Revista de difusión de la filosofía (2/12/2020)
Prólogo
La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo
de difusión de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de
la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se
pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es
la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente,
quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje
relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para
las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión
que efectuamos y algunas de sus características.
En pocas palabras, queremos mostrarles que la filosofía no son frases
llamativas, sino que es el proceso entero de ver un problema, pensar y luego
proponer una solución que nos deje una sensación de “No lo había pensado de ese
modo”.
Índice.
Introducción: ¿Qué hay en estas hojas?
Complejo de Harry Potter.
La relación mascota-objeto de los padres a sus hijos.
¿Personas o personajes?
El porqué te gusta lo que te gusta.
Sobre cómo cambiar el mundo y por qué no lo hacemos.
¿Valió la pena el sacrificio?
Los puercos, las vacas y los pollos, ¡qué se pudran!, ¡y los esclavos también!
¿Dolor es sinónimo de felicidad?
Cisne negro.
Reflexión basada en nuestra época actual.
Tecnología vs humano.
La publicidad.
Privacidad no privada.
Falso ídolo.
Algo así como un sentido de pertenencia.
¿Qué veo cuando veo deporte?
Simbiosis.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
¿Qué hay en estas hojas?
Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que los estudiantes de la licenciatura de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este primer volumen.
Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.
Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.
En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado. Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.
Título del trabajo: Complejo de Harry Potter.
Autor: Milton R. Valtierra

Un día estaba viendo la tele cuando, por alguno de los canales donde pasan películas, encontré que estaban transmitiendo una de la saga de Harry Potter, y, mientras la veía, me encontré con un problema interesante: durante las primeras cinco películas Harry siempre habla bien de sus padres, los considera muy buenas y amables personas, a pesar de que nunca los conoció; sin embargo, en la quinta película descubre, por medio de las memorias de uno de sus profesores, que su padre era un abusón en la escuela, es decir, no era una buena persona.
Así, se me ocurrió que, como tal, Harry juzgaba a sus padres por las creencias culturales de cómo deberían ser los padres (que deben de ser buenos, amables, que hacen las cosas que hacen para protegernos, etc.), pero esto evitaba que Harry realmente juzgara a sus padres por como realmente eran, donde no necesariamente actuaban como la creencia popular indica que deberían actuar; por esto se me ocurrió llamar “Complejo de Harry Potter” a la costumbre de ver a nuestros padres bajo las creencias populares en lugar de intentar verlos honestamente, lo que usualmente nos lleva a sobrevalorar lo que hacen, aun cuando eso que hagan pueda ser algo exagerado o negativo; o a desvalorizar algo que hagan porque no cumple con la expectativa social, aunque hayan puesto su mayor esfuerzo y empeño en ello.
Título del trabajo: La relación mascota-objeto de los padres a sus hijos.
Autor: Milton R. Valtierra

Una vez tuve un sueño en donde aparentemente tenía dos hijos y lidiaba con todos los miedos de un padre, como intentar educarlos, ver que no se metieran en problemas, cosas así. Luego, al despertarme, me encontré con cómo era la perspectiva de los progenitores con respecto a sus crías. Lo primero es que, dentro de la obvia responsabilidad de cuidar al infante, también se lleva el peso de que, cualquier cosa que haga el niño, uno como tutor lo afronta como problema suyo, por lo que si mi hijo o hija rompe algo, yo como padre me encuentro obligado a pagarlo; y lo segundo es que también se viene incluido una extraña sensación de posesión, ya que uno literalmente puede decir que creó a sus descendientes, pero también, en el caso en que éstos hagan algo positivo, uno como padre puede sentirse directamente poseedor de tal logro porque, de alguna forma, “son de uno”, tienen una relación directa con esta persona.
Así, al combinar ambas características, se me ocurría que los padres ven a sus hijos como si fueran unas mascotas-objetos: los ven como mascotas porque los reconocen como seres independientes a ellos, aunque sufren la responsabilidad que acarree cualquier acto que hagan; y los ven como objetos porque también llevan esa sensación de posesión o propiedad que, uno, les permite vincularse directamente con ellos, y dos, hace sentir que sólo se dio porque uno como progenitor intervino directamente tanto en su creación como en su desarrollo.
Título del trabajo: ¿Personas o personajes?
Autor: Lorena Alcocer

¿Qué tal si tuviéramos la oportunidad de escoger nuestro avatar en el juego de la vida? Así como lo hacemos en los videojuegos o cuando éramos más niños con nuestras muñecas y muñecos, tendríamos la oportunidad de modificar el modo en que aparecemos para los demás. Si yo pudiera cambiar mis atuendos, mi color de piel o la forma de mi nariz, tendría total control de lo que los otros piensan de mí. El disfraz correcto produciría la reacción correcta. Lo que los demás esperarían de mí sería lo que yo quiero que esperen. Y, ¿qué tal si además pudiera elegir los accesorios que acompañan a mi muñeca? Si mi avatar fuera esbelto y musculoso quizá los otros jugadores esperarían de mi disciplina, fuerza, agilidad. Si mi avatar tuviera la piel cubierta por dibujos o tuviera el cabello teñido de colores esperarían rudeza, libertad de pensamiento, ausencia de complejos, rebeldía. Si sus ropas fueran oscuras quizá esperarían sencillez, misterio o elegancia. Si tuviera un automóvil lujoso y de alta velocidad quizá esperarían poder, confianza, valentía.
Si tan solo tuviésemos tal libertad quizá finalmente nuestras posibilidades de juego estarían determinadas por nosotros mismos. Pero ¿será que podemos ser tan solo avatares? Y, ¿podrán las relaciones entre nosotros ser tan solo un juego? Quizá solemos ignorar el verdadero peso que damos al modo en que nos vemos. Si modificamos nuestra apariencia para causar una impresión específica de nosotros en los demás o, viceversa, si basamos nuestra impresión de los demás en el modo en que se ven, te invito a pensar: ¿qué es lo que estamos haciendo de las relaciones humanas?
Título del trabajo: El porqué te gusta lo que te gusta.
Autor: Milton R. Valtierra

Un día me preguntaba por qué me agrada el color rojo, y suponía que era porque conocí éste alrededor de otro objeto que me causaba agrado (como puede ser que el que hubiese tenido una pijama roja o algo parecido), por lo que decidí imaginar cómo elegir un color favorito quitando los objetos donde puedan aparecer, dejándolos en sí, para que realmente pueda decir que me agrada tal opción por sí misma y no porque la vi sobre alguna cosas que me gusta. Y cuando fui mentalmente quitando esos elementos para considerar los “colores puros”, me di cuenta de que así no tenía algo que hiciera que eligiera uno sobre otro, que en realidad son las consideraciones culturales que tengo sobre los colores los que hace que me agraden más unos sobre otros (por ejemplo, el negro está relacionado con cosas deprimentes y la muerte, mientras que el amarillo está relacionado con la alegría y el oro).
Así, me di cuenta de que en realidad no elegimos las cosas que nos gustan, sino que ese gusto se da solito en nuestra experiencia social; mientras aprendemos el nombre de las cosas y sus significados, también vamos estableciendo qué cosas nos gustan. Nadie se levanta un día en la mañana y decide que le gustará el melón, el jazz y el color naranja; sino que ese gusto se va formando solo por medio de las experiencias que tenemos, de lo que conocemos, la forma en que conocimos las cosas y las expectativas que tenemos sobre las cosas que no conocemos. Y esto también incluye, por ejemplo, el amor, ya que éste se da en relación al gusto que tenemos, y como no decidimos nuestro gusto, tampoco decidimos de quién nos enamoramos.
Título del trabajo: Sobre cómo cambiar el mundo y por qué no lo hacemos.
Autor: Milton R. Valtierra

Un día me pregunté qué hace falta para dejar en bancarrota a una empresa, y me di cuenta de que lo único que hay que hacer es convencer a un montón de gente de que no compre el producto de esa empresa por una semana, por ejemplo, y con sólo eso la empresa sufrirá una enorme cantidad de pérdidas. De hecho, al continuar con esta idea me di cuenta de que muchos de los problemas sociales se pueden resolver de la misma manera: para hacer que un país entre en crisis sólo hace falta convencer a muchas personas para que no trabajen ni gasten dinero durante una semana para que el país llegue a una crisis económica; para quitarle el poder a un presidente sólo hace falta convencer a muchas personas de que no le hagan caso a este individuo y, con sólo eso, ese presidente se vuelve un vagabundo; para hacer que una persona rica se vuelva pobre sólo hace falta convencer a un montón de personas para que no le vendan producto a este individuo y en cuestión de unas horas esta persona rica comenzará a sufrir hambre y sed porque no puede conseguir alimentos ni agua; y así muchos problemas más.
El único inconveniente es que la gente tiene muchos problemas para organizarse, específicamente pensé en la dificultad de que no confían en que las otras personas harán su parte y entonces es ahí donde abandonan el plan, y junto con ellos el resto de las personas, o por lo menos una gran parte. Esa, junto con el simple hecho de no hacer lo que se acordó, me parecieron las principales dificultades por la que no podemos desarrollar un mundo más agradable, que requiere el compromiso de las personas de seguir un plan, y que no aceptan tal compromiso por desconfianza, por miedo, por parecerles un plan ridículo, por el hecho de que el plan afecta a algún familiar o algún amigo, etc.; la principal dificultad para cambiar el mundo es poder organizarnos, que es una actividad bastante complicada.
Título del trabajo: ¿Valió la pena el sacrificio?
Autor: Lorena Alcocer

¡Qué gran privilegio es vivir en esta época! Nos encontramos en la cúspide del desarrollo humano. Nuestro conocimiento de la naturaleza es tan avanzado que somos capaces de hacer del mundo el lugar que queramos. Gracias al desarrollo científico somos individuos cada vez más autónomos.
Quizá porque tengo que cumplir con mi jornada laboral no tenga tiempo de dar un paseo por la montaña o quizá porque en mi ciudad los secuestros, los asaltos y otras formas de violencia son cotidianas no puedo caminar tranquilamente por las calles pero: ¿quién necesita de lo anterior cuando nuestros dispositivos electrónicos nos permiten mirar fotos y videos de los lugares más bellos y remotos del mundo?
Quizá el no poder ser lo que la sociedad espera de mí; atractivo, inteligente, exitoso, competitivo, disciplinado, me ha hecho profundamente inseguro y no sea capaz de entablar una conversación sin sentirme aterrado, presionado o nervioso pero: ¿quién necesita de lo anterior cuando la tecnología, a través de Facebook o Instagram, nos permite ahora aparentar ser la persona que queramos e interactuar con personas de todas partes del mundo sin la necesidad de revelar nuestra verdadera identidad?
Quizá no tenga muchos amigos y quizá tenga que resignarme algún día a casarme con alguien, sólo para evitar ser juzgado por la sociedad como inadaptado, insociable, egoísta o fracasado. Quizá no pueda comprar una relación honesta y profunda con otras personas así como compro la ropa que más me gusta, los aparatos electrónicos más novedosos y la comida más deliciosa. Menos mal que poder comprar todo esto último es más que suficiente. Quizá hayamos perdido muchas cosas para llegar aquí, pero: ¡vaya qué beneficios hemos obtenido a cambio!
Título del trabajo: Los puercos, las vacas y los pollos, ¡qué se pudran!, ¡y los esclavos también!
Autor: Lorena Alcocer

Hoy en día encontrar los objetos que pueden satisfacer nuestras necesidades y gustos no resulta una tarea difícil. El mercado, con su diversidad de tiendas y productos, es capaz de facilitarnos mucho la vida, pareciera ser que lo único que la existencia exige de nosotros es adquirir el dinero y/o crédito suficiente para mantenernos al tanto de los más últimos y maravillosos productos y servicios. ¡Qué sencillo es ahora vivir! ¡Ganar, gastar y disfrutar! Pareciera ser que, al elegir de qué modo quiero adquirir mi dinero y en qué quiero gastarlo, estoy ejerciendo mi más plena libertad. Mientras no tenga un trabajo ilegal, compre productos ilegales y siempre y cuando pague el precio justo que el vendedor exige, estoy siendo un buen consumidor. Si tengo los medios para pagarlo, puedo, por ejemplo, comprar toda la ropa y consumir todos los alimentos que yo desee, al hacer tal cosa, estoy ejerciendo mi derecho.
Ahora bien, ¿qué pasaría si descubriéramos que la compra y venta de nuestros productos favoritos no es un acto tan sencillo e inofensivo como aparece? Desde nuestra perspectiva como compradores todo resulta muy simple: acabo de adquirir dinero, tengo hambre, me gusta la carne, el supermercado la vende y yo la compro. Tengo ahorros, me gusta comprar ropa, en algunas tiendas puedo adquirir mucha por muy bajos precios, me compro, entonces, 5 blusas y dos pantalones. Pocas veces nos preguntamos cosas como: ¿cómo llegó ese pedazo de carne al supermercado?, ¿cuántas vacas necesitan ser asesinadas para llenar todas las repisas de la zona de carnes de todos los supermercados de mi ciudad o del mundo?, ¿cómo viven esas vacas? o ¿cómo es que la ropa de Forever 21 es tan barata?, ¿quienes fabricaron todas estas prendas? Y, si son tan económicas, ¿cuánto les pagan a estas personas por fabricarlas?
En orden a satisfacer los gustos alimenticios de nosotros los consumidores, billones de vacas, cerdos y pollos son encerrados en jaulas tan diminutas que muchas veces no son capaces de girar sus propios cuerpos o de recostarse, en su corta vida jamás llegan a dar unos cuantos pasos o ver la luz del sol. Vacas y pollos son forzados mediante técnicas crueles a dar más leche y huevos de los que naturalmente producirían. Para disfrutar de unos cuantos bocados deliciosos privamos a millones de animales de una vida digna. Exigimos cariño y cuidado para perros, gatos y otros animales domésticos pero le negamos tal derecho a cerdos, vacas, pollos, ovejas, etcétera. En orden a satisfacer nuestro gusto por la ropa, millones de personas, principalmente mujeres y niñas de países en situaciones desfavorables, se ven obligadas a trabajar en espacios de poca ventilación, respirando potentes tintes industriales, jornadas laborales muy largas y muy mal pagadas para empresas multimillonarias. Tiendas como Zara, Bershka y Pull and Bear, pertenecientes al mismo grupo empresarial, Inditex, son responsables de la esclavitud en una diversidad de países vulnerables como India, Bangladesh, Camboya, Vietnam e incluso España misma, su país de origen. Si fuéramos conscientes o nos interesáramos cada vez más por el origen de los productos que nos ofrece el mercado y que tanto placer nos producen, ¿podríamos seguir exigiendo nuestro derecho como compradores del mismo modo? Si tengo el dinero y tengo las ganas, ¿tengo más derecho que los animales de granja y los trabajadores del tercer mundo? ¿Degustar un rico filete y lucir a la moda son causas que justifican una vida de sufrimiento y la muerte de otros? ¿Puedo orgullosamente exigir mi libertad para comprar lo que se me antoje al mismo tiempo que le niego la libertad de vivir a otros?
Título del trabajo: ¿Dolor es sinónimo de felicidad?
Autor: María del Carmen Almanza Centeno

¿Por qué insistimos en mantener una relación cuando sabemos que no funciona? O peor aún, ¿por qué seguimos aferrándonos a una persona cuando somos conscientes del daño que nos causa? Es como si tuviéramos una botella de veneno en nuestras manos y, aunque sabemos que puede matarnos, aun así decidimos tomarlo sin importarnos las consecuencias que traerá consigo. Es extraño que anhelemos la compañía de alguien que solo nos hiere, cuando podríamos tener a nuestro lado a una persona que nos aprecie de verdad. Al parecer nuestro corazón suele ser más inteligente que la razón misma, pues solemos seguirlo más a él que a aquella que trata de alejarnos del peligro. Las personas están hambrientas de catástrofes, es por eso que se mantienen sufriendo aun cuando pueden evitar ese dolor constante. Se les da el antídoto contra aquel mal que los atañe y prefieren no tomarlo, lo dejan tirado en la mesa de la cocina mientras se pavonean por ahí con un andar agonizante debido al veneno que continúan tomando sin control y que por alguna extraña razón aún no ha logrado matarlos. ¿Valdrá la pena poner en riesgo todo nuestro ser sólo para estar cerca de alguien que es mortal como nosotros? Si tenemos un poco de sentido común sabremos que lo mejor es alejarnos de aquello que nos está enfermando, de aquel mal que destruye cada parte de nuestra pobre alma, aquella enfermedad que pudre hasta el rincón más innecesario de nosotros.
La tristeza es parte de una relación disfuncional, no puedes evitar sentirte miserable ante la indiferencia de la persona sin la que crees no poder respirar, pero con cada uno de sus desplantes, ¿no sientes que igual se te corta la respiración? A mi parecer duele más un cuchillazo cuando tu consciencia sabe que vendrá y que va a doler, duele más saber que esa persona puede matarte a puñaladas y tú buscarás la forma de sanar solamente para recibirlas de nuevo, ¿no es mejor recuperarte y alejarte de ahí? Es mejor pensar y reflexionar acerca de lo que estás haciendo con tu vida y tiempo, nadie te va a regresar las horas que perdiste tratando de armar una torre que seguía cayéndose no importara cuánto esmero pusieras en ella. Algo que no está destinado a funcionar se descompone continuamente, ¿y cómo es posible avanzar cuando cada cinco minutos te detienes a arreglar el desastre? Lo más sensato y lo que cualquier persona con racionamiento hace es deshacerse de las cosas que no sirven, no las amontona en un rincón pues sabe que solamente están ocupando el espacio de las cosas que sí funcionan con normalidad. Resulta que nuestro corazón es un caso perdido y un empedernido de las cosas inservibles, es por eso que muchas veces se niega a tirar lo que nuestra razón sabe que ya no le es de utilidad, al contrario, es perjudicial. Los lazos afectivos son difíciles de romper, pero cuando nuestra integridad como personas depende de ello, debemos aprender a hacerlo, pues lo sensato sería destruir lo que nos ata al desastre. Tenemos la capacidad de alejarnos, de huir del peligro, y sería muy tonto que no lo hiciéramos aun cuando nuestros sentidos nos gritan a todo pulmón que lo hagamos. A veces es muy confuso ver cómo un ser humano puede mantenerse en la miseria cuando tiene la capacidad de levantarse e irse. El amor es un sentimiento confuso, es por eso que algunas veces podemos llegar a mezclarlo con la necesidad, la dependencia… ¿Será que el dolor es primo de la felicidad?, ¿o será que el sufrimiento es el nuevo amor?
Título del trabajo: Cisne negro.
Autor: Samara Ocaña Ríos

Desde que empezó la actuación se reconoce la gran complejidad que llega a tener la mayoría de las veces, incluso para el actor más profesional. No es desconocido que se requieren semanas o meses de práctica y preparación para poder representar a un personaje de manera completa, o, incluso, algunas veces llegar a crearlo. Por eso, se tratará de mostrar algunas de las características más importantes para ser considerado un buen actor con base en la película Cisne negro (2010) por Aronofsky. Para esto, tomaré de base el texto La paradoja del comediante (1764) por el pensador de la ilustración Dennis Diderot, donde establece algunos de los puntos necesarios para poder ser considerado como un buen actor.
A pesar de que la película no narra la historia de una actriz como tal, se pueden ver los puntos de los que habla Diderot cuando se trata del personaje principal que es una bailarina de ballet llamada Nina. Este personaje tratará con mucho esfuerzo poder recrear el cisne negro en la famosa obra El lago de los cisnes, pero por su personalidad y disciplina no podrá lograrlo de manera tan sencilla ya que ese papel pide todo lo que ella no es como persona.
Esto se puede tomar como ejemplo para el principal punto que debate Diderot sobre ser un buen actor, el poder tomar distancia de un papel, para que este no afecte en su actuación o incluso su vida personal, ya que el hacerlo provoca un derrame intenso de pasiones sin medida alguna, por el gran afecto que tiene el actor por su personaje, lo que causa que en la primera presentación todo sea demasiado intenso y que en las demás carezca de ello, lo que causará malas críticas tanto en el actor como en la obra. Esto se puede ver al final de la película, donde Nina logra representar con éxito el papel del cisne negro a la perfección, pero esto la consume y hace que se perjudique a ella misma sin darse cuenta. De igual manera, logra presentar la coreografía de una manera que sería necesario pasar todo de nuevo para poder hacerlo más de una vez.
De igual manera Diderot considera que el arte debe de imitar a la naturaleza, debe ser un reflejo de ella, pero no solo de la naturaleza como paisaje o la que se nos llega a presentar de manera inmediata, sino que también se refiere a la naturaleza reflejada en el hombre que son las pasiones. El actor debe de ser capaz de convencer al público del sentimiento que trata de imitar y así poder cautivarlo. Estas dos naturalezas son posibles de ver al momento en que los personajes bailan, ya que deben de transmitir con su cuerpo y rostro cómo se sienten en el momento sin poder usar palabras, de la misma forma que se puede ver que tratan de imitar al animal, que en este caso es un cisne, con sus movimientos, por ejemplo, cuando mueven sus brazos para lleguen a tener similitud con el aleteo de uno de ellos.
Como se puede ver, la sensibilidad es la principal característica del actor, poder mantener distancia del personaje, saber mantenerse neutro de la mejor manera posible en todo sentido es por lo que se debe de regir un actor al momento de llevar a cabo un papel. En este caso, el personaje de Nina no logró hacerlo, no supo conocer y manejar sus límites al momento de interpretar un personaje que era totalmente distinto a ella. Lo que causó que, en sus diferentes ensayos, fuera perjudicándose poco a poco sin darse cuenta de ello, y que de igual manera le perjudicara en su relación con su madre, finalmente, al momento del estreno tuvo un tropiezo de lo nerviosa que se llegó a sentir. Sin embargo, después logro recuperarse exitosamente al interpretar al cisne negro, lo cual causó que sin darse cuenta se dañara a sí misma.
Título del trabajo: Reflexión basada en nuestra época actual.
Autor: Gabriela Angélica Chavero Lozano

En los tiempos contemporáneos en los cuales somos rebasados e influidos por un sin número de acontecimientos, lenguajes y tecno-comunicaciones, etc.; las personas están tan abstraídas en su mundo cibernético que se ciegan ante las problemáticas que sumergen a la sociedad y de la que se forma parte, ya que las relaciones personales legítimas se ven socavadas y afectadas de maneras tan diversas que quizás nuestros antepasados jamás se hubieran imaginado. Sin embargo, al tener un asombroso avance que demuestra la ciencia y tecnología, solo por nombrar una pequeña parte de lo que representa toda una cultura que parte del siglo pasado hasta ahora parece casi imposible un declive que va más allá de las relaciones humanas, por tanto, existe evidencia de que el descenso también se encuentra tras la familia, la educación, los valores, el medio ambiente, etc.
Los tres primeros campos se entrelazan uno con otro en cada etapa de los sujetos, puesto que es inevitable no pensar en ellos como un conjunto de aprendizajes necesarios para la vida cotidiana del ser social. La familia es el primer contacto y núcleo de cada individuo, y en lo que respecta al siglo XXI, el trabajo de los padres, por lo menos, será enseñar y educar en lo que ahora sería lo básico para sobrevivir en este mundo en el que atañen un sinfín de atrocidades, esto sería la comunicación y la expresión, pero si ahondamos un poco más, los valores tienen que ser enseñados irremediablemente para la construcción de una sociedad en armonía, que este no es el caso, pues hay muchos conceptos que se han malentendido a través de estos últimos años.
Por poner solo un ejemplo: el educar. Los padres están tan dentro de sí que, ya sea por trabajo o intolerancia, sólo buscan un escape para seguir en su mundillo hecho de intenciones inapropiadas y mentiras, “[…] la participación de menores, ni siquiera es considerada”. En consecuencia, mandan a los hijos a la escuela (siendo optimistas) con el fin de aprender todo aquello que les corresponde, como las construcciones intelectuales, sociales, éticas, morales, etc., creyendo que esto debe formar parte de las enseñanzas del maestro. Los padres no se dan cuenta que la escuela es formativa e intelectual, en donde se deben desarrollar saberes y habilidades práctico-cognitivas, dando como resultado a individuos sin la capacidad de ofrecer respeto y responsabilidad, por falta de autoridad; así como la alta probabilidad de que estén llenos de perversiones. Y es en ellos en quienes recaen las futuras generaciones que posiblemente estarán perdidas en un mar lleno de neblina.
Título del trabajo: Tecnología vs humano.
Autor: Rodrigo González Godínez

Parece mentira que cuando dirigimos la reflexión hacia algo o alguien podemos ver cosas que antes no nos habíamos percatado de que estuvieran ahí, limitándose solamente hasta donde el sujeto decida darla por terminada. Dicha actividad es relativamente fácil, se puede ejercer en cualquier lugar, en cualquier momento y cualquier persona puede hacerla, incluso llegar a cuestiones antónimas es una gran muestra de reflexión.
Recuerdo que cuando era estudiante de sistemas informáticos divagaba sobre la tecnología y lo útil que nos resultaba en la vida diaria. No obstante, mis reflexiones siempre fueron sesgadas de alguna forma mientras estudiaba aquello, ya que en lo único que podía profundizar era en hacer o mejorar X programa o aparato tecnológico (aún lo sigo haciendo); es decir: veía las cosas sesgadas a la perspectiva de alguien que siempre está frente a la computadora tratando de hacer que algún algoritmo resulte útil a las necesidades que alguien le pide. No veía más allá de eso.
Aunque la lectura sea tu compañera, si no hay libre reflexión, esta se limitará a lo que más hagas (en mi caso era programar). Por ello es importante tener en perspectiva lo que se está reflexionando, es decir: desde dónde lo hago.
¿Qué pasaba entonces con las cuestiones que no tenía en cuenta en mis reflexiones, la ética que subyacía, la producción, la enajenación hacia el sistema tecnológico? Es pues, que con la libre reflexión uno puede darse cuenta de otras cosas que no había tenido en cuenta antes. André Breton en uno de sus escritos decía que, si no se ejercía la imaginación, esta desaparecería; puso como límite los 21 años. No obstante, la libre reflexión no lo tiene, pero sí que costará más trabajo derribar los muros dogmáticos que se crean con la falta de reflexión.
El fruto de los programadores está prácticamente en todo lo que tenemos alrededor, desde la máquina que ensambla a otra máquina hasta las aplicaciones de redes sociales y sistemas operativos, etc., a ellos simplemente se les paga o por arreglar problemas de codificación o para crear algún algoritmo que alguien pensó sería útil para determinada labor o máquina, así, limitado, y sin pensar un poco en las repercusiones que ello puede tener, son los “salvadores” que la sociedad necesitaba.
El creador de cierta red social solo quería acercar a las personas a sus propios círculos sociales, por muy lejanos u ocupados que estuviesen, siempre podían ponerse en contacto con un botón. Pero, ¿qué pasó?, claro que lo logró, aunque no solo eso. Hay que tener en cuenta otro escorzo de la creación de las redes sociales. Extorciones, abusos, humillaciones, vigilancia (por parte de los gobiernos o empresas), discriminación, racismo, son solo algunas cosas que también se ven en la red social (contradiciendo los fines humanos con los que fue creada). No puedo decir que no haya sido brillante lo que hizo, desde el punto de vista técnico fue el culmen de la revolución informática iniciada en Silicon Valley. Pero lo creado se fue de las manos.
Es bastante común ver ahora a personas conectadas, enajenadas a sus aparatos tecnológicos, olvidándose incluso de la familia, amigos, aun cuando estén al lado. En una ocasión surgió en mí una inmensa “incomodidad” al ver a un individuo que venía de la escuela y sacó su celular para hacer una simple suma de dos dígitos. Otro para usar el dictado de voz simplemente por la flojera de escribir el nombre de un cantante. La tecnología nos rebasó increíblemente rápido, tanto en fuerza como en inteligencia (aún falta el hecho ocurrido en la película del año 2014 Yo Robot: que escriban una sinfonía, (aunque tampoco muchos sujetos pueden hacerlo). Si hubiera una competencia contra las máquinas, ¿quién ganaría? Nuestras capacidades fueron superadas, incluso nuestra memoria se está volviendo menor en comparación a la que posee algún aparato. Esto último por la excesiva confianza a un aparato (o “aplicación”) que te recuerde lo importante. Ya no es como en la película del año 2017 Hidden Figures que exista alguien que pueda ganarle a una computadora en operaciones matemáticas y, aunque existiera, lo tecnológico (máquinas IA, robots) nos ha superado a la mayoría.
Título del trabajo: La publicidad.
Autor: Rodrigo González Godínez

Parece de locos que cualquier cosa que podamos pensar aún pueda ampliarse con la reflexión, (reflexionando, pensando más allá de las cosas), más allá de lo que se nos muestra podamos llegar a cuestiones que nunca nos habíamos preguntado, en mi caso me sucedió hace varios años cuando caminaba por la calle.
Ese día iba pensando en cómo sería caminar por la ciudad de las luces, con sus largas avenidas, sus altos edificios con imágenes brillosas y animadas. Mi ciudad natal en nada se compara con lo que por mi mente pasó, sin embargo, había algo que permanecía; en ambos casos los letreros, carteles, anuncios –publicidad-, por aquí y por allá, estaban más que presentes -enormes e innecesarios-, repetitivos y abrumadores.
Lo bueno que por donde caminaba no había publicidad en comparación con “la ciudad que nunca duerme” o con las grandes capitales, así que mi reflexión podía seguir sin distractores ni seducciones. En aquella ciudad era un exceso, me hacía sentir ínfimo solo de imaginarlo. Ahí noté que aquello nos estaba impactando de muchos modos, el sujeto no salvaba ninguno de sus sentidos a la monstruosa publicidad.
La publicidad continuamente nos dice qué comer, cómo vestirnos, qué debe gustarnos, cuál es el estándar de belleza en general que debemos tener; vulnerando continuamente la subjetividad -consciente e inconscientemente-, es difícil escapar. Pero desde hace mucho la publicidad no solo está en las calles. No siendo suficiente, al llegar a casa solo tenemos un momento de tranquilidad quizá solo mientras abrimos la puerta. Aquí fue cuando se me ocurrió una pregunta (muy general), ¿hemos dejado de pensar y por eso nos afecta tanto la publicidad o la publicidad se ha estado perfeccionado a tal grado de que incluso los sujetos más cultos y sabios puedan caer en sus seducciones?
Me inclino a creer que la pregunta ya no es restrictiva, hemos dejado de pensar y la publicidad sí ha mejorado a tal grado de que en los sujetos llegó a enraizarse lo que llamo percepción-ávida-de-novedad, entonces, sí la publicidad ha llegado a casi robar nuestra subjetividad (digo casi porque no es hasta que adquieres un producto solo porque es nuevo que ya perdiste, te robaron algo más que papel moneda), es decir; aquello que somos
Quizá suena excesivo, pero al darse cuenta de que a cualquier lugar que el sujeto volteé, hay marca de esto y de aquello, nos daremos cuenta de que no estamos tranquilos. Incluso ni cerrando los ojos pues esto no desconecta al oído. A esto me gusta denominar la cualidad pasivo-agresiva de la publicidad. Es pasiva en tanto que se inmiscuye sigilosamente, solo necesita algún sentido para hacerse llegar, ni siquiera necesita ser muy fastuosa o estruendosa. Agresiva es en tanto que no te deja ni un minuto tranquilo, se queda impregnada en la psique del sujeto, pues la publicidad sabe bien nuestros deseos y anhelos. Incluso es difícil que el publicista escape de la publicidad de otro.
Es pues que la publicidad, conociendo a fondo al sujeto (sus anhelos, sueños y deseos), hace que el sujeto entregue inconscientemente su subjetividad al caer a merced de la cuantiosa seducción de la industria, no ya limitándose a la industria de la moda, tal como lo menciona Gilles Lipovetsky en “El imperio de lo efímero”, sino a la tecnología, comida, incluso hay publicidad dentro de la tecnología móvil (Smartphones, computadoras, etc.,). Con tal de conseguir papel-moneda, la industria es capaz de lo que sea, del mismo modo cuando nos arrebatan nuestra subjetividad no sabemos quién la tiene ni cómo recuperarla, lo que sí sabemos es que no será algo bonito. Pero claro, no toda resulta ser agobiante, resulta útil cuando te enteras de X evento o de la publicación/estreno de algo que esperabas hace mucho.
Después de haber pensado todo esto, la idea de ir a la ciudad de las luces ya no me gustó tanto y quedarme en mi ciudad me parecía una opción mucho más cómoda. Kant nunca salió de Königsberg –recordé- eso me dio cierto alivio, pero no el suficiente para tener una respuesta sobre lo que debía hacer. De cualquier forma, ir a aquella ciudad solo había sido un pensamiento vago, pues ni siquiera tenía en regla lo necesario para poder viajar. Así que lo dejé ahí. Los pensamientos, cualesquiera que sean, solo pueden morir si no los dejas libres, el recuerdo los guarda, recordar los renueva, pero necesitan soltarse y llegar a donde sea necesario, hasta donde no se pueda más e incluso ahí intentar ir un poco más lejos, siempre hay otra perspectiva.
Título del trabajo: Privacidad no privada.
Autor: Rodrigo González Godínez

Con la creciente crisis cultural y de lectores que ha cruzado el país, en los últimos años las campañas a favor de la lectura han ido aumentado. Platicando con unos amigos recordábamos el famoso lema “no importa lo que leas, pero lee”, cosa bastante curiosa dado que el narcisismo y la prepotencia circunda en muchas ocasiones sobre los lectores, menospreciando a ciertos autores o tachando de falsa lectura a otros. Concordamos que de cierto modo sí importa lo que se lee dado que esto dará forma a interpretaciones del mundo. Las campañas una y otra vez quedaban en el olvido, y el problema sigue ahí: los individuos no gustan de la lectura. Las razones vienen dadas en diferentes categorías según la edad, por ejemplo, un adolescente que no guste de la lectura o que no lea puede ser debido a que no se le inculcó/fomentó la lectura desde pequeño. En algunos o en la mayoría de los adultos que encuentran agobiante leer, puede ser por la fatiga de la jornada laboral (es entendible no querer llegar a leer después de un largo día de trabajo), incluso lo del adolescente puede llevarse hasta la edad adulta. Otra cuestión que apuntala a ambos sujetos es la llamada terapia de lectura para conciliar el sueño: sucede que en ocasiones cuando un sujeto no puede dormir, hay un “alguien” que recomienda la lectura para relajarse y poder dormir, esto hace que, en la habitualidad de hacerlo, la impresión de tener letras frente a la vista por cierto tiempo resulte adormilante.
El problema de la lectura ya no se trata solamente de acuñar cierto nivel cultural o léxico con ésta, sino que precisamente por la falta de lectura es que ni siquiera un sujeto pueda leer cabalmente los acuerdos de privacidad a los que accede al momento de hacer cualquier cosa con un aparato electrónico, llámese instalar una nueva aplicación, guardar sus números telefónicos en un celular, abrir una cuenta para cierta página o red social (en estos días es el 90% de sitios o aplicaciones que no te permiten hacer uso total sin un registro de datos/creación de cuenta). Imaginemos, un sujeto que no lee un acuerdo de privacidad al crear una cuenta de correo electrónico por la simple razón de: “quién va a querer saber algo de mí o como quiera no subo nada”, ahora multiplique por la cantidad de aplicaciones que le piden el registro de un correo para acceder, es por ley que antes de dar clic en aceptar y poder registrar su correo deben tener para usted un enlace que lo lleve a los acuerdos de privacidad y este debe tener una opción para aceptar o declinar dichos acuerdos.
Ahora, la mayoría de las aplicaciones requieren un registro, ¿cuántas aplicaciones tiene y cuántas usa? Todas tienen acuerdos de privacidad diferentes y si seguimos con lo mencionado líneas arriba (falta de lectura), ya le concediste permiso a quién sabe quién de saber todo de ti, incluso de vender o “prestar” tus datos a una empresa tercera o al gobierno. Todo está enlazado (toda la red está interconectada). Digamos que no le pasa nada de esto, ha leído todos tus acuerdos de privacidad y no ha aceptado los que no le agradaron (aquellos a los que se negó, le negarán también el uso). Está a salvo, no vendieron tus datos.
No obstante, tal como siguió la plática con algunos amigos, llegados a este punto debemos dar un nombre de un sujeto que hace unos años dio revuelta al mundo con ciertos documentos que sacó a la luz, no obstante, parece que todo sigue igual, el nombre de la persona es Edward Snowden. Los que tienen el gusto por la lectura ya sabrán de él, para los que no, él tiene la clave para el por qué debemos leer los acuerdos de privacidad. Si algo nos enseñó es que, aunque creas que a nadie le importan tus asuntos en las redes sociales o simplemente en tus e-mails, esto es erróneo. La era en la que estamos es la era de la información, eso es lo que vale (incluso en el ambiente educativo, parece que en ciertos niveles solo importa que sepas un montón de cosas), su información vale para alguien y ese alguien no es amistoso.
Con todo lo mencionado anteriormente podemos hacer el siguiente ejercicio que aplica a cada aparato tecnológico que usamos y que aquí nos abocaremos solamente a uno, llámese celular. Surgen así dos escenarios 1) Tiene un nuevo celular, requiere un correo (y obviamente tu número telefónico para activarlo), felicidades, ya dio el primer paso, ahora el propio entorno del celular le facilita la descarga de ciertas aplicaciones, accedes a los acuerdos para poder usarla, ahora cierta aplicación está de moda y la va a “necesitar” para comunicarse con amigos y familia. Escenario 2) Conscientemente hace los mínimos requerimientos y pasos para activar su celular, instala las aplicaciones “necesarias” para estar comunicado. Entonces, ¿Cómo se relacionan ambos escenarios? En este simple hecho: su privacidad ya no es privada, una vez que su dispositivo tecnológico entra en contacto con internet o en la nube, requiere a alguien (o algo) que gestione (administre y haga) los procesos de información que subyacen al acceso de aplicaciones desde el aparato que usa, pasando por el proveedor de servicio de internet hasta las bases de datos de la aplicación que quiere acceder, y esto lo hace una y otra vez, obviamente nada de esto lo hacemos nosotros.
Reflexionemos un poco, desde lo de Snowden los acuerdos de privacidad hacen sentir seguro al lector de que los datos están resguardados (y claro, pueden estarlo), no obstante, el internet, aunque lo paguemos, no nos pertenece, hay oficinas centrales donde toda la información pasa, no vemos, no sabemos quién mantiene seguros esos datos; agreguemos ahora los “malvados hackers”: incontables ataques informáticos se están haciendo a empresas, bancos, instituciones (incluso en este momento); todo lo que tiene acceso a internet, desde una computadora, smartwatch, tablets, o un celular está en riesgo. No podemos ser tan crédulos, ¿el gobierno no puede hacerlo, no tiene gente capaz de lograr lo anterior?
La literatura de ficción donde te mantiene controlado y saben todo de ti sin que te des cuenta no parece estar tan alejada de la realidad. Pero si solo leemos lo que vemos nos perdemos de mucho, y si pensamos que el autor solo dice lo que está plasmado, entonces perdemos más. Estamos, como dice Snowden, en una vigilancia permanente.
Título del trabajo: Falso ídolo.
Autor: Rodrigo González Godínez

Es bastante curioso lo que se nos ocurre cuando no tenemos un pensamiento en particular en mente o durante lo que se le suele llamar como ocio. En una de esas ocasiones de ocio, mientras navegando por internet, escuché que alguien tenía la televisión en un programa de esos que abundan como plagas -reality show-, no sé cuál era, pero lo que sí pude distinguir con claridad fue la voz de unos jóvenes no mayores de 16 años los cuales comentaban (efusivamente) a su madre que para qué iban a la secundaria si X persona no fue y ya gana mucho dinero, a lo que la madre respondió en el mismo tono que ellos –no digas tonterías, a ti quién te va a querer ver, ni si quiera yo- entre risas se calmó la conversación y pude continuar en lo mío, pero tal como si a mí me interesara, apareció frente a mí una recomendación de X persona que hace vídeos (como si no fuera suficiente con todos los que hay -otra persona más haciendo la misma clase de vídeos que el resto de “youtubers”). Entonces recordé que cuando tenía alrededor de 6 años, soñaba con ser como mi ídolo Rodolfo Neri Vela y dejar el nombre de mi país en alto, o ser como Esopo y que la gente disfrutara y aprendiera con mis historias –vaya cosas se le ocurrían a uno cuando no “conoce” mucho-.
Esta idea del ídolo me resultó bastante curiosa debido a que, mientras pasamos por las distintas etapas de crecimiento, tenemos diferentes ídolos, los cuales, cuando estamos deslumbrados por ellos, hay algo que nos impide llegar a verlos fuera de lo que nos muestran en su material audiovisual.
Cuando los vemos nos deslumbran sus vidas, lo que tienen, con quien salen, incluso lo que comen (aunque sea lo mismo que nosotros, solo que en diferente presentación). Es precisamente cuando Jean Baudrillard en su obra “Cultura y simulacro” recobra vigencia con sus ideas de simulación y disimulación que en la obra antes mencionada trata. La simulación de una vida que no puede tener un sujeto ordinario, aquella que tanto anhela (como zona de confort), la que ve en los (ídolos) artistas, una vida de lujos, sin preocupaciones, sin que podamos ver lo que hay en el fondo. La disimulación por parte de ellos, presas del ojo del público, de una vida pública, se convierte en un permanente actuar, teniendo que fingir que esa vida les da felicidad, contados pueden ser quienes sí lo disfruten, otros no.
Eso me hace preguntarme a qué clase de personas hacemos ídolos, en mi generación no había tanto problema de idolatrar a X persona, a qué me refiero: uno idolatraba a alguien después de haber visto en X lugar sus grandes o pequeñas hazañas; -hoy en día es otra historia, otro contexto. Uno puede hacer ídolos a personas sumamente carentes de materia gris, sujetos que pueden venir tanto de una clase alta como de una (clase media) con el suficiente poder adquisitivo para una cámara de vídeo o incluso un celular y con ello hacer de las suyas. De las restantes clases sociales se sabe muy poco de lo difícil que les sería conseguir los medios para hacer lo mismo que las clases antes mencionadas o, mejor dicho: la gente no suele ver lo imposible que sería para las clases menos favorecidas conseguir los medios necesarios para hacerse de lo necesario para la realización, por ejemplo: de un vídeo.
De acuerdo a las ideas que el discurso hegemónico da a las nuevas generaciones, a saber; emprendedor e innovador, todos están en potencia de hacerlo, pero ¿realmente las condiciones sociales, políticas y económicas permiten a cualquiera ser ídolo?, ¿cuántos fuera de las clases arriba mencionadas pueden hacerlo? Muy pocos pueden hacerlo o casi ninguno. Es entonces, que la figura del ídolo es privilegiada y además con lo que muestran, con sus mercancías-objetos inaccesibles para muchos, dicta qué hay que tener/hacer, comer/usar, decir/pensar.
Con la figura del ídolo, se abre una brecha entre el que aspira a ser y lo que aspira a ser, aunque sea solo vestir o usar lo que su ídolo porta y ya no solo convertirse él mismo en figura. La industria al hacer a un sujeto particular –ídolo- (y que este sea el modelo general del resto) asegura no el beneficio monetario de los que idolatran sino el del ídolo y en mayor parte el de la primera, también asegura el gusto colectivo de las masas porque el que idolatra al deslumbrarse de lo que tiene el ídolo desea tener lo mismo.
A su vez, con la creación de (falsos) ídolos (sujetos que eran igual que tú pero que contribuiste para tenerlos santificados) -le diste voz- a aquellos que solo buscan el beneficio propio, pensarán por ti y que ahora son quienes “marcarán los estándares generacionales de moda, gusto, aficiones, pensamiento, etc.” Aquellos falsos ídolos que suben vídeos con valor nulo (que bien no pasa nada si no lo hubiera realizado), cada uno de nosotros contribuyó a darle un auge que no merece.
El (falso) ídolo para seguir gustando portará mercancía que alguien le da con la finalidad de que tú, que deseas lo mismo que usa él, la adquieras, en cambio tú tendrás que costear con mucho más esfuerzo/trabajo eso que quieres, esto no solo en el ámbito de la mercancía, pero sí en gran parte.
Después de llegar a esto tuve una sensación de hartazgo y el pensamiento de: dónde queda el material, los vídeos, etc., de ciencia, cultura, arte, incluso de filosofía; dónde sino en el olvido. Son contados los sujetos de generaciones jóvenes que se preocupen por eso, en ese momento tuve la epifanía de que ellos algún día decidirán quién o quiénes estén a cargo de la seguridad, la salud, el gobierno, el cine (lástima que este ya lo hemos estado perdiendo en el país), la cultura. Por aquellos jóvenes que aún se preocupan por lo primero es que aún hay luz para las generaciones futuras. No todo está perdido.
Si las cosas siguen así, una persona que hace videos sobre lo que hizo en una noche de copas o de qué marca es más cara, tendrá mucha mayor injerencia en cualquier asunto, en tanto lo que digan/opinen de X cosa será tomado como mandato divino y los jóvenes subjetivamente-vulnerables seguirán como ovejas con rumbo hacia ningún lugar. Aquellos que hagamos ídolos (o mínimo pensarlo de modo: aquellos a los que enriquezcamos con nuestro apoyo) deberían ser sujetos pensantes, con cierto conocimiento.
El hecho de que tenga algún “ídolo”, significa: que yo (cada uno de nosotros) decidí que se merece X o Y cosa y que es un fiel representante de mi generación y sus ideales. De los jóvenes que reflexionen más allá de lo que dicta el sentido común (tendrán mejores ídolos) muy pronto serán como las estrellas que se ven en el cielo contaminado, la doxa reinará sobre la episteme de la mano de aquellos sujetos que no le exigen a un sujeto más que se pasee con ropa nueva. ¿Será buena idea dejar que me guíe alguien que piensa que el mayor problema que alguien puede atravesar en la vida está en cuál será el siguiente pantalón de ZARA?
Aquí fue cuando desperté.
Me había quedado dormido mientras escuchaba a los jóvenes hablar con su madre sobre su ídolo con millones de pesos (y seguidores) sin saber una pizca de nada. Menos mal que fue solo un sueño. Ser ídolo es lo más temible que hay, pues de ellos depende lo que hagan sus seguidores. El sentido común se decía que es lo mejor repartido en el mundo, lo es quizá, pero, entonces, hay que ir más allá del sentido común. Menos mal desperté y todo lo que dije líneas arriba fue solo un sueño. ¿O no lo fue?
Título del trabajo: Algo así como un sentido de pertenencia.
Autor: Francisco J. L. C.

La idea o el sentimiento de una pertenencia se encuentra en el fondo de todo ser vivo. Ya sea que hablemos de la vida animal o vegetal, el viviente posee en sí mismo la necesidad de encontrarse en un ambiente que facilite su desarrollo y que así mismo no le sea hostil. Podrían enumerarse un sin fin de ejemplos de animales o plantas que “naturalmente” despliegan diversos mecanismos de subsistencia en sus entornos, o incluso se propician espacios de mayor beneficio para sus necesidades y desarrollos. Sucede que esta idea o sentimiento se puede encontrar propiamente en la vida organizada del hombre o especie humana.
Cuando hablamos presumidamente del ser vivo “hombre” como ser consciente, adquiere poder el hecho de hablar del sentimiento de pertenencia fuera del reino de la necesidad natural. Si bien, en el reino natural de las especies vegetales o animales, cada especie determinada necesita de condiciones que le propicien su crecimiento, desarrollo y reproducción, podríamos decir que estas condiciones obedecen principalmente a factores físicos. Dicho de otro modo, tanto las especies animales como vegetales requieren de factores físicos (clima, relieve, alimentación, etc.) en los cuales puedan subsistir. En el hombre como especie animal, sucede que la búsqueda de condiciones de existencia y subsistencia se expande más allá del ámbito físico de las condiciones naturales. En el hombre y su despliegue como ser social se da el caso concreto de la pertenencia interpersonal e intersocial.
Si bien, el hombre considerado como un ser vivo entre otros no deja de ser parte del reino animal, su despliegue en sociedad le eleva más allá de las conductas que licenciosamente llamamos “animales” en tono despectivo. Es decir, podríamos afirmar que lo social que hay en el hombre, sus hábitos, sus formas de relacionarse y sus costumbres, se manifiestan de una manera distinta que la mera necesidad física o instintiva de los organismos inferiores. Los hábitos y costumbres sitúan al hombre en el marco social: la sociedad posee el revés de una normatividad determinada, en sentido laxo; costumbres y/o prácticas.
La vida social del hombre se ve enmarcada por las costumbres, hábitos y conductas. La vida individual y la vida colectiva se determinan recíprocamente en el complejo social deviniendo prácticas y conductas comunes. Así, la configuración de las buenas y malas conductas surge en sociedad. No es raro del todo cuando se habla de “distintas sociedades” en el momento en que se refiere a un modo extraño de valorar acciones y conductas. Mirando no tan lejos podríamos referir ese choque que existe entre prácticas y hábitos regionales. Hablamos de aquellas ocasiones en que uno siendo extranjero puede llegar a molestar a los anfitriones con un gesto, señal o palabra que en ese lugar es muestra de un insulto.
Todo esto configura al individuo en sociedad como precisamente un ser social. El individuo se relaciona entonces con su entorno de tal manera, que en el decurso de su existencia las prácticas y conductas que ha adquirido le conforman un “arraigo”. El individuo se encuentra compenetrado con sus costumbres y sus prácticas, mismas que ha aprendido en su conexión social. Es fácil que el individuo que en sociedad ha adquirido un hábito a lo largo de los años, o una tradición al paso de varias generaciones, se sienta parte de tal práctica o tradición al grado de saberse conformado por tales costumbres. Es decir, cada uno de nosotros nos reconocemos a cada momento como individuos atravesados por cada una de las prácticas que afirmamos o negamos en nuestro fuero interno. Cada conducta de la vida social, a fin de cuentas, se traduce en un sentimiento de pertenencia que nos arraiga “a ese lugar”, “a esa gente”, “a esa tradición y “a ese sentir”.
El individuo llega a entender el sentimiento de pertenencia como algo que determina su misma individualidad y personalidad. Por muy distinta que sea la conformación individual, cada uno de nosotros nos encontramos afectados por el sentimiento de pertenencia. Cuando uno se siente acogido, por ejemplo, por el modo de hablar o dirigirse hacia las personas en un lugar, o cuando uno se siente extranjero, si no por conductas, sí por los hábitos o hasta por la comida; lo que palpita de fondo no es otra cosa que la pertenencia. ¿Es poca cosa tal sentimiento?
En primer lugar, pareciera que la contingencia de la conformación social le resta importancia. Considerando la diversidad de formas sociales de relacionarse, las conductas y prácticas, pareciera que no posee importancia alguna tal sentimiento. Incluso, se podría acusar al sentimiento de pertenencia como el culpable de la intolerancia y de la búsqueda de someter otras formas sociales o de imponer una forma de sentir o cultural como “la buena”, “la mejor” o “la correcta”.
Por otra parte, si se considera el arraigo de la pertenencia y su correlato social como el contexto de la formación del individuo y su personalidad, parece de mucha importancia tal sentimiento. Es decir, cada individuo se halla formado por un cúmulo de prácticas y costumbres a pequeña y gran escala, y, en cuanto tal, este sentimiento desempeña un gran papel en la formación social del individuo. Las prácticas sociales, morales y éticas del individuo le van a la par que su pertenencia y arraigo. Cuando este sentimiento disminuye o desaparece, no es difícil ver que sucede lo mismo con el entramado social, personal e interpersonal. El debilitamiento familiar e interpersonal y hasta el desgarramiento del tejido social tienen entonces que ver con el sentimiento de pertenencia que trae el arraigo a unas prácticas, conductas, hábitos y tradiciones determinadas. La reciprocación de la vida individual y la vida social es factor importantísimo para la configuración de ambos estratos: tanto el individuo como la sociedad se determinan mutuamente y son igual de esenciales en su buen funcionamiento en conjunto. Finalmente, ¿es elemento suficiente ese sentimiento para la conformación de una sociedad y una vida social mejores?
Título del trabajo: ¿Qué veo cuando veo deporte?
Autor: Francisco J. L. C.

Hoy es muy difícil, por no decir imposible, extraer lo sustancial y realmente importante de las prácticas que en otros tiempos nos ofrecieron valores superiores. Qué queremos decir con ello: hoy en día la mercantilización de las prácticas y valores se dirige y culmina en un abaratamiento y vulgarización de los mismos. Por ejemplo el deporte, ¿a quién no le gusta el deporte? Aquello que antes era signo de dedicación, disciplina y talento hoy en día se ve convertido en un motivo al consumo y la vanidad.
En todo caso, el mercado del deporte nos arroja primordialmente una publicidad ininterrumpida que seculariza la sustancia del deporte. El esfuerzo, la disciplina y la dedicación que se pueden considerar los grandes valores de las prácticas deportivas quedan de lado frente a la gran maquinaria de consumo. A cada momento se nos bombardea de un sin fin de mensajes que hacen de las prácticas deportivas algo secundario, en donde lo principal es la indumentaria para hacer deporte, los lugares para hacer deporte, los tiempos para hacer deporte y los productos que se deben consumir antes, durante y después de hacer deporte.
Pero, ¿de qué tipos de valores hablamos y les mentamos de “superiores”? Si bien somos demasiados abstractos al decir disciplina, dedicación y esfuerzo, afirmamos que lo sustancial del deporte se encuentra maximizado en estos valores por lo “lúdico” de su dinámica. Aquello que es “juego” en el ejercicio de alguna práctica deportiva dispone al individuo a una dinámica de exigencia que eleva sus estándares a fin de dar más, ser mejor, esforzarse cada vez más. Claro está que la dinámica que cada sujeto desarrolla cuando practica algún deporte no manifiesta exclusivamente este fenómeno de exigencia. No obstante, pareciera que no hay mejor forma que aquella divertida de aprender, hacer o dejar de hacer. Somos demasiado abstractos, expliquemos.
Alguna vez Albert Camus decía que el fútbol le había enseñado mucho, si no es que todo lo que sabía de moral. Claramente no se refería al agredir al contrario mientras el árbitro no mirase o a fingir una falta. Para Camus, el sentimiento del deber que el fútbol le infundió venía del ejercicio de equipo y la interacción con sus compañeros, así como el conocimiento e interacción con el rival. Continuando con el parafraseo a Camus, para éste el encuentro de un partido de fútbol se reducía a un encuentro de once contra once, en el cual cada jugador valía como igual, y el único criterio para distinguir un jugador de otro era su talento, su juego y esfuerzo en el campo, no su situación económica ni cosas de esa índole.
Bella forma de entender el fútbol por parte de Camus. Es interesante también cómo el ejercicio lúdico nos puede disponer personal e interpersonalmente a conductas y formas de ver las cosas, nada más alejado del rumbo que han tomado los deportes. ¿Qué es entonces un juego, y cómo lo comprendemos en su ser juego? ¿qué pasa en aquella dinámica que asumimos lúdica en la que las cosas ajenas a ellas se ponen aparte y solo tenemos lo que realmente hacemos y/o podemos hacer? Efectivamente, en el desarrollo del deporte y prácticas que van desde lo profesional hasta el esparcimiento hay una distancia enorme, no obstante la significación del juego y las actividades deportivas se encuentran atravesadas por una significación social y moral en tanto son productos humanos. Es decir, qué pasa cuando como en un juego, ya no podemos fingir ser tal o cual cosa, decir que tenemos o no tenemos cierta postura: pasa en el juego, que no hay un decir, un creer o un fingir, hay un hacer o no hacer; si soy bueno, si tengo talento, si puedo hacerlo se demuestra en el acto.
Pareciera que el valor lúdico y formativo de los deportes se desplaza por la mercantilización del mismo. ¿Qué vemos hoy al ver un juego de fútbol?, ¿acaso es que la dinámica de un deporte se reduce a las marcas que visten los deportistas, las bebidas hidratantes que beben los atletas o el ostentoso sueldo que se presume ganan por realizar tal práctica? Cuando la publicidad nos presenta al deportista de moda anunciando alguna marca transnacional, ¿será indicio de algo más que el intento de implantar la idea del éxito y el triunfo en el consumo de tal producto?
Habría que reflexionar cuál es el papel y la importancia de algo tan trivial como lo es el deporte y su comprensión actual. Pensar si es que vemos algo más que sujetos ganando dinero y generando tendencias de moda y consumo cuando vamos a un estadio, encendemos el televisor o vemos las noticias. Es decir, valorar cuál es la razón por la que se realiza o se contempla (o no) una práctica deportiva.
Título del trabajo: Simbiosis.
Autor: Rodrigo González Godínez

El grito desesperado del fin de los grandes relatos ha hecho eco hasta llegar a los lugares menos pensados, los anhelos ilustrados y modernos no son más bienvenidos pues opera el descontento hacia ellos y consecuente opera el rechazo por parte del sujeto a las promesas de la era pasada, a saber; la libertad, saber por cuenta propia (Sapere aude), etc. De tal modo el imaginario colectivo o una especie de racionalidad operante emerge de lo dicho y sin poder siquiera hacer frente ante ello surge el sujeto posmoderno, un sujeto enfermo, pues no puede ser de otro modo, ya que opera con vagos o incluso nulos anhelos (no digamos solo sociales o cognoscitivos sino para sí mismo), no ya solo hacia la libertad que en otra época hacía alarde de ser la máxima aspiración del sujeto, eso ya es cosa del pasado como todo o mucho de lo que la modernidad profesaba, ese sujeto emergido ya no puede ser más sujeto, -no tiene subjetividad, está vacío- es más cercano a un robot, pero no como la ciencia ficción nos ha mostrado, con inteligencia de sobra o fuerza sobrehumana, con agudeza mental o capaz de reproducir todo lo que al sujeto le tomaría mucho tiempo hacer, recreándolo o creándolo desde cero en un abrir y cerrar de ojos -no-, quizá entonces podemos decir que es más un simbionte pero, ¿de qué?, ¿cómo está compuesta la simbiosis o de qué manera es denominada? Por una parte de humano claro, tiene inserto el virus de la mercancía, de los medios de comunicación (mass media), del objeto por otra, pues lo que deambula por las calles y da gritos de innovador, emprendedor sabio y artista, no es más diferenciable de aquello que creó bajo fines productivos para otros sujetos -el objeto, mass media– como diría Lipovetsky.
La simbiosis fue perfecta, el sujeto no se dio cuenta de que el aparato en el que depositó su confianza y su esfuerzo se apoderó de él. No es más libre. El sujeto simbiótico incapaz de dejar su aparato será su más acérrimo defensor, no podrá ver ni oír ni mucho menos creer o “pensar” (si se da el caso) más allá de lo que le muestre el aparato. Provechosamente, alguien o algo se beneficia con esta situación y solamente cuando termine la simbiosis es que el sujeto podrá darse cuenta de quién es el verdadero captor, la cuestión es: ¿cómo darse cuenta?, no se trata como en Matrix de elegir una pastilla azul o roja, despertar o seguir creyendo en lo que te dicen, doxa o episteme, realidad o hiperrealidad. La cosa es más sencilla, el mundo está ahí. Las cosas son dadas en el mundo, pero, acceder a ellas, verlas como son, será un vaivén entre pastilla azul y roja, será fugaz el acceso.
La liberación de la simbiosis es sencilla pero no fácil. Como el simbionte necesita un huésped para vivir, te seducirá nuevamente con promesas distintas, aparatos diversos. El simbionte es holístico, está en una parte y es el todo. Aquel momento breve de liberación encandilará -como epifanía, ahí será cuando el sujeto recupere su libertad y pueda dejar atisbos de cómo lo logró y alguien más pueda salir librado de ese aparato. Cosa a la vez, aparato a la vez, la parte superará a la totalidad y será cuando el simbionte por fin muera y el sujeto recupere todo lo que perdió, incluyendo su libertad.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
Aprovechamos primero para ofrecer nuestra gratitud a todos los involucrados en el proyecto, desde las personas que ayudaron a revisar y coordinar los trabajos que se recibían, como a aquellos que enviaron sus trabajos, ya sea que al final se hayan publicado o no.
También nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.
Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos. De verdad muchas gracias.
Dennis Diderot “La paradoja del comediante”.
Francis Bacon “Novum organum”.
Gilles Lipovetsky “El imperio de lo efímero”.
Immanuel Kant “Observaciones sobre lo bello y lo sublime”.
Jean Baudrillard “Cultura y simulacro”. Ludwig Wittgenstein “Investigaciones filosóficas”.
Artista referente en varias de las imágenes: Steve Cutts.