Revista de difusión de filosofía

Prólogo
La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo de difusión de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente, quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión que efectuamos y algunas de sus características.
En pocas palabras, queremos mostrarles que la filosofía no son frases llamativas, sino que es el proceso entero de ver un problema, pensar y luego proponer una solución que nos deje una sensación de “No lo había pensado de ese modo”.
Índice
Introducción: ¿Qué hay en estas hojas?
Seguridad o libertad, he ahí la cuestión.
La cortesía no niega la hipocresía.
Tal vez la felicidad nos hace ingenuos.
¿Y si los problemas relativos se pueden tratar objetivamente pero necesitan paciencia?
El mundo se siente más ligero si no sentimos la obligación de millones.
El problema de un mundo “justo” contra uno “humano”.
¿Qué hace diferente lo escrito de lo dicho?
La maldición de la 1ra vez.
¿Es por culpa del sistema o somos muy débiles?
¿Somos herederos del lugar donde nacimos sólo por nacer?
El mejor momento para filosofar es cuando nadie quiere hablar.
¿Por qué es sabio el pueblo, pero no es el pueblo sabio?
La inmersión en la ficción.
La tecnología facilita investigar, pero no reemplaza a la reflexión.
La sirenita; mito o realidad del lenguaje.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
¿Qué hay en estas hojas?
Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que estudiantes de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este quinto volumen.
Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.
Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.
En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado.
Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.
Título del trabajo: Seguridad o libertad, he ahí la cuestión.
Autor: Milton Valtierra.

En algún momento noté que la seguridad y la libertad se desarrollan de manera inversamente proporcional. En otras palabras: mientras haya más de una, habrá menos de la otra.
En el caso de la seguridad y libertad podemos notar fácilmente que si uno no pudiera hacer nada, como si estuviéramos encerrados en uno de los clásicos cuartos acolchonados de los manicomios con camisas de fuerza y un casco, podríamos ver que efectivamente no nos ocurrirá algo malo, estaremos completamente seguros contra accidentes por ejemplo, aunque no podemos hacer casi nada. Mientras que pasa lo contrario cuando podemos hacer lo que queramos, ya que ahí las posibilidades de lastimarnos aumentan extraordinariamente.
Por esto mismo, cada vez que escucho problemáticas con respecto a la seguridad de una ciudad, por mencionar un caso, me llega a la cabeza esta cuestión y me preguntó ¿qué costo a la libertad implicaría más seguridad?, así como lo contrario cuando el problema es sobre querer más libertad.
Título del trabajo: La cortesía no niega la hipocresía.
Autor: Milton Valtierra.

No hace más de algunos años presté atención a un problema interesante que me ocurría cada vez que conocía a una nueva persona o iba a algún lugar como por ejemplo a un restaurante, un cine, o a una librería: cuando una persona es cortés conmigo, ¿cómo sé que la persona es amable en sí o que sólo actúa así por modales?
Me di cuenta de que como tal no era posible hacer esta distinción sin interactuar mucho más tiempo con las personas; sólo al conocer bien a la gente se puede saber si genuinamente es amable o no. Por esto encontré que en sí mismo la amabilidad, la cortesía o los modales siempre llevan una especie de duda que ellas mismas no pueden responder sobre cómo en verdad es la persona.
Esta reflexión no implica que no haya un valor al comportarnos siguiendo estas normativas, pero sí quieren hacer exaltar que seguir estos comportamientos no nos permiten determinar de manera clara algunas cosas.
Título del trabajo: Tal vez la felicidad nos hace ingenuos.
Autor: Milton Valtierra.

Me sorprendió la coincidencia de cómo en dos películas infantiles animadas, “Angry Birds” y “Trolls”, se plantean que, debido a que una comunidad buscaba siempre pasarla bien o en fiestas, ocurrieron cosas muy terribles.
En el caso de “Angry Birds” todos los huevos de las aves fueron robados, el secuestro completo de la nueva generación. Mientras que en “Trolls” fue el secuestro de algunos de los habitantes del pueblo que eventualmente llevó al secuestro masivo de toda la aldea.
Al final todo salió bien, pero eso no quita la coincidencia curiosa de cómo las fiestas y la diversión trajeron tragedia.
Parecería que buscar siempre la felicidad causa que uno esté menos atento a lo que nos rodea, ya que incluso los ambientes de fiesta involucran estar rodeados de estímulos que limitan mucho saber qué está pasando.
Con esto no intento decir que debemos tenerle miedo al mundo, pero sí me parece importante no buscar siempre la felicidad y de vez en cuando aceptar las cosas tristes. Tal vez el problema es que no tenemos una cultura para acercarnos a la tristeza de manera grata. Los griegos, por ejemplo, hacían obras de teatro tristes llamadas tragedias para purificar las emociones, lo que se conoce como la catarsis.
Tal vez sea conveniente acercarnos a la tristeza de esta forma, con el fin de sentir estas emociones de forma saludable para no dejarnos llevar por buscar siempre la felicidad y con ello dejar de prestar atención a lo que nos rodea.
Título del trabajo: ¿Y si los problemas relativos se pueden tratar objetivamente pero necesitan paciencia?
Autor: Milton Valtierra.

Hablaba con un amigo con respecto al tema de lo justo. Recuerdo que él comentó que, al ser la justicia un problema diferente a los que trata la ciencia, terminaba siendo algo relativo que, por eso mismo, causa tantos problemas.
Yo le comenté a mi amigo que, sin importar que no podamos tratar de manera objetiva problemas como la justicia, eso no justifica que estemos condenados a que cada quien entienda lo que quiera con respecto a lo justo, pues debido precisamente a esa falta de objetividad es que tenemos la opción de establecer entre todos una definición a la medida de nuestras necesidades.
Es decir, nada impide que establezcamos o propongamos una definición que satisfaga a todos y, si bien no podemos pedir que para toda situación funcione, sí podemos esperar que ayude para la situación particular para la que se propone. El único inconveniente es que, para llevar a cabo esto, es necesario algo de tiempo para explicar y detallar las ideas, lo cual es actualmente un problema porque un buen ejemplo de la impaciencia que tenemos es que en general no nos agradan los mensajes largos, y si ni siquiera podemos leer o escribir más de un párrafo, mucho menos podremos hablar calmadamente de un tema por más de 5 minutos. De hecho, mi amigo envió la imagen del inicio cuando escribí un párrafo largo donde explicaba justamente esto.
Como corolario o una idea derivado de lo anterior, podemos enfrentar problemas que parecen relativos con algo de lógica y tiempo, sólo que se requiere algo de paciencia para eso, así que si no aprendemos a esperar, no tendremos oportunidad de entendernos con los demás.
Título del trabajo: El mundo se siente más ligero si no sentimos la obligación de millones.
Autor: Milton Valtierra.

En un videojuego me presentaron la situación de estar en una isla con unas cuantas otras personas que ya habitaban ahí. En algún punto dejé de jugar y consideré que era una situación muy agradable, ya que el único problema que tenían los personajes era conseguir comida, lo cual no era muy difícil de lograr, y el resto del tiempo era para hacer lo que uno quisiera.
Si bien podríamos decir que no se podía hacer del todo lo que uno quisiera por no haber muchos elementos técnicos en la isla como aparatos eléctricos, más personas para jugar algún deporte o viajar a otro lugar, particularmente la libertad que consideré era con respecto a no tener obligaciones más allá de uno, pensando en ejemplos como el trabajo, ya que uno sólo requiere un empleo para obtener dinero y con ello comprar alimentos y asegurar un hogar, pero como tal lo importante son los alimentos y el hogar, no el trabajo en sí.
Es decir, en la isla había tan pocas personas que las obligaciones de cada una se enfocaba en lo más básico y necesario, no se requería de complicaciones mayores como las que experimentamos en la vida diaria con respecto a estudiar una carrera, pagar impuestos, preocuparnos por si la foto que publicamos en una red social salió bien, etc. La libertad de no tener un sistema de obligaciones más allá de uno mismo.
Así fue como llegué a considerar que sí es un poco asfixiante vivir en una sociedad tan interconectada como la nuestra, por poder rastrear que tenemos muchas limitaciones que vienen de millones de personas con las que no interactuamos directamente, pero sí influyen en nuestra vida.
Título del trabajo: El problema de un mundo "justo" contra uno "humano"
Autor: Milton Valtierra.

En algún momento les comentaba a algunas amistades sobre un problema muy curioso que me encontré:
Si imaginamos que en una fábrica hay dos empleados donde uno de ellos trabaja más que el otro, podemos considerar como algo justo que el trabajador que se esfuerza más gane más que el que no. Sin embargo, ¿qué ocurre si consideramos que les paguen igual de bien a los trabajadores sin importar su esfuerzo?
Sin interesarnos en una problemática sobre el comunismo, lo que me encontré pensando en esto fue que en la situación más “justa” se sigue una lógica de acción y consecuencia, se valora el desempeño de las personas; mientras que en la situación “injusta” se sigue una dinámica donde se procura cuidar algo, a saber, que se quiere garantizar que las personas estén bien, como ocurre cuando a los niños los mantienen sus padres.
A primera vista parece muy grata una vivencia “justa” ya que establece que uno recibirá algo bueno o malo dependiendo de sus actos, aunque la dinámica “injusta” es mucho más cómoda porque lo importante es que las personas estén bien sin tomar tanto en cuenta que logren cosas. Esto me llevo a considerar que, si bien la dinámica “injusta” es más humana, como no es algo que nos parezca tan intuitivo como lo “justo”, sería muy difícil que socialmente se llegue a un cambio así.
Se dice en la película de “Matrix” que la primera realidad virtual construida por las máquinas para que la humanidad habitara era perfecta, y aun así las personas la rechazaron. Tal vez pasó algo como lo que encontré en este problema: puede que podamos tener una vida más humana, pero involucraría cosas que no nos parecerían tan justas y, por eso, es una realidad que no nos agrada tanto.
Título del trabajo: ¿Qué hace diferente lo escrito de lo dicho?
Autor: Milton Valtierra.

En muchas ocasiones he hablado con amistades y familiares sobre cómo la gente interpreta un mensaje escrito a uno hablado. Dejando de lado cualquier problema con los signos ortográficos, usualmente el mismo mensaje parecer tener un sentido o “vibra” diferente si se lee a comentarlo, pero si el contenido del mensaje no es lo que causa esto, ¿por qué el medio de transmitir la idea sí altera la interpretación?
Cuando me puse a pensar en esto detenidamente, me di cuenta de que en la cotidianidad detectamos más símbolos y significados de los que creemos. Por ejemplo, al ver un color directa o indirectamente también nos trae ciertos significados, como al ver el rojo en las señales que nos trae a la mente la idea de un peligro. Esto mismo se aplica a muchas otras sensaciones como los sonidos.
Así, al comparar un mensaje que se escribe contra uno que se dice en persona, aunque sean como tal el mismo enunciado, podemos decir que hay más elementos en el mensaje oral que en el escrito, como el tono de voz, la mímica que use la persona, la velocidad en la que se dice, etc., de lo cual podemos sacar de todo ello más detalles sobre el mensaje, ya sean importantes como si no.
El filósofo griego Sócrates decía que la palabra escrita estaba muerta en contraste con la que se dice, podríamos decir algo similar aquí: al tener algo escrito, no encontramos tantos simbolismos sobre la idea como lo fuera en persona, en lo escrito hay un contexto menos detallado que en lo oral por faltarnos esos sutiles elementos extras en el mensaje a los que estamos acostumbrados. Lo que causa que, para bien o para mal, a veces haya más “libertades creativas” de cómo interpretar un mensaje escrito para que esté igual de definido que un mensaje oral, lo que puede ocasionar que la gente entienda cosas distintas.
Título del trabajo: La maldición de la 1ra vez.
Autor: Milton Valtierra.

Con el paso de los años se puede aprender lo pesado o importante que puede ser la primera experiencia que uno tiene de cualquier cosa. Por ejemplo, tanto una amistad como yo hemos experimentado el encontrar insectos en alguna comida nuestra, sólo ha bastado ese primer encuentro para que, desde ese día, tanto mi amigo como yo siempre inspeccionemos primero la comida antes de comerla.
Otros ejemplos interesantes son cuando uno quiere probar una actividad nueva y sale bien o mal. Cuando sale mal, como cuando uno se aventura a algo como ciclismo de montaña y sufre un accidente, puede ocasionar que nunca más se quiera volver a intentar esa actividad. En cambio, cuando sale bien puede ser cuando uno introduce a alguna amistad o familiar a un hobby que resulta agradarles, por lo se deciden querer realizar más veces esa actividad.
Finalmente un último ejemplo es cuando uno aprende a realizar algo de una determinada forma y no se busca cambiar inclusive si hay técnicas más eficientes, como acostumbrarse a utilizar siempre el ratón de la computadora, aunque uno puede aprender algunos comandos con teclas que agilizan todo y no son muy complicados.
En fin, todos estos casos me hicieron darme cuenta de que pareciera que las primeras experiencias en algo son como una especie de maldición, ya que te perseguirá esa vivencia por el resto de tu vida sin que uno pueda cambiarla, por lo que si uno tuvo una vivencia mala estará condenado o condenada a siempre recordarlo.
Sin embargo, sí es posible hacerle frente a esas primeras vivencias, por lo que he visto y me han contado no es tan sencillo, pero sí hay posibilidad. Aunque para lograrlo requerimos enfrentar ese recuerdo y volver a intentarlo con una actitud de aprendizaje. Tal vez eso es demasiado pedir en algunos casos o parecería innecesario en otros, y justamente estas cosas muestran lo difícil que enfrentarse a nuestras costumbres.
Título del trabajo: ¿Es culpa del sistema o somos muy débiles?
Autor: Milton Valtierra.

Dicen que las cosas están tan mal porque el mismo sistema está mal. A veces por “sistema” se refieren a la estructura política de un país, a la economía, a la cultura, o incluso a la naturaleza en sí.
Sin importar estas diferencias de sentido para la palabra “sistema”, todas apuntan a que hay una serie de reglas alrededor nuestro que nos empujan a hacer cosas malas o que evitan que hagamos todo mejor. Sin embargo, pensé en una duda inspirada en mi propio orgullo: ¿realmente no podemos hacerle frente al sistema?
Si aceptamos que el “sistema” es el responsable de todo, parece esto implicar que como personas somos incapaces de pensar por nosotros mismos, que dependiendo de cómo nos organicen y ordenen es que las cosas van a salir bien o mal. Al considerar esto me pareció incoherente aceptar que el “sistema” es el culpable de todo, pero si la culpa no es del “sistema”, entonces son las personas las que parecen ser los responsables, al menos en el sentido de no actuar de una forma mejor y simplemente dejarse llevar por estas reglas externas.
Si bien es cierto que hay encima de todos una especie de presión de un “sistema”, como la misma presión social que todos hemos experimentado alguna vez, esto no significa que no podamos cambiar al mismo “sistema”, de hecho las costumbres o normas que nos rodean son muy maleables porque provienen de la actitud de las personas. Sin embargo, estos cambios sólo se harán hasta que la mayoría de la población se haga responsable de manera completa de sí y de los demás, lo que es más difícil de lo que parece por implicar muchas incomodidades y enfrentar cosas muy tristes de cada uno.
Podríamos decir entonces que, el día en que podamos pensar y actuar por nosotros sin dejar de prestar atención a los demás, podremos cambiarlo todo porque todos estaremos involucrados en lograr esto.
Título del trabajo: ¿Somos herederos del lugar donde nacimos sólo por nacer?
Autor: Milton Valtierra.

Creo que no es tan sencillo decir que uno vive según la cultura de su país de origen. Esta idea me surgió por anécdotas de varias amistades que nacieron en un lugar pero vivieron y se criaron en otro, que pasaron toda su vida en una región y luego se mudaron a otra o que no se sienten muy identificados con la cultura de su hogar y preferirían vivir en otro sitio.
En mi caso, yo nací en Guanajuato, aunque realmente hay varias costumbres y referencias históricas o culturales del estado que no conozco bien, y lo mismo aplicado para el país. Me di cuenta de que sólo si me diera el tiempo de aprender estos detalles podría decir que conozco el lugar de donde vivo.
Con esto en mente, me encontré un problema interesante: ¿cuántas veces se me ha enseñado algo sobre el lugar en donde vivo? Aparte de las clases de historia en la escuela, en general recordé que se me enseñaban cosas muy distantes al lugar donde vivía, como matemáticas, ciencia, la historia de Europa, etc. Me di cuenta de que hay muchas cosas que aprender de tantos lugares, que parece que se debe dedicar la vida a conocer un lugar a costa de no poder vivir para uno mismo.
En ese sentido, no está mal que las nuevas generaciones conozcan más de otros lugares que de su propia cultura, o al menos es lógico, ya que cotidianamente no se habla de las costumbres, sino de lo que pasa actualmente en el mundo. Además, no por aprender de un país extranjero significa que ya somos herederos de ese lugar y traidores del país natal, pues no existe una prohibición para aprender cosas, así como también no por nacer en un lugar se implica que de manera natural aprendamos todo de éste porque sí, es necesario darle el tiempo y el esfuerzo que toda cultura merece para conocerla y sentirnos parte de ella.
Existe una frase que decía “Soy humano, nada humano me es ajeno”, tal vez podamos complementarla aquí agregando “pues si podemos aprenderlo, entonces somos dignos herederos de ello”.
Título del trabajo: El mejor momento para filosofar es cuando nadie quiere hablar.
Autor: Milton Valtierra.

Recuerdo que en muchas de las ocasiones en donde mi familia me regañó o se molestó conmigo eran justo cuando ocurrían situaciones muy interesantes para analizar filosóficamente, ya que se presentaba de manera directa un problema que daba cuenta de algún carácter o idea que causaba una contradicción con las demás consideraciones cotidianas que tenemos. Otro ejemplo más obvio donde ocurre lo mismo es cuando se viven situaciones de carácter negativo fuerte, como una ruptura amorosa, el fallecimiento de algún ser querido, el vivir una experiencia traumática, etc.
Ahora, por obvias razones nadie quiere dialogar o reflexionar en esos momentos, y me parece que precisamente esa puede ser una de las mayores dificultades que enfrenta la filosofía o el pensamiento crítico en general: el tener que hacer frente a las situaciones negativas y el tratar de hablar con los demás sobre éstas.
Si bien algo que parece desalentar el querer escuchar el desarrollo reflexivo que sigue el proceso de filosofar es que éste no busca del todo solucionar una situación, en el sentido de establecer firmemente qué debe y no debe hacerse, lo cual hace parecer este ejercicio inútil o impráctico, la cosa es que muchos de esos problemas como tal no tienen solución porque no son problemas del todo, no son cosas que podamos resolver, sino accidentes o inconvenientes que ya pasaron, ya ocurrió y lo que nos duele es que no se arreglan como tal, sino que sólo se carga con ellos.
Justamente eso es lo que permite entender mejor la filosofía y el pensamiento crítico en general: mostrar que el dolor proviene de considerar que la realidad debe ser de una determinada manera, una manera que a veces no se cumple, pero que igualmente existen múltiples formas más de vivir que podemos reconocer y desarrollar, que no debemos estar atados a una única e insoportable perspectiva de la realidad.
Para el sentido común todo pensamiento crítico es algo que se prefiere evitar por ser aburrido y recordar cosas tristes, pero sólo al pensar en estas cosas se puede dar cuenta de otras posibilidades, ya que las acciones no pueden resolver estas tristes situaciones porque en sí mismas no tienen solución. La fuerza de la acción práctica del sentido común es inútil frente al dolor emocional porque no hay acciones que lo reparen, sólo son ideas de cómo es la realidad; únicamente el pensamiento crítico, como el que desarrolla la filosofía, se adentra en esas consideraciones para saber llevarlas, e incluso cómo se puede cambiar la realidad.
Título del trabajo: ¿Por qué es sabio el pueblo, pero no es el pueblo sabio?
Autor: Milton Valtierra.

En algún momento hablaba con una amistad sobre el sentido común, específicamente sobre cómo esperamos que todos los habitantes de una región cultural actúen, piensen, se expresen, etc., bajo ciertas situaciones. Mi amistad consideraba al sentido común como la voz de la razón que, después de que pasa el evento, nos dice cosas como “debiste haber y no haber hecho esto”, “es obvio que debiste haber dicho esto y no esto”, “fue muy malo lo que hiciste”, etc.
Sin embargo, yo le comentaba que a mí me parece que el sentido común nos muestra esa perspectiva práctica pero también las consideraciones no tan útiles. Por ejemplo, cuando uno tiene un trabajo final que termina dejando hasta el último día, una primera perspectiva del sentido común podría ser el exaltar que obviamente es malo dejar las cosas hasta el final, aunque también podemos considerar que, cuando teníamos tiempo, es también parte del sentido común considerar que no es todavía tan necesario hacer el trabajo por quedarnos tiempo.
Esta incoherencia me llamó la atención ya que me recordó a una situación llamada “sabiduría del pueblo”: se dice que cuando hay un problema como adivinar cuántos dulces hay en un frasco, si se les pregunta a muchas personas y se saca un promedio de sus respuestas, el resultado es ridículamente cercano a la respuesta correcta. Se dice que esto ocurre porque entre las respuestas de las personas hay opciones muy exageradas en sentidos opuestos, en el caso del ejemplo de los dulces se proponían cantidades muy pequeñas y muy grandes, las cuales se equilibraban entre sí y dan una estimación más balanceada.
Trayendo esto al problema del sentido común, se me ocurrió que puede que ocurra algo parecido. Usualmente la respuesta sabia del sentido común se dice o se toma más en serio ya después de que ocurrió un evento en que nos sale algo mal, mientras que la propuesta no tan práctica del mismo sentido común aparece al momento en que vivimos la situación. Así, pensé en que el sentido común puede parecer contradictorio porque nos muestra dos perspectivas: una a nivel de todos los errores que comúnmente se han cometido, que es la sabia, y la otra es la idea obvia que consideramos en el presente cuando no sabemos del todo qué podría pasar, que es la ineficiente.
Es decir, el sentido común posee una gama de consideraciones sabias y prácticas a nivel general porque éstas son posibles gracias a las vivencias individuales en las cuales no sabemos bien qué ocurre, es por esto que, a pesar de que en un lugar haya dichos populares muy útiles, en la vivencia cotidiana no se siguen del todo porque a nivel individual no disponemos del conocimiento de lo que han vivido las otras personas.
Es sabio el pueblo porque dispone de todas las experiencias particulares de los habitantes, pero el pueblo no es sabio porque individualmente los habitantes sólo conocen sus propias experiencias.
Título del trabajo: La inmersión en la ficción.
Autor: Sergio Armando Ramos Rocha.

El otro día al estar jugando con mi hermano Red Dead Redemption II comentamos cómo el movimiento de las cosas en ese juego es bastante lento y pesado en comparación a otros juegos, y hablamos que a raíz de eso el juego se siente inmersivo ya que tiene un enfoque muy foto-realista. Esto hizo que me preguntara a qué nos referimos cuando hablamos de la inmersión en una obra de ficción.
Cuando hablamos de inmersión por lo general nos referimos a aquello a lo que nos hace adentrarnos a la ficción como si fuera real, como si realmente estuviera pasando. Esto lo podemos ver con cualquier medio de entretenimiento, por ejemplo: con los libros, series, películas, juegos, etcétera. A pesar de que nada de lo que está sucediendo dentro de la ficción sucede en realidad, la ficción está hecha de tal forma que a nosotros como espectadores nos importe lo que sucede y hay una reacción emocional por nuestra parte. La pregunta aquí sería ¿por qué nos impacta de esa forma la ficción? ¿Qué es lo que tienen todas estas historias y sucesos que nos mueven, ya sea sacando sonrisas o lágrimas?
La forma en que la ficción nos es presentada es un elemento importante, quizá el más importante, ya que de ahí depende cómo vayamos a reaccionar. La presentación busca un espectáculo, algo que sea sorprendente y lo podemos observar en obras más elaboradas como una novela o una película, hasta en cosas tan sencillas como un chiste o una anécdota.
A veces preferimos que una persona en particular cuente una anécdota o un chiste justo por la forma en que las cuenta: la entonación de su voz, los ademanes que hace, las pausas que hace entre oraciones, entre otras cosas. Todo eso son técnicas para construir el interés dentro de una historia, incluso si es una tan breve como una anécdota, y si bien una anécdota es algo que se supone sí sucedió en realidad, la forma como es contada es en parte lo que llama la atención, aunque claro que mientras los sucesos sean más extraordinarios la anécdota es más interesante.
El rompimiento de lo ordinario podría ser otro elemento que destaque, ya que todo lo que es entretenido es lo opuesto de ser aburrido u ordinario, y si en una historia los sucesos pueden ser tan extraordinarios que hasta llegan a lo irreal, no dejan de ser entretenidos justamente porque rayan en lo absurdo. Obviamente dependiendo de cómo se manejen estos sucesos el efecto que causa en el espectador puede variar, a veces pueden generar asombro porque es algo que es sorprendente y todavía sentirse coherente. Por otro lado, si los sucesos son tan incoherentes, exagerados y absurdos, puede generar desagrado o incluso risa.
El tema es bastante extenso como para tener una respuesta en menos de una cuartilla, pero creo que sería adecuado que cuando en algún evento, sin importar que fuera real o ficción, si hay algo que mueve emocionalmente a las personas, se pusieran a reflexionar qué fue y por qué, no importando tanto que sepan responderlo. La reflexión sobre aquello que nos impacta puede generar cierta sensibilidad hacia otros y hacia uno mismo.
Título del trabajo: La tecnología facilita investigar, pero no reemplaza a la reflexión
Autor: Milton Valtierra.

Tal vez si no tuviéramos las facilidades que las máquinas nos propician sabríamos mucho menos de la realidad de lo que creeríamos. Esta fue la idea que se me presentó al ver una escena de la película “El Planeta de los Simios: Confrontación”.
Después de que una pandemia había devastado a la población humana, los simios super inteligentes se vieron beneficiados por este suceso al permitirles no ser buscados por los humanos y desarrollarse como una pequeña comunidad. Lo que me llamó la atención para esta reflexión fue el momento en que uno de los simios le pregunta a otro si quedarán todavía humanos vivos o si ya habrán muerto, ya que llevaban algunos años sin saber de ellos.
No era tan fácil para los simios dar una respuesta concreta a esa duda porque no les era muy sencillo averiguarlo. Ya habían aprendido a montar a caballo, pero eso no hacía más fácil la tarea de investigar el resto del continente, por ejemplo. Es decir, gracias a sus limitaciones tecnológicas había cuestiones o planteamientos que no les era posible tratar, incluyendo otras cosas como profundizar en la medicina, entendimiento de los fenómenos climatológicos, sobre sustancias químicas peligrosas de las ciudades humanas, entre otras.
Sin embargo, uno de los simios protagónicos sí entendía varias cosas del mundo, en parte por haber sido educado por humanos, pero también debido a que era muy sabio, lo suficiente como para usar la lógica para entender lo que pasaba y el porqué de las cosas.
Consideré que eso es lo que pasaba en sociedades antiguas como los griegos del 500 A.C., donde la gran mayoría de la población consideraba que el mundo se regía por magia y caos, aunque había personas como los filósofos que pudieron entender mejor algunos aspectos del mundo que les rodeaba sólo con reflexionar y hacer algunos cálculos matemáticos.
La facilidad que nos ofrece la tecnología para tener imágenes satelitales, por ejemplo, ha hecho que la mayoría de la población se convenza de que la tierra no es plana, por lo que podemos decir que gracias al avance tecnológico es más fácil entender el mundo. Sin embargo, la reflexión y la lógica no necesitan esperar tanto a que la tecnología señale qué se puede o no saber, sino que puede adelantarse sin problemas.
Un filósofo alemán llamado Hegel consideró que, dicho de una forma muy sencilla y resumida, conforme la humanidad en general tuvo más experiencias en el mundo, ésta pudo comprender mejor sobre sus propias limitaciones y las del mundo por la negación de expectativas de qué podíamos y no podíamos hacer, lo que dio paso a mejores hipótesis de qué podíamos crear, considerar, investigar, etc.; que el pensamiento humano alteraba el mundo. En cambio, Marx propuso que era al revés, era la posibilidad de interacción con el mundo lo que definía al humano, ejemplificado con cómo la forma de producción de una sociedad moldeaba la forma en que ésta se comportaba y veía la realidad; que el mundo es el que altera al humano.
Al ver esa película y detenerme a pensarlo creo puedo proponer que lo que dice Marx es cierto para quienes no se interesan en practicar la lógica y la reflexión, mientras que lo que plantea Hegel parece adecuarse a las mentes inquietas que no dejan de pensar en todo.
Tal vez justamente por eso Marx propuso la frase: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Son los filósofos y cualquier persona que se desenvuelva críticamente los que pueden cambiar al mundo en lugar de esperar a que las máquinas nos permitan lograrlo.
Título del trabajo: La sirenita; mito o realidad del lenguaje.
Autor: María del Carmen Almanza Centeno

Viendo un video de Dalas Review sobre el polémico tema del live action de “La Sirenita”, hubo un punto en particular que llamó mi atención; cuando Dalas citó un tweet que decía lo siguiente:
“Ariel no existe. No es blanca. No tiene el pelo rojo. Las sirenas no son reales. La sirenita de Disney no es una idea original. El cuento de Hans Christian Andersen tampoco. Es la adaptación de un mito. Y tú rechazo a la Ariel negra es la expresión de algo real: tu racismo”.
Pensemos en cómo este tweet puede ser fácilmente debatido utilizando como argumento lo que Bertrand Russell menciona en su artículo “Descripciones”. Russell nos da un término llamado aserción significativa, el cual hace referencia a todo aquello de lo que ya tenemos un concepto bien definido; por ejemplo, sabemos lo que es un unicornio aun cuando estas criaturas no existen en el mundo material. Lo mismo puede ocurrir con las sirenas. Estos seres mitológicos pueden no ser reales en el mundo real, no obstante, el concepto que la humanidad ha creado a raíz de ellos sí existe a través del lenguaje.
La molestia de algunas personas seguidoras de la película no tiene que ver con creencias racistas, en realidad, se reduce a una inconformidad debido a la alteración del concepto que ya tenían contemplado durante muchos años. Es verdad que la idea de una sirena puede variar dependiendo de las culturas o, incluso, de la imaginación de cada persona; sin embargo, el concepto de la sirenita que Disney nos brindó en los 90´s sí es constante en la mente de la gente. Puede que en el cuento de Hans Christopher Andersen no se mencione cómo es que lucía Ariel, pero Disney sí nos dio en su momento una descripción exacta a través de la caricatura. Por lo que se ha podido apreciar en el primer trailer, las canciones serán las mismas y los personajes se mantendrán como en la versión original, no obstante, es interesante cómo un pequeño cambio puede causar la inconformidad de muchas personas gracias a la alteración que sufre el concepto ya establecido. Lo mismo sucedería si de pronto Disney optara por hacer un live action de “La princesa y el sapo” y se decidiera que Tiana será blanca.
Ahora y volviendo al tweet, es verdad que muchas personas se escudaron con estar inconformes debido al cambio por cuestiones de respetar el concepto para poder ocultar sus intenciones racistas; sin embargo, no es correcto meter a todos los que no están de acuerdo en el costal del racismo. El racismo es un problema real del cual las personas intentan hacer una aserción significativa y desde ahí ya todo está mal porque, además, vale la pena mencionar que, así como nosotros podemos tener un concepto establecido de una sirena, las personas racistas también poseen un concepto muy arraigado de lo que es una raza. Han hecho memes sobre este tema pintando a Halle Bailey como el estereotipo promedio de lo que para ellos son la gente negra; han editado rastas en las fotos de los posters de la película, han hecho dibujos de Halle en donde alteran notablemente sus rasgos y montan a la sirenita sobre una sandía. Es bastante claro que para ellos (en especial en la región de Estados Unidos) esta raza tiene una descripción con ciertas características establecidas: todas las personas negras tienen facciones gruesas, comen sandía, fuman una misma marca de cigarrillos, el núcleo familiar de las familias negras siempre es disfuncional o incompleto, etc.
Sin embargo, a diferencia de una aserción significativa, una raza sí existe en el mundo real y el significado que puede conllevar es más amplio que todas las definiciones que se puedan conseguir de una sirena. Una raza tiene historia, tiene como miembros personas reales que son diferentes unos de los otros, desde la apariencia física hasta la personalidad y cualidades. Por lo que no podemos darle una definición a algo tan variado como una raza igual que algo mitológico que siempre cumple su descripción. Cuando hablamos de personas no podemos generalizar sólo porque unos cuantos tengan ciertas características físicas o hagan ciertas actividades. Aunque, así como las aserciones significativas pueden transmitirse de generación en generación, algo tan erróneo como lo es el racismo también puede hacerlo. Los niños no nacen siendo racistas, pero pueden aprender a serlo a través de descripciones equivocadas. Otra razón por la que el lenguaje es tan importante en nuestra sociedad.
Para concluir, es importante decir que el lenguaje es muy complejo y, aunque algunas veces puede ser bastante flexible, en algunas otras ocasiones puede representar bloqueos al momento del cambio. Todas las personas que vivimos en sociedad siempre sentimos la necesidad de aportar opiniones porque de esta manera podemos desarrollar una crítica sobre un tema (ya sea constructiva o no) y poder ampliar las perspectivas de este mismo. La ciencia se basa en la crítica para poder avanzar y nosotros como sociedad también deberíamos funcionar de esta manera; aunque claro, las críticas que deseen ser aportadas deben tener un contenido sustancial que realmente motiven al cambio y no simplemente tengan como propósito el lastimar a otros o esparcir odio.
Consideró que las personas que exponen sus críticas hacia Disney sobre esta nueva Ariel que planean lanzar en el live action del 2023 no están dentro del racismo siempre y cuando sus límites de inconformidad se mantengan en las razones ya expuestas en este ensayo; no está mal querer que el concepto que ya se tiene establecido de cierto personaje sea respetado, el problema surge cuando insultas a una persona por pertenecer a una raza de la que has creado un concepto inconsciente.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.
Agradecemos mucho la participación de quienes ayudaron a revisar y coordinar los trabajos que se recibían, así como también agradecemos particularmente a María del Carmen Almanza Centeno junto con Sergio Armando Ramos Rocha, quienes se dieron el tiempo para redactar y enviar sus trabajos a este proyecto.
También nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.
Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos. De verdad muchas gracias.
G. W. F. Hegel, “Fenomenología del espíritu” (Advertencia: este libro es ridículamente complicado y confuso)
Karl Marx, “Manuscritos de economía y filosofía”.
Ludwig Wittgenstein, “Investigaciones filosóficas”.
Henri Bergson, “Materia y memoria”
Husserl, “Ideas I”
Bauman, Zygmunt, “Identidad”
Bertrand Russell, “Descripciones”.