descripción es cuando un ser querido fallece. Es una vivencia que a nadie le agrada y, desde lo que dice Wittgenstein en este texto, debemos reconocer que esto no es un problema porque no se puede solucionar, aunque de todos modos queramos hacer algo para aliviar el dolor. En otras palabras, muchas situaciones que nos pesan caen en la delimitación que acabamos de hacer de “no ser un problema de verdad”, aunque para quitarnos la negativa sensación no podemos únicamente aceptarlo y ya, sino que quisiéramos hacer algo al respecto, lo cual es imposible.
A mí me gusta proponer que, como efectivamente la situación que nos molesta no podemos tratarla, lo que hacemos es buscar algo alrededor en donde ahí sí podamos resolverla. A eso lo llamo “desbordar el problema”, extender la situación que nos molesta a un contexto en donde sí podamos sentir que hemos “reparado” el asunto.
En el caso de la muerte de un ser querido, ya que no podemos revivirlo, “desbordamos el problema” para al menos darle un despido digno, que serían todos los ritos funerarios que efectuamos, como enterrar a la persona, compartir experiencias agradables al respecto, dedicar momentos de silencio, etc.
Lo que me parece más interesante de esta propuesta es que, si exaltamos más que lo que hacemos para “resolver” los problemas no son realmente respuestas correctas porque como tal no hay algo qué hacer para tratar la situación, entonces podemos ver con mayor fuerza que tenemos la libertad de proponer cualquier solución por “desborde” que nos parezca mejor para sobre llevar nuestra pena. Es decir, no estamos obligados a, por ejemplo, hacer una específica forma de ritos fúnebres si fallece un ser querido, sino que podemos proponer otras que nos sean más agradables para tratar la situación.
Así, si bien puede ser un poco desalentador dar cuenta de que hay situaciones desagradables de las que no podemos realmente hacer algo al respecto, al menos sí podemos comprender que, cualquier idea que tengamos para levantarnos el ánimo y ver con mejores ojos la situación, es una opción válida porque no hay una solución en sí; que podemos llevar nuestros problemas a terrenos donde sí podamos sentir que hacemos algo para mejor.
Si podemos reconocer dónde es y no es posible hacer algo al respecto, podemos ver cómo diseñar la forma que nos sea la más agradable para sobrellevar lo más amargo, y esa, me parece, es una esperanza bastante reconfortante.
Título del trabajo: Vistazo rápido a la burocracia.
Autor: Oscar Yhoshua Lozada Ramirez.

En la época que vivimos es común que nos veamos en la necesidad de realizar trámites y procesos burocráticos, ya sea por que solicitamos un beneficio, queremos inscribirnos a alguna institución o, y quizá el caso más común, es requisito para otro tramite; la burocracia está ahí nos guste o no. Con ello debemos advertir que nuestra experiencia con la burocracia es, cuando menos, curiosa.
Empecemos por el hecho de que, sin importar lo que se diga, los procesos son estrictos… al menos en papel porque llevado a la práctica… Quienes tienen que llevar los procesos a cabo (es decir los funcionarios), no tienen ni las ganas, ni la energía de hacer valer los requisitos a rajatabla todo el tiempo. Tampoco se trata de que ya no sigan las instrucciones, sino que la presión de la gente por terminar el proceso lo antes posible, y la perspectiva de una jornada laboral larga y pesada, provocan que los funcionarios se conformen con lo justo necesario o menos, es entonces que los requisitos mínimos que tenían carácter de ser raros se vuelven lo normal.
Todos hemos visto u oído cómo a una operadora o funcionaria le exigen el trato que recibió “un amigo”, “un tío” u otra persona, seguramente en una situación especial, como si fuera el proceso normal. Lo que nos lleva a situaciones de corrupción típicas, porque si una persona normal puede saltarse trámites y requisitos, una en posición de poder aún más.
También existe el caso contrario, en el que los procesos que son en el papel fáciles, rápidos y sencillos se vuelven extremadamente complejos habiendo al menos dos causas: mala planeación y mal de humano.
El primero ocurre cuando la propia burocracia está mal planeada y no contempla todos o la mayoría de casos, es entonces cuando llega un cliente/ciudadano a hacer un trámite, pero su caso está en una zona gris, por lo que, para evitarlo, se añade papeleo extra y así contemplar este caso, pero a este suceso especial se suma otro, y luego otro, y así y así, hasta hacernos llevar montañas de papeles con el acta de no sé qué, el permiso de este, tener vigente la cosa esa, comprobante de quién sabe qué, solicitud de algo, licencia para sepa la bola, etc…
El segundo caso pasa en dos tantos, los funcionarios y los clientes/ciudadanos. Los primeros, al pensar que ese proceso es tan fácil, lo dejan o le dan seguimiento hasta el último, la desidia ataca y aparecen las típicas “respuesta de x a y días hábiles”; los segundos, ya sea por un mal humor o porque están desencantados con el sistema y creen que es corrupto, alteran su comportamiento haciendo que éste empeore: hacen la misma pregunta insistentemente, piden ver al encargado sin justificación (o muy poca), insultan o incluso ofrecen mordidas que los empleados aceptan gustosamente, y por consecuencia el sistema se corrompe.
La burocracia es muy molesta, pero necesaria y lo descrito en párrafos anteriores nos muestra como ésta se puede complejizar sin necesariamente querer torturar a la gente. La corrupción del sistema no solo tiene origen en los grandes poderes, lo que no niega que una robusta burocracia facilita sus corruptelas, pero también hay que ser humildes y sabios para ver que los usuarios del sistema aportan sus propios nudos, y si somos conscientes de esto, podemos empezar a desenredarnos.
Título del trabajo: Un intento de analogía: la episteme en Michel Foucault y las reglas de un juego de mesa.
Autora: Ana Paula Arellano Pereti.

El presente trabajo fue parte de un ejercicio de un curso de argumentación informal, pero me pareció que la manera de explicar este concepto de la filosofía fue fácil de comprender mediante la analogía con los juegos de mesa. Por ello, quisiera presentarlo y dar una breve explicación sobre lo que es un argumento por analogía y qué se necesita para que funcione.
Un argumento por analogía es aquel que compara dos situaciones o cosas que comparten elementos esenciales, característicos de ellas, que son relevantes en ambos, en pos de inferir que, si un aspecto es válido en el objeto/situación A, lo será también en el objeto/situación B. La suposición se sostiene en que las semejanzas tienen el mismo peso en A y en B, por lo que es capaz de extrapolar las características de una a la otra. Pienso que podría ser el caso de la episteme y las reglas que se establecen en un juego de mesa.
En Las palabras y las cosas y La arqueología del saber, el filósofo Michel Foucault define la episteme como el conjunto de relaciones y reglas que unen prácticas de conocimiento (como experimentación en la ciencia, métodos científicos, teorías, etc), en una época determinada. Es decir, es lo que establece los sistemas de significado de la realidad y la relación que hay entre ellos. Esto determina las condiciones en las que es posible conocer algo, de qué manera se conoce y cómo se produce conocimiento. Delimita qué es lo que se entiende por conocimiento válido y qué cosas no son conocimiento.
En los juegos de mesa, las reglas contenidas en sus instructivos establecen lo que es posible hacer en el juego, el significado de cada pieza y las posibles relaciones entre cada una. Determina las condiciones bajo las que es posible hacer un movimiento, cómo se tiene que llevar a cabo la jugada y de qué manera se considera que se ha realizado un movimiento ganador o cuando se pierde en el juego.
Si las reglas del juego cambian, las dinámicas establecidas entre las piezas y la posibilidad de hacer ciertos movimientos, de determinar un ganador y un perdedor, también van a cambiar. La episteme es lo que funciona como las reglas de un juego cuando se habla de posibilidad y validez del conocimiento o de imposibilidad. Por lo tanto, si ésta cambia, también va a cambiar la forma de conocer la realidad y aquello que se considera conocimiento válido.
¿Por qué es relevante este concepto y por qué es útil comprenderlo mediante esta analogía? Primero, considero que el concepto es relevante porque desmantela la presunción de que todo el progreso en el conocimiento o métodos con los que cuentan las ciencias o disciplinas es lineal y acumulativo. Es decir, la episteme es una contrapropuesta a la visión de que la humanidad entera avanza de manera uniforme a la ‘verdad absoluta’, cuando en realidad se observa que el conocimiento y lo que llamamos ‘verdad’, lo que asumimos como certero, está sujeto a las condiciones de la época, junto a sus marcos de referencia. Por ejemplo, en la época actual suele tomarse como el mayor referente el conocimiento de las ciencias exactas, pero para los griegos, en la Antigüedad Clásica, sus marcos de conocimiento eran otros. Por ello, si quisiéramos juzgar el conocimiento de los griegos u otras culturas desde nuestro marco actual, no comprenderíamos a lo que apuntaban porque no haría sentido. Nos encontramos ante reglas completamente distintas.
Querer darle una lectura desde nuestras reglas sería como jugar un juego de mesa como serpientes y escaleras con las reglas de monopoly. Estaría completamente descontextualizado. Pasa algo similar cuando se intenta evaluar el conocimiento de otras épocas: se tiene que comprender desde sus reglas y posibles movimientos.
Título del trabajo: Sobre la transparencia.
Autor: Luis Ángel Olmos Delgado.

Hace algún tiempo pusieron en marcha la construcción de una barda perimetral en la escuela en la que trabajo; anteriormente sólo contábamos con una malla que nos separaba con el exterior. Las autoridades de la escuela pretendían poner ahora ladrillos y concreto para separarnos del “mundo de afuera”, lo que despertó mi sentido de sospecha y me dio material para pensar sobre la “transparencia”. Pero, antes de hablar sobre ese concepto, quisiera decir por qué el cambio de elemento de separación en la escuela me resulta curiosamente extraño. Es totalmente comprensible que en un mundo tan peligroso como el nuestro se necesitan barreras físicas para proteger lo que hay al interior de los edificios, pero, ¿qué impacto podría tener el aislamiento de un grupo de personas en un espacio donde nadie las ve y tampoco pueden ver lo que pasa afuera? ¿Sucede algo, en alguna de las dos regiones que han sido separadas por la barrera física, que no deba ser observado?
Puede ser que sólo se trate de una decisión burocrática en la que se destinaron recursos para actualizar la infraestructura de la escuela y que en realidad no tenga un impacto mayor que proveer de un área más para colocar spots publicitarios, grafitis o el próximo concierto de la ciudad. Pero es justo esa sutileza de la inocencia de la acción la que me parece sospechosa y peligrosa, porque hay acciones que parecen no incidir en el orden social, por lo minúsculas que son, pero en el panorama general de la articulación sí que tienen un impacto importante.
Siguiendo esta misma línea de las barreras físicas, podemos pensar en las vitrinas que hay en diferentes establecimientos y que nos permiten observar los objetos que están en venta, pero que nos impide que podamos tener un contacto directo con ellos. Algunas de ellas sí nos permiten abrirlas y tomar el producto, como en las panaderías o los refrigeradores de los supermercados; sin embargo, hay otras vitrinas que imposibilitan el acceso a los productos por parte de los usuarios, por ejemplo, en una joyería o en una tienda de aparatos electrónicos. Luego nos encontramos con oficinas en las que en lugar de paredes se utilizan cristales, lo que permite que las personas de afuera puedan observar lo que sucede al interior, aunque no escuchen lo que se dice; generalmente se hace en oficinas “elegantes” o dependencias del gobierno. También son notables los establecimientos de comida rápida, en donde las personas que pasan por afuera pueden observar cómo los que están adentro se alimentan, lo cual siempre me ha hecho pensar en que esta estrategia de marketing se asemeja mucho a una jaula de zoológico, en el que puedes ver a los animales “en su estado natural”.
Hace algunas décadas se popularizaron los embalajes transparentes en alimentos perecederos, esto con el fin de que el comprador pudiera verificar el buen estado del alimento antes de llevarlo a casa. Cacahuates, papas fritas, pan, bebidas, etc., son los alimentos más comunes que suelen encontrarse en esta presentación; pensaba en que seguramente fue una innovación muy útil para la industria de los alimentos, pues garantizó el buen estado de los productos que adquieres como consumidor. Aunque, hoy en día, las envolturas plásticas se han convertido en un grave problema medio ambiental.
Jugando con el significado de la palabra transparencia, también se puede pensar en la transparencia de las personas. Es decir, personas que suelen expresar lo que piensan y sienten sin la necesidad de utilizar las formas políticamente correctas o las maneras educadas para no rayar en lo incomodo o extraño. En el caso de la política, nos encontramos con personas que son entrenadas para mostrar una falsa transparencia, es decir, que parezca que son totalmente honestos y que no ocultan nada, cuando en realidad sólo muestran una apariencia, un falso rostro que sirve para ocultar lo que en realidad hay al interior.
Título del trabajo: Para que salga bien, tienes que hacer exactamente lo siguiente.
Autor: Milton Valtierra.

Cada vez que busco un tutorial sobre un tema, al estar revisando el video no puedo más que sentirme completamente asfixiado por las sugerencias que me dan. Las explicaciones en general no eran malas y las ideas que se comentaban parecían correctas, pero al escuchar por tanto tiempo seguido indicaciones como “tienes que hacer tal cosa”, “debes siempre tener cuidado con X”, “asegúrate de realizar esto de esta forma”, etc., sólo me desesperaba porque veía estaba en un contexto muy restringido donde no podía realizar cosas diferentes a las que “son correctas”. El problema mayor que encuentro es que esta clase de videos no sólo son aquellos que buscamos cuando tenemos un problema o duda, sino que los hay para cualquier cosa y en cantidades ridículas.
Si bien la intención de esos videos no es desarrollar una ideología para convencer a las personas de una única verdad, el problema inherente que tiene la objetividad, la delimitación precisa y clara de “lo correcto” e “incorrecto”, es que no sólo nos dice qué nos conviene hacer para un específico propósito, sino que también nos indica de manera indirecta que no debemos hacer lo demás; la objetividad para dar cuenta de “lo bueno” realmente restringe las vivencias de las personas, su libertad para actuar.
Donde me parece es más curioso esto es al buscar tutoriales sobre videojuegos, ya que específicamente estos productos se diseñaron con fines de entretenimiento, para pasarla bien sin preocuparnos por lo demás, pero con esos videos ahora se tiene una perspectiva donde se nos dice que “la única forma correcta y válida de desarrollarte en esta actividad es si realizas lo siguiente, y si no lo haces así no estás jugando bien”.
Ahora, el choque que remarco con el ejemplo anterior es la problemática entre el desarrollo casual o por diversión de una actividad, contra la forma eficiente. Esta diferencia es la misma que se presenta entre quienes juegan futbol por gusto, por ejemplo, y quienes se desarrollan profesionalmente en esta actividad. Si bien en sí mismo no hay razón para desprestigiar a quienes quieran ser eficientes en las actividades que realicen, sí me parece es un problema que ese objetivo lleva consigo el simbolismo de ser lo más práctico y útil, ocasionando que no se exalte de la misma forma la idea de intentar las cosas a nuestro modo y ritmo, de experimentar con métodos no tan eficientes, y por ello se provoca una perspectiva de miedo a fallar o hacer cosas incorrectas, sobre todo con la enorme cantidad de información que tenemos para maximizar esto mismo.
En otras palabras, el peligro y fastidio que veo cuando fomentamos mucho lo objetivo, “lo que debemos hacer”, es desvalorar mucho la experimentación y el realizar actividades por nosotros mismos, lo que me parece muy alarmante porque son por estas acciones que uno puede buscar aprender cosas, y a la vez con ello se exalta una cultura que ve a mal todo lo que se salga de “lo correcto”.
Mientras no rescatemos y demos espacio a hacer las cosas de manera ineficiente, a no sentirnos ni hacer sentir a los demás culpables por fallar o ser malos en una actividad, nos estaremos empujando cada vez más a una vida asfixiante, donde sólo puedes hacer una determinada y específica serie de acciones, y si no puedes o no las cumples, sentirás culpa y vergüenza por parte de los demás y de ti mismo/a. Y, como añadido, este estilo de vida será más difícil de retirar porque nos prohibiremos experimentar, que es nuestro único método para buscar alternativas a nuestros problemas; nos condenaremos a un mundo donde desde nacimiento podemos no tener espacio en la existencia por no poder o no querer actuar de una determinada forma, ignorando que podemos aprender o crear algo diferente, inclusive mejorarlo para todos.
No está mal emplear lo objetivo, sólo es muy peligroso y opresivo si tampoco apreciamos lo subjetivo.
Título del trabajo: Lo monstruoso femenino.
Autora: Ana Paula Arellano Pereti.

He observado en redes sociales un creciente interés por protagonistas/antagonistas que a raíz de la violencia se “corrompen” y terminan ejecutando actos despiadados. Figuras como Dani de Midsommar (2019), Jennifer de Jennifer’s Body (2009), The Bride de Kill Bill (2003-2004), y Carrie de Carrie (1976) pasan de ser un blanco de violencia a transformarse en seres “monstruosos”. Entiendo esta transformación monstruosa de la forma más literal, como convertirse en un ente sobrenatural (como el caso de Jennifer Check o Carrie) o simplemente tender a los actos violentos que te hacen caer bajo la categoría de “monstruo”, de algo que es inhumano (como el asesinato o la tortura). He considerado que el atractivo de estas figuras es que reflejan una parte de la realidad de las mujeres. Para explicar esto, quiero partir de las características que comparten todas las protagonistas con este perfil.
Si se pone entre paréntesis la historia y condiciones particulares de las protagonistas, quedan mujeres en situaciones donde son vulnerables. Por ejemplo, Dani sufría de depresión y no tenía a nadie que la apoyara, The Bride estaba a punto de casarse y fue traicionada, Jennifer era una adolescente en un bar con tipos mayores que querían aprovecharse de ella.
Esto lleva al siguiente punto: todas ellas son objeto de violencia de género. De forma general, este tipo de violencia física, psicológica o sexual es ejercida contra personas con base en su género y/o sexo, por características específicas que le son atribuídas a ese sector. En los casos de las películas, la feminidad y la vulnerabilidad se ven entrelazadas. Las protagonistas son cosificadas y violentadas a raíz de esos elementos.
Cuando una persona es violentada por algo imposible de cambiar, como su cuerpo, ya no es cuestión de no estar a salvo en un lugar específico, sino que ya no se está a salvo existiendo a causa de las categorías que recaen sobre su físico. Se vuelve algo de lo que es imposible escapar.
Es ahí en donde surge la monstruosidad: si ya no se está a salvo en el propio cuerpo, es necesario hacerlo imposible de cosificar. Por un lado, tender a la violencia es una opción para que nadie pueda aprovecharse de nuevo, pero también lo es la fealdad de lo monstruoso, puesto que de esa forma la mujer deja de ser objeto de deseo.
En un mundo que despoja a las personas de seguridad hasta en lugares que se supone son seguros (como el hogar o instituciones que se dedican al bienestar de las personas, como hospitales en el caso de The Bride), la monstruosidad ofrece una forma de seguir existiendo como una mujer, pero sin ser blanco de violencia porque se ha salido del esquema de feminidad que es susceptible de cosificación y agresión. Aquí aparece lo monstruoso femenino.
La violencia de género es una realidad para todxs. En el caso de las mujeres, situaciones cotidianas como el acoso callejero, la violencia doméstica, económica o manipulación emocional por ser vistas como “vulnerables” o incompetentes por el simple hecho de ser mujer, son situaciones compartidas con las protagonistas mencionadas. En las películas referidas, incluso con consecuencias terribles, las protagonistas son capaces de escapar de esa violencia y reafirmar su autonomía aunque sea de una forma violenta, por lo que considero que el atractivo yace en ese anhelo de ser mujer pero no ser un blanco de violencia por ello. Además, puede que esto refleje el anhelo de justicia ante ese tipo de situaciones diarias como el acoso en las calles, aunque se plantee en la ficción, de manera exagerada y con esta imagen de monstruosidad.
Considero que una parte de la fascinación por estos personajes femeninos monstruosos podría ser una respuesta a las condiciones de violencia y cosificación que sufren las personas, en este caso, las mujeres. Al transformarse en monstruos, se desafían los elementos relacionados con la feminidad como el “ser vulnerable” y reclaman una forma de poder que no excluye lo femenino, ni tiene que ver con el dejar de ser mujer.
Título del trabajo: ¿Quién soy yo?
Autor: Abraham Yebra Pimentel.

Hablemos de la identidad, de cómo hemos construido una idea del yo a través de las historias que nos contamos, de las cosas que hacemos y el legado que dejamos. ¿Cómo saber si nosotros mismos somos aquello que decimos ser? Si no me preguntan quién soy, lo sé. Si me preguntan quién soy, no lo sé. A través de siglos el ser humano ha buscado un sentido para su propia existencia, un “algo” que nos pueda diferenciar del resto de cosas en el universo. Lo hemos encontrado en esta identidad tan específica que surge de nuestro entendimiento de lo que somos. Pero, ¿qué puede quedar cuando quitamos todo aquello que creemos que somos? Si quitas una parte de tu mano… Sigues siendo tú mismo… Si cambias la ropa que usas, sigues siendo tú mismo. Pero, ¿qué tal si quitas esos gustos que te hacen diferente al resto? ¿Aún hay una parte de ti ahí dentro? Si quitamos las relaciones que tienes con los demás y si quitas cada conversación que has tenido, ¿qué queda?
Cuerpo
¿Somos nuestros pensamientos? ¿Nuestras ideas? ¿Nuestros gustos? Si perdemos todo eso… ¿Qué queda? Nuestro cuerpo y consciencia. El cuerpo como aquello que nos posibilita seguir con las fuerzas vitales para seguir existiendo, recibe estímulos y despierta en nosotros una conciencia de que ha pasado algo. Cuerpo es aquello que, físicamente, nos diferencia del resto de cosas. Espacio físico que solamente puedes ocupar tú y nadie más.
Conciencia
Kant decía que lo más fundamental que existe es el principio de apercepción, conciencia para los amigos. Es este aspecto de nuestro ser el que permite tener una interacción con la realidad, sin ella no podríamos tener noción alguna de que algo existe y, por lo tanto, ni siquiera tendríamos noticias de una autoconciencia, es decir, no podríamos percibirnos a nosotros mismos. La conciencia es un fenómeno interesante, aún no sabemos cómo ni por qué surge, más allá de ser un producto emergente de la interacción que hay entre todas las neuronas de nuestro cuerpo.
Mente
Daniel Siegel en su libro “Viaje al centro de la mente” describe a la conciencia como un flujo de energía que se mueve tanto hacia nuestro interior como hacia nuestro exterior. De esta manera, la mente no es solamente aquello que surge en nuestro cerebro y sus interacciones, sino que también se da a través de nosotros y entre nosotros. Al interactuar con los demás existe, en la relación entre personas, aquello que llamamos mente.
El “yo”
El “yo” se puede considerar como aquella percepción de nosotros mismos, aquél ego que tenemos al separar el resto de cosas de nosotros mismos. Es una separación entre lo que somos y lo que es el mundo. Para Freud existen varios alcances de contacto con la realidad que permiten una experiencia única de la misma: El yo, quien maneja dos aspectos de la totalidad de la persona y que regula el estado de ambos; el superyó es quien atiende al deber moral y el comportamiento con este mismo carácter; y el ello, quien se encarga de dar cuenta de las pulsiones más primitivas de nuestra persona, como las emociones y sentimientos. Todos estos alcances de contacto con la realidad se mueven de igual manera en tres niveles. El yo pertenece al consciente y al preconsciente, el superyó alcanza a estar un poco en el consciente pero la mayor parte está en el subconsciente e inconsciente, y el ello está casi por completo en el inconsciente.
Conclusión
Existen muchas teorías que pueden dar cuenta del amplio espectro del ser humano para explicar su funcionamiento psíquico y su individualidad, algunos tomando como base la mente, el Yo, el alma o incluso el cuerpo. Como ya se observó, en filosofía hay distintas maneras de explorar esta problemática; desde la ontología, que explora las características de la realidad; hasta el existencialismo, que otorga un sentido de “ser” o “estar” en el mundo. En todas ellas se encuentra un valor de gran relevancia: ¿qué es lo que somos? Normalmente la respuesta depende de definiciones, pero tal vez ésta no sea la única forma de poder acceder a lo que entendemos por “yo”. Ya veremos en el futuro si definir es la forma correcta de acercarse a la verdad o es mera formalidad.
Título del trabajo: El sentido de identidad de un ebrio, ¿soy o no soy yo mismo cuando tomo?
Autores: Milton Valtierra y Ana Paula Arellano Pereti.

Mientras conversábamos de temas aleatorios, salió la duda de si la personalidad que uno manifiesta al beber alcohol se puede considerar parte de la identidad de alguien, como en la clásica idea de que el alcohol hace salir las verdades de uno mismo, o sería algo inconsistente y en realidad deberíamos distinguir entre el comportamiento de “yo ebrio” y “yo sobrio”, como si fueran dos personas diferentes, aunque usen el mismo cuerpo.
Ahí salió la necesidad de definir cómo se determina nuestra identidad, a lo cual establecimos que nosotros somos un conjunto de ideas, incluyendo nuestros recuerdos, que constantemente están analizando el presente para determinar cómo estamos, desde nuestro estado físico y emocional, hasta nuestro contexto actual. Este análisis del presente desde nuestras experiencias da como resultado el cómo decidimos reaccionar o actuar en el mundo, lo que a su vez genera nuevos recuerdos e implica un nuevo análisis del presente. En otras palabras, es un proceso al infinito.
Siguiendo la idea anterior, nunca somos la misma persona en estricto sentido a causa de cambios en nuestro estado mental y físico. Sin embargo, para el caso presente, no nos enfocamos en cambios psíquicos o físicos, sino en la identidad como el conjunto de recuerdos que solemos tener presente para evaluar el entorno. Si consideramos que esa noción de identidad se ve alterada en el estado de ebriedad, entonces ya no somos nosotros: hay distinción entre ‘yo sobrio’ y ‘yo ebrio’.
Después de definir esto, comentamos al principio de la plática que la ebriedad parecería hacer que una persona deje de preocuparse o tomar en cuenta ciertas cuestiones que cotidianamente cuida. Por ejemplo, el miedo a cómo reaccionarán las personas ante acciones o comentarios. En este punto parecería que seguimos siendo nosotros mismos al beber alcohol porque éste sólo nos hace ignorar algunas cosas, pero no modifica más esencialmente las otras ideas que tomamos en cuenta, es decir, las alteraciones no alcanzan cosas importantes.
Sin embargo, cuando se dan los efectos como dolor de cabeza o cansancio, ahí parecería que afecta a nuestra personalidad cotidiana por posicionarnos en un estado que no es habitual. Un caso similar es cuando uno tiene hambre y esto provoca que nuestro humor se altere, ocasionando que inclusive seamos más agresivos de lo normal. Si bien podríamos decir que en este estado uno no se comporta como normalmente lo haría, sigue siendo salvable decir que uno no pierde su personalidad, sólo es como si tuviéramos un malestar inesperado.
Después comentamos que, mientras más elementos se pierden en nuestra consciencia, como el miedo al qué dirán, y nuevos estados no comunes se presentan, como el dolor de cabeza o estar soñolientos, más nos estamos acercando a una configuración muy diferente de nosotros.
Ejemplo de esto es que, si a una persona le preocupa mucho qué opinan los demás de ella, pero al beber alcohol siente menos estrés por el “qué dirán”, provocando que por ello pueda ser más valiente o audaz, entonces no es la misma persona porque su normalidad es actuar tomando en cuenta ese miedo. En otras palabras, la identidad la trabajamos como el conjunto de todas las ideas que estamos tomando en cuenta para decidir cómo actuar, y si al beber alcohol hay una o varias ideas menos en nuestra consideración, entonces ya no somos nosotros.
De aquí consideramos un efecto inesperado, y es que, al estar ebrios no sólo se considerarían menos cosas para evaluar nuestro presente, sino que por esa falta de referencia a nuestra serie de experiencias o recuerdos, se vinculan las ideas de manera diferente. Ante el uso distinto de nuestras memorias, es posible llegar a diferentes conclusiones de lo que está bien o lo que está mal cuando nos encontramos ebrios/as.
Fue así que describimos la personalidad ebria como si una persona diferente a nosotros habitara nuestro cuerpo un rato y jugara como puede con nuestras memorias y sentidos para existir por unos momentos. O como si un extraño entrara a nuestra casa y organizara las cosas como le da la gana porque le parece divertido. Como no es su casa, romper un vaso y dejarlo tirado en el suelo no es un gran problema; en contraste, decir un secreto o mentarle la madre a alguien no representa un problema.
Como conclusión encontramos que la identidad se da en relación a las cosas que pensamos para evaluar el presente. Si bien técnicamente nunca somos la misma persona que antes, eso no niega que, cuando estamos ebrios, no podríamos decir que mantenemos nuestra identidad, ya que las ideas que podemos considerar disminuyen y, por ende, la forma en que evaluamos el presente cambia. Y lo mismo aplicaría para el caso de perder la memoria o que nuestra capacidad mental aumente o disminuya.
Quienes somos está basado tanto en nuestros recuerdos, como en la forma en que combinamos esos recuerdos. Por eso, alguien que juegue con nuestra memoria y las vincule de manera diferente, nunca podrá ser igual a nosotros. Con cada trago que damos a la botella, más y más nos volvemos una persona diferente que sólo parece ser nosotros porque usa nuestros recuerdos.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
En esta ocasión, queremos reconocer al consejo editorial que ayudó a la realización de esta edición, ya sea desde la edición y evaluación crítica de los trabajos, proponiendo sus propias ideas, hasta la creación de diferente contenido a partir de este material. Para esta edición, el consejo fue conformado por las siguientes personas, presentadas en orden alfabético: Ana Paula Arellano Pereti, Carmen Iveth Contreras Jiménez, Estephany Garcia Magaña, Marco Javier Canché Renjón, Milton Roberto Valtierra Pinedo, Oscar Yhoshua Lozada Ramirez, y Victoria Valdez Barcenas.
A su vez, agradecemos mucho a los autores de los textos por darse el tiempo para redactar y enviar sus trabajos a este proyecto, ya que sus escritos son el alma de todo esto.
Igualmente nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.
Foucault, “Las palabras y las cosas” y “La arqueología del saber”
G. W. F. Hegel, “Fenomenología del espíritu”
Heidegger, “Ser y tiempo”.
Husserl, “Las conferencias de París: Introducción a la fenomenología trascendental”
Kant, “Crítica de la razón pura”
Karl Popper, “Conjeturas y refutaciones, el desarrollo del conocimiento científico”.
Ludwig Wittgenstein, “Tractatus logico-philosophicus” e “Investigaciones filosóficas”.
Marx, “El capital”
Platón, “El banquete”
Sánchez Mejía, Cristina. “Espacios monstruosos: reconfiguraciones del terror en dos cuentos de María Fernanda Ampuero.“
Sartre, “La náusea” y “El existencialismo es un humanismo”.
Walter Benjamin, “Tesis sobre la historia y otros fragmentos”, “Comer” y “Crónicas de Berlín”.
Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos.
De verdad muchas gracias.
Contacto y sitios donde nos encontramos.
