FILOSOFÍA CONTRA EL SENTIDO COMÚN, Vol. IV

Revista de difusión de la filosofía(15/7/2022).

Prólogo

La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo de difusión de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente, quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión que efectuamos y algunas de sus características.


En pocas palabras, queremos mostrarles que la filosofía no son frases llamativas, sino que es el proceso entero de ver un problema, pensar y luego proponer una solución que nos deje una sensación de “No lo había pensado de ese modo”.

Índice

Introducción: ¿Qué hay en estas hojas?

¿Qué prefieres, panes infinitos o dinero infinito?

Al menos a mí me agrada esto en los “streams”.

¿Una idea puede ser tonta y brillante a la vez?

El bien y el mal según mi vecino.

¿Quién soy si ya no recuerdo quién soy?

Un peligro en las cosas de difusión.

“Moana”, “Atlantis” y la tradición.

El milagro loco de la experiencia científica.

El terco que sólo ve a otros tercos.

El arte de saber no estudiar.

Lo llamo “El experimento de los ‘Hombres de negro’ ”.

¿Alguna vez te he contado cuál es la definición de locura?

De la religión virtualizada.

Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.

¿Qué hay en estas hojas?

Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que estudiantes de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este cuarto volumen.

Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.

Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.

En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado. Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.

Título del trabajo: ¿Qué prefieres, panes infinitos o dinero infinito?  
Autor: Milton R. Valtierra

Esta es una pregunta que se me ocurrió para exaltar un elemento del capitalismo que, al menos para mí, puede pasar desapercibido, aunque sea algo importante.

La cuestión va así: le preguntas a una persona qué preferiría, si tener panes infinitos o dinero infinito. La expectativa es que la persona elija el dinero infinito por la idea de que con eso puedes comprar panes infinitos, lo cual no es erróneo.

Sin embargo, la trampa de esta duda está en que viene una segunda parte donde se le comenta a la persona que la moneda que emplea dejó de usarse y, pues, ya no tiene valor. Justamente esta pregunta es para recordarme que lo importante para el capitalismo es el intercambio de bienes en sí, ya sean servicios u objetos, pero nunca se trató del dinero en sí.

Por lo que, si alguien contesta la pregunta con los panes infinitos, cuando le comentamos la segunda parte de la pregunta simplemente puede vender los panes a otro tipo de moneda que sí esté en circulación y ganar dinero infinito o incluso intercambiar directamente los panes por cualquier otro producto.

 
Título del trabajo: Al menos a mí me agrada esto en los “streams”.
Autor: Milton R. Valtierra

En algún punto en la cuarentena alguna que otra amistad me comentó que empezó a ser “Streamer”, o alguien que hacer transmisiones en vivo, donde en este caso en particular era jugar videojuegos, ya sea para matar el tiempo como para buscar ganar algo de dinero con ello. Sin embargo, después de ver algunos de sus videos, consideré un carácter que podría explicar la popularidad de esos formatos.

Al ver a una amistad mostrar su vivencia de cómo juega un juego, habla de una serie, etc., lo más llamativo de todo no era la cosa que exponía, sino que le imprimía su propia perspectiva, su personalidad, como ocurre al convivir con cualquier amistad donde hasta las cosas más comunes o aburridas pueden volverse muy divertidas.

Es como si pudiera contemplar la convivencia con esa amistad, y cuando llevo esta idea al mundo cotidiano donde todos estamos repletos de trabajos, no es tan seguro hacer reuniones por la pandemia o las diferentes circunstancias por las que las amistades se dejan de ver (falta de organización, distanciamiento, familia, etc.), comienzo a ver que esa vivencia de ver a alguien hacer algo como si fuera nuestra amistad llega a ser muy reconfortante. 

El poder ver cómo alguien actúa como nuestra amistad al hacer cualquier cosa siempre nos agradará, pues todos apreciamos y valoramos mucho esa convivencia humana.

Título del trabajo: ¿Una idea puede ser tonta y brillante a la vez?  
Autor: Milton R. Valtierra

Hay un momento en el programa llamado “31 Minutos” en el que se realiza una escena donde un personaje supuestamente está hablando con Dios y éste le comenta al personaje que puede darle o el conocimiento universal, o una súper alcancía. Al final el personaje elige la alcancía por el chiste de exaltar que es un torpe.

Sin embargo, la cuestión que pensé es que algunos filósofos podrían haber dicho que la mejor elección era la alcancía, por ser el conocimiento algo terrible y abrumador en grandes cantidades.

Así, la cosa curiosa es que la misma respuesta de elegir la alcancía puede tomarse como una elección tonta o brillante, pero ese juicio no tiene que ver con el acto en sí mismo, sino con el por qué se desarrolló ese acto, la justificación.

En ese sentido, ahora me pregunto qué tanto puede cambiar nuestra perspectiva sobre un asunto si sabemos las razones de las personas para desarrollar esos acontecimientos, ya sean actos ridículos, admirables, reprobables o comunes, y qué tanto nuestra perspectiva sobre esas personas terminaría cambiando por simplemente preguntarles por qué hicieron lo que hicieron.

Como dijo el “Agente Smith” en “Matrix recargado”: […] propósito fue lo que nos creó, propósito lo que nos conecta, propósito lo que nos impulsa, lo que nos guía, lo que nos controla, es el propósito lo que define, propósito lo que nos une”.

Título del trabajo: El bien y el mal según mi vecino. 
Autor: Milton R. Valtierra

Desde hace ya mucho tiempo me he encontrado un problema muy curioso con respecto al cómo decidimos actuar al vivir en comunidad.

Recuerdo que de niño se daban con mucha frecuencia situaciones donde se suponía que mis compañeros y yo no debíamos hacer una acción, como mentir, copiar en los exámenes, etc., aunque igual realizábamos actos malos y nos justificábamos entre nosotros con la idea de “pero los demás sí lo hacen”.

Al hacerme más viejo he encontrado esa misma lógica con algunas de las personas con las que convivo, aunque a veces bajo la forma de “si nadie más cumple eso, ¿por qué yo sí debo hacer eso?”, lo cual me parece muy curioso porque parecería indicar que no buscamos ser buenos o malos en sí mismo, sino que decidimos eso con relación a cómo actúan los demás.

Se me ocurría que esto puede darse por la idea de justicia, en el sentido de no considerar correcto ser bueno si los demás no lo son. Sin embargo, igual pensé que el decidir obrar bien no debería depender de qué hacen los demás, sino en seguir lo correcto porque en sí mismo es correcto.

Con esto llegué a considerar que a veces al querer uno hacer algo bueno debe enfrentarse a la sensación de ser la única persona que se complica la vida, así como también noté el peso que los actos de uno tienen sobre los demás, donde por simplemente nosotros una vez no seguir las reglas podríamos provocar que nadie más lo haga.

 Título del trabajo: ¿Quién soy si ya no recuerdo quién soy? 
Autor: Milton R. Valtierra

No hace mucho estaba viendo una serie donde un personaje secundario llega a perder la memoria, y durante muchos episodios se comporta de una forma completamente distinta a como era gracias a esa falta de recuerdos.

La cosa que me llamó la atención de esto es que en muchos episodios después ese personaje recupera su memoria y vuelve a actuar como era antes, pero si nos preguntamos si cuando no tenía recuerdos estaba actuando falsamente, entonces podemos encontrar una problemática con respecto a la identidad.

Si imaginamos que el caso del personaje que comento le ocurre a una persona real, pero ésta no llegara a recuperar su memoria e hiciera una nueva vida, la duda que tengo es si podemos considerar que esa persona sigue siendo ella misma. En el sentido de problematizar el considerar que la primera vida que tenía era algo así como “su verdadera personalidad” y esta segunda vida es una especie de falsedad, el qué tanto podemos o no descalificar que esta persona es otra distinta por formar una nueva vida, si sigue siendo la misma persona pero confundida o si sigue siendo la misma persona con una nueva vida.

Es decir, la duda que tengo es qué define quienes somos cuando de repente obtenemos una psicología distinta, ¿nuestra identidad está fijada sólo en nuestro cuerpo o en cómo actuamos en el mundo? En el primer caso, podemos considerar qué pasaría si pudiéramos tener un clon que sea genéticamente idéntico a nosotros, ¿ese ente es también nosotros aunque no tengamos una conciencia compartida? Y en el caso de la psicología está el problema que menciono de perder la memoria ¿si verdaderamente tengo una personalidad distinta de un día a otro, seguiré siendo yo o se me puede considerar otra persona?

Título del trabajo: Un peligro en las cosas de difusión. 
Autor: Milton R. Valtierra

Hoy me encontré un video de difusión de un canal educativo de “YouTube” llamado “TED-Ed” donde se hablaba un poco de lo que originó las ideas de los vampiros. La cosa curiosa es que hace mucho tiempo había visto un documental en el canal de “History” sobre el mismo tema, y aparte de encontrar interesante la diferencia entre ambos medios sobre qué información comentar, lo que me llamó la atención fue el tiempo que disponían.

En “History” se disponía de una duración de entre 30 minutos a 1 hora con el formato de una serie/ documental, mientras que el video de “TED-Ed” es de 7 minutos aproximadamente, con la intención de un trabajo de difusión, es decir, que sea lo más ligero y grato posible.

Con esa diferencia de tiempos es fácil ver que el documental de “History” permitía ver más elementos sobre el tema (dentro del interés en que se enfocaban, ya que el video hablaba en sí sobre criaturas mitológicas que consumían sangre y en el documental sólo desde la perspectiva histórica del vampiro), con lo cual al contrastarlo con el video noté que ambos me dejaban una sensación de “ya sé sobre el tema” que me pareció problemática.

Igual que cuando un profesor le dijo a mi grupo qué solemos hacer cuando vemos una palabra en español que no conocemos: la ignoramos y no buscamos más; así me parece que ocurre con la información, en el sentido de que nos quedamos con lo que conocemos y no buscamos más por nuestra cuenta. La cuestión es que si nos quedamos con la información que se puede comentar en 7 minutos, pues podemos suponer que no es mucho lo que aprendimos.

La intención de la difusión, entonces, está centrada en dar a conocer un tema y fomentar que uno desee investigar por su cuenta, sólo que se nos olvida lo segundo, pero es muy importante al menos exaltar a no olvidar que se puede saber más y que hay más que decir sobre un tema, para que la difusión no se convierta en un arma de doble filo que limite el conocimiento. 

Título del trabajo: “Moana”, “Atlantis” y la tradición. 
Autor: Milton R. Valtierra

En las películas animadas de Disney “Moana” y “Atlantis” hay una escena en común que me parece muy interesante:

En ambas películas se muestra un pueblo donde existe una norma o regla importante para la población que se termina desafiando. En el caso de “Moana” la regla que se tenía es que nadie pasara más allá del arrecife hacia el mar abierto, mientras que en “Atlantis” era que ningún extranjero podía llegar a la ciudad.

La razón por la que se desafían estas normas es lo que quisiera resaltar, ya que la justificación de seguir esas reglas era que ayudaba a mantener a salvo a los habitantes del pueblo, pero llega un punto en que las condiciones de la realidad hacían que fuera un suicidio mantener esas normas, ya que en ambos pueblos se experimentó una escasez de recursos.

Eso es lo que me pareció interesante: el choque que puede darse entre las costumbres y el mundo, ya que por las necesidades de ese momento se requería actuar de una forma distinta a como se ha hecho antes, pero aun así había personas que mantenían esas reglas por una perspectiva que ya no coincidía con el presente. A esto le podríamos agregar el detalle de que quienes proponen esos cambios son la generación joven y quienes mantienen el estilo de vida tradicional son la generación mayor.

Lo que encontraba es que es justificable la ruptura con las costumbres cuando la realidad que nos envuelve ya no coincide con la lógica de nuestras tradiciones, aunque parece que nos cuesta hacer esto por acostumbrarnos durante una vida entera a una forma específica de contemplar la realidad.

Quizás el problema puede ser que sea muy cómoda la costumbre, al fin y al cabo es algo que conocemos muy bien, mas si el costo de esa comodidad es ignorar hasta la falta de alimentos, tal vez sea necesario algo de incomodidad en nuestras vidas.

Título del trabajo: El milagro loco de la experiencia científica. 
Autor: Milton R. Valtierra

Estaba viendo diferentes cosas en la televisión, entre documentales, películas y series, pero hoy mismo noté un aspecto muy interesante con respecto al tema de la ciencia: en todos los programas que vi en la televisión donde hablaban sobre algún desarrollo científico describían que, gracias a un experimento, se logró encontrar una característica de una sustancia o la ley de un fenómeno que permitió el desarrollo de una nueva invención, teoría, mecanismo, etc.

La cosa curiosa que noté es que esos experimentos parecen ser lo más aleatorio del mundo. Por ejemplo, para desarrollar el caucho, se debía combinar la savia de un árbol (el látex) con azufre y luego calentar la mezcla, pero la persona que desarrolló esto probó durante años diferentes combinaciones, llegando muchas veces a la pobreza extrema por el costo de sus experimentos.

Inclusive muchos de los descubrimientos científicos más destacados provienen de accidentes, como la pólvora, la cual surgió como un intento por crear una posición que diera vida eterna que, al haberse calentado por accidente, ocasionó una explosión.

Para mí el desarrollo de la ciencia por la experimentación, sobre todo pensando en las épocas antes de disponer de grandes industrias y maquinarias, se volvió casi como ganar la lotería, porque es ridícula la suerte que uno debe tener  para combinar específicamente un objeto A con otro B, a la temperatura X para que logren C. Y claro, si intentamos infinitamente ganar la lotería, eventualmente la ganaremos, pero esos intentos cuestan mucho tiempo y recursos, a veces vidas enteras. 

Por eso aprecio mucho la suerte que hemos tenido al haber descubierto lo que hasta ahora tenemos con la ciencia, pero también me deja dudas como “¿qué otras combinaciones posibles no hemos probado?” o “¿qué otros resultados no hemos descubierto que podrían cambiarlo todo?”.

Es una buena motivación para investigar esto, saber que la experimentación es más complicada y dependiente de la fortuna de lo que creía me hace considerar qué ocurrirá si yo mismo combino cosas, aunque sea sólo para pasar un rato divertido, como ocurre al echarle leche a las monedas que, si mal no recuerdo, las decolora horriblemente.

Título del trabajo: El terco que sólo ve a otros tercos. 
Autor: Milton R. Valtierra

En alguna ocasión estaba realizando una actividad con mi progenitor y llegamos a un punto en el que no sabíamos bien qué teníamos que hacer para completar esa actividad. En su momento mi progenitor me propuso una idea de qué debíamos hacer, aunque a mí se me ocurrió otra, lo que ocasionó que durante un rato discutiéramos qué idea era la correcta.

Al final resultó que hasta cierto punto ambos teníamos razón, pero lo que más me llamó la atención fue que durante la discusión mi progenitor me llamó terco, aunque desde mi perspectiva parecía él el terco.

Al hablar tiempo después con un amigo de esto le comentaba que en el problema de quién era el terco había una cosa curiosa: para considerar que el otro era el terco teníamos que suponer que nosotros estábamos bien y que la otra persona no podía aceptar eso (lo que involucra que sí puede reconocer el porqué de nuestra idea y entender que sí es verdadera, si esto último no se da simplemente no nos entiende).  Sin embargo, esto también involucra que analizamos lo que dijo la otra persona y encontramos que no es tan eficiente su idea. Así, para saber que el otro era el terco y no nosotros, se necesita de la habilidad de análisis de uno para reconocer tanto nuestra idea como la del otro y encontrar que la nuestra es la correcta.

Ahora, lo que le comentaba a mi amigo es que, una vez que pensé lo anterior, consideré que había un problema muy feo con eso: lo que permite determinar que uno mismo o alguien más es un terco es la propia habilidad de análisis, el qué tan eficientes somos para analizar ideas de los demás y las nuestras, cosa que como tal no hay forma de revisar qué tan precisos somos, sino que es algo que sólo uno mismo puede saber.

Así, hay una línea extraordinariamente delgada entre reconocer que alguien más efectivamente está siendo terco o terca y que seamos nosotros los tercos o tercas, donde esa línea lleva consigo la pregunta “¿Qué tan bien estoy analizando tanto mis ideas como las de la otra persona?”, con todas las problemáticas para saber qué criterios usar y por qué, si juzgamos las ideas del otro como si fuera un desconocido aunque sea una amistad o un familiar, si estamos analizando con tanta rigidez nuestras ideas como lo hacemos con las de nuestro interlocutor, etc., cosas que tal vez si las habláramos con la persona con la dialogamos podamos considerar cuál es la más apropiada, pero que al final sólo nosotros mismos podemos contestar o ignorar estas ideas.

Título del trabajo: El arte de saber no estudiar. 
Autor: René Brondo Ricárdez

Mientras estudiaba sobre Nietzsche y su consideración de que en la filosofía no es necesario ser un lector asiduo, consideré lo estigmatizado que se tiene la imagen del filósofo absorbido por la burocracia, donde su actividad de reflexión se restringe bastante a la academia. Nietzsche no es que estuviera en contra de la lectura, pero consideraba vicioso al filósofo que se la pasaba leyendo, que para distraerse leía otras cosas y que sus respuestas eran como citas de los autores que estudiaba. Lo que eso provocaba era la figuración del filósofo como un erudito en materia de pensadores, pero no como un pensador propiamente.

La filosofía no debe limitarse a ser el estudio de lo que otros pensaron durante los aprox. 2600 años que tiene esta disciplina. La filosofía, como se ha hecho desde la escuela Jonia, es el estudio de la realidad y no el estudio sobre filósofos, aún si se ha hecho necesario un estudio que implica a su historia. De la misma manera, Nietzsche consideraba que había que estudiar la realidad (muy a su manera) pero para eso no era prioritario leer. Eso puede parecer curioso de alguien que estudió filología y que era conocedor de los clásicos como lo muestra su obra, pero la crítica que él hace es producto de sus reflexiones y no del recuento histórico de la filosofía.

Y aunque él no lo dijo, un atrevimiento nuestro podría ser pensar que ni siquiera es necesario estudiar filosofía en una universidad para llegar a ser un filósofo. Algunos de los filósofos que se estudian en las universidades ni siquiera tuvieron como carrera principal a la filosofía. Son ejemplos Malebranche, R. W. Emerson y Heidegger de aquellos que en primera instancia deben ser recordados como teólogos, pero también son ellos quienes hicieron mejores aportaciones a la filosofía en comparación con otros que sí estudian filosofía y solo se dedican a repetir que “solo sé que no sé nada”.

Es evidente que antes de la Edad Media no existían las universidades, pero los filósofos helenísticos o de la Antigua Grecia también llevaban una vida académica que exigía adentrarse en los polvorientos manuscritos. Aun así, quienes revolucionaron esta disciplina en aquellas épocas no eran los eruditos bibliotecarios, sino los que salían a hacer investigaciones de la naturaleza o diálogos fructíferos.

Esta reflexión no pretende desvalorizar el trabajo académico ni la importancia de la lectura, pero destaca que filosofar no se reduce al intelectualismo. No es necesario maximizar el índice de lectura del INEGI para tener mejores pensamientos, o estudiar una licenciatura en filosofía, pues teólogos principalmente, aunque igual matemáticos como Whitehead y profesionistas de otras carreras sean estas psicología, derecho, etc., han mostrado que la filosofía es una actividad de reflexión que permite racionalizar la realidad y que se alimenta a partir de nuevos planteamientos desde nuevos métodos que no se reducen a los libros de historia.

Título del trabajo: Lo llamo “El experimento de los ‘Hombres de negro’ ” 
Autor: Milton R. Valtierra

Recordé que una vez vi en el internet algún mensaje o imagen que decía “si uno hubiera visto un alienígena y los ‘Hombres de negro’ nos borraran la memoria, ni siquiera hubiéramos notado que ocurrió algo raro en nuestro día”.

Pero justo cuando recordé eso pensé en lo que involucraba en términos filosóficos la cuestión del “presente”, y fue así que decidí proponer este experimento mental:

Tomaremos como la definición del “presente” todas las ideas que tenemos y manejamos, no que hemos tenido, sino la vivencia de estar conscientes y entender lo que está pasando en una situación, el efectivamente poder pensar cosas, inclusive sobre qué hemos hecho y podemos hacer. Ahora, si los “Hombres de negro” hubieran borrado mi memoria de hechos presentes (porque técnicamente pueden borrar hasta años de recuerdos, así que lo limitaremos a sólo lo que estaba pasando en ese momento a máximo unos diez segundo antes) y me hubieran dejado en una situación que parece cotidiana para mí, sentiría como si nada hubiese pasado.

Eso me causa una duda con respecto al tiempo: la memoria que perdí era un puro presente, en el sentido de que no afectaron los recuerdos que tenía antes de ese día ni afectaron mi capacidad de pensar a futuro qué puede pasar, sólo atacaron las ideas que en ese momento estaba pensando, las que precisamente parecen estar desconectadas de mis recuerdos, pero precisamente por eso parece que no existe.

Es decir, ¿qué clase de presente vivimos si resulta que el presente no existe para nosotros? Casi para decir que lo que vivimos como “presente” se evoca o manifiesta en tiempo pasado, de ligarlo con todo lo que hemos vivido, y sin esa conexión simplemente no existe el “presente”, donde el mejor ejemplo es preguntarnos dónde está la frontera entre los recuerdos más nuevos que estamos formando y lo que está ocurriendo, dónde está la diferencia precisa entre el pasado y el presente. Como si lo único que sí experimentamos es el pasado, el cual puede llegar a ser tan reciente que parece que es el presente o a mostrar cosas tan repetitivas que nos permite predecir lo que ocurrirá y a eso le llamamos futuro.

Inclusive el cuestionamiento en torno al tiempo expuesto aquí puede extenderse a cómo una vivencia es importante para nuestras vidas. Si una experiencia no se relaciona mucho con otras, entonces no es tan importante, parece inexistente, como los múltiples viajes en camión que he hecho para llegar de un lugar a otro donde no pasa algo interesante en el camino. En cambio, cuando una experiencia sí afecta otras, como los “spoilers” que afectan toda la vivencia de una película, serie, libro, etc., entonces sí tiene un peso relevante para nosotros.

Comienzo a creer que también podemos extender esto a cómo algo deja de ser tan importante o especial en nuestra vida: pensando en que a alguien le guste mucho hacer una actividad X, si después de mucho tiempo esta actividad ya no tiene relación alguna con otras vivencias, entonces probablemente es ahí donde parece que ya no nos agrada tanto. Hasta parece aplicar a nuestro miedo de ser olvidados cuando muramos: si nuestra existencia deja de ser algo relevante para los demás, que al final sólo haya afectado a nosotros mismos, entonces parece como si nunca hubiéramos existido.

Las maravillosas ideas locas que pueden surgir de un solo experimento mental.

Título del trabajo: ¿Alguna vez te he contado cuál es la definición de locura? 
Autor: Milton R. Valtierra

Estaba viendo una ponencia de unas jornadas de filosofía que se transmitió por Facebook que hablaban sobre la educación en el nivel de preparatoria, donde en algún momento se comentó que se ven afectadas las áreas de humanidades, deportes y artes por la estructura oficial que busca que se gradúen la mayor cantidad de alumnos en el menor tiempo posible, pero esto no aplica para las áreas de ciencia y matemáticas. Con eso recordé que hasta en múltiples episodios de “Los Simpson” trataban esto y siempre ponían el panorama de que, a pesar de ese esfuerzo, la educación sólo empeora.

Ahora, lo que más me llamó la atención con este divague es el qué tanto parece que, por sentido común, tenemos una respuesta clara para nuestros problemas, y de una u otra forma siempre termina mal; que la respuesta que cualquiera podría considerar como la más obvia también puede llevar al resultado negativo que se pretendía evitar.

Tengo un amigo que en esta pandemia decidió volverse “Streamer”, o una persona que transmite en vivo cómo realiza una actividad, ya sea jugar videojuegos, conversar sobre un tema, tocar un instrumento, etc. -en el caso de mi amigo era jugar videojuegos- y él comentó que le habían recomendado que jugara los juegos más populares del momento para maximizar sus visitas.

Sin embargo, he querido preguntarle a esta amistad: “si estás actuando como todos los demás, o al menos como la mayoría actúa, y todos sabemos que lo que hace la mayoría siempre es burdo y predecible, ¿qué tanto realmente esperas sobresalir haciendo lo mismo?”

Principalmente veo como problemático que las acciones más comunes del sentido común para problemas recurrentes no solucionan los problemas, sino que inclusive esas acciones causan que uno se mantenga en el problema y nunca salga. La cosa curiosa es que, por alguna razón, no es tan obvio dar cuenta que eso ocurre, hay algo en la vivencia cotidiana que no permite ver con facilidad la contradicción que constantemente se vive.

En el videojuego “Far cry 3”, el antagonista, llamado Vaas Montenegro, tiene un diálogo muy famoso en la comunidad de videojuegos por servir mucho para memes, pero hoy lo menciono porque el terror que encuentro es que nuestra vivencia cotidiana sigue sus palabras:

“-¿Alguna vez te he contado cuál es la definición de locura? Locura es hacer exactamente la misma @#%& cosa una y otra vez, esperando que cambie una @#%&@#. Eso es demente. Pero la primera vez que alguien me dijo eso, no sé, pensé que me estaba @#%&@#%&@#%, así que boom, le disparé. La cosa es, ok, tenía razón, y luego lo empecé a ver en todos lados, en todos lados en esta @#%& @#%&@#, en todos lados hacían exactamente la misma @#%& cosa, una y otra y otra y otra y otra vez, pensando ‘esta vez va a ser diferente. No, no, no, por favor, esta vez va a ser diferente’ […] ¿Alguna vez te he contado cuál es la definición de locura?” 

Al final le hablé a mi amigo “Streamer” sobre este trabajo para una retroalimentación y me comentó que, al hacer algo una y otra vez, lo que se altera es la actitud de uno, pero eso no ayuda porque no es una real diferencia, sólo creemos que sí.

Título del trabajo: De la religión virtualizada. 
Autor: René Brondo Ricárdez

Moisés tuvo su revelación en los oscuros desiertos del Sinaí. Gautama dejó la comodidad de los príncipes de Shakya. Los valdenses, como si fuera el deber de un monasterio, vivieron en las montañas cual agricultores que se niegan a sí mismos. Todos ellos alejados de los cómodos beneficios, no solo de la vida moderna, sino de la vida que se virtualizó a causa de la tecnología. La vivencia del espíritu se ha forjado en la adversidad así como se prueba al oro por medio del fuego.

Un convento infunde el anhelo por una especie de negación de los placeres que permite sentir lo divino, pero hoy ese encierro incluye a la misofobia o miedo a los microorganismos ante una pandemia, por lo que, aunque la cuarentena haya dado apertura al aislamiento religioso, no se caracterizó por ese fomento; sin embargo, se observó una nueva forma de gustar el Infinito, de religar. Pues la tecnología se hizo el médium de la experiencia mística: predicaciones a distancia, una adoración que depende de la señal de Internet. Los antiguos pergaminos de letra viva y sagrada ahora compactados en una tablet, seguir a un guía espiritual se hace con un “follow” y “subscribe”, a las señales del cielo los fieles las llaman satélites, el espíritu es el que todo lo discierne, ¿o será Google?

Se pudiera hablar de un acercamiento a la información ilimitada, del alcance en hertzios de alguna doctrina, pero, ¿ayuda a la experiencia religiosa? La contemplación también se hace tecnológica. ¿Cómo pausar ahora a la modernidad? Los judíos saben que las fiestas religiosas son el descanso ante el trabajo de siervos para admirar las cosas celestiales pero desde la naturaleza y no en una pantalla, es decir, debe ser la actividad edificante en un entorno familiar y natural conforme a la tradición. Esto también provoca que la experiencia se haga perezosa ante las barreras de un monitor que disminuye la emoción por la eternidad. Se pierde el tacto humano del cariño y el saludo que dice “paz”. Ante tal escenario, el oro no se estaría probando en adversidades del mundo real, porque a este lo sustituyó la realidad virtual. Parece muy cómodo afrontar incluso la vida espiritual desde el celular, pero no se intensifica lo íntimo del misticismo. Es incomparable con la vivencia de migrantes que, por 40 años, aguardaron por una promesa desde desiertos y guerra, no para dormir sus sentidos con los medios de comunicación y el ajetreo moderno, sino para que en campos de verdes pastos los hagan descansar. ¿Es, entonces, la pandemia una verdadera oportunidad para forjar al espíritu, o la “nueva normalidad” donde todo lo digital le cierra el camino al místico?

Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.

Para esta edición en particular queremos darnos el lujo de mencionar los nombres de las personas que participaron en el proyecto. Primeramente está Daniel Alberto García Cervantes que sin su apoyo en la revisión de los trabajos no se hubiera podido lograr algo, y a René Brondo Ricárdez, quien se dio el tiempo para redactar e enviar sus trabajos a este proyecto.

También nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.

Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos. De verdad muchas gracias.

Baruch Spinoza, “Ética demostrada según el orden geométrico”.

G. W. F. Hegel, “Fenomenología del espíritu” (Advertencia: este libro es ridículamente complicado y confuso).

Henri Bergson, “Materia y memoria”.

Jean-Paul Sartre, “El existencialismo es un humanismo”.

Karl Marx, “Manuscritos de economía y filosofía”.

Ludwig Wittgenstein, “Investigaciones filosóficas”.

Walter Benjamin, “Comer” y “Crónicas de Berlín”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *