Por: Milton R. Valtierra Pinedo.
Profesor/Asesor: Paloma Sierra
Fecha de creación:

El objetivo de este ensayo es dar cuenta de cómo, a partir de la lectura de algunos de los textos de Walter Benjamin, se puede resaltar una problemática alrededor de la forma en que se vive la velocidad del tiempo y cómo estos mismos textos sugieren una velocidad distinta a la habitual como una forma alternativa de vivir el mundo, así como también explicar algunos detalles de cómo es la forma de vida de las personas dentro de cada velocidad de tiempo.
Para esto, se emplearán mis apuntes que han surgido de la lectura de los textos de Benjamin en lugar de éstos mismos, como forma de resaltar algunas características que los textos de este autor sugieren y para mostrar la problemática central del ensayo, los cuales estarán entre comillas mencionando con base a qué lectura surgieron.
Para comenzar, podemos retomar algunas de las críticas que hace Benjamin a la idea de tiempo, especialmente a la idea de “progreso”:
Lo que mira hacia el mañana ve al hoy como algo a transitar, incompleto, un momento cuya única importancia está en un fruto que no existe, pero vive en la promesa de su existir; el progreso hace ídolos para dioses que aún no se presentan y que no cuidan al pueblo que los crea, sino a quienes les siguen. El progreso lega nuestras vidas a la siguiente generación.[1]
El progreso se concibe como una idea que siempre tiene su justificación y desarrollo en un futuro que no llegará para quienes construyen ese progreso, es decir, para las personas del presente, lo que para Benjamin exalta una problemática en torno a cómo una estructura ajena a la vivencia actual de quienes conforman una cultura justifica sus acciones del día a día, el cómo se puede justificar actos de violencia y explotación, por ejemplo, en nombre de un ideal que no necesariamente es aplicable a la forma de vida de la mayoría de la población; así como también se denota una problemática en torno a cómo se vive el presente, que en este caso es una vida empeñada por otra que no le tocará a los encargados de construir esa “vida que vendrá”. “El mirar hacia el futuro nos hace fantasmas desvinculados de un ser, ya que vivimos para ser, “seremos”, pero ahora simplemente no somos”.[2]

El tiempo para el progreso debe ser rápido, las cosas deben ser pasajeras para alcanzar el después, tan rápido que lleguemos al instante, donde el actuar y el lograr sean un mismo y único movimiento[4]
Bajo esta velocidad, no sólo hablamos de desarrollar un estilo de vida marcado por horarios que valore la prontitud en todo aspecto posible (como en la comida rápida, mensajes instantáneos, pedidos a domicilio, etc.), y que se desprecie la espera y la paciencia; sino que esta misma velocidad también se vuelve la medida y el medio referente para percibir al mundo y a los objetos en éste, donde no nos podemos detener mucho tiempo a apreciar las cosas y, si el elemento más importante del objeto no está a la vista, entonces el objeto no es coherente, objetivo o preciso, es sólo un divague inútil que nos hace “perder el tiempo” :
Con base en esto, podemos encontrar en Benjamin, específicamente en las Tesis sobre el concepto de historia, la crítica de que el progreso es la vivencia para el futuro “La meta del progreso es acercar el futuro, reducir la brecha del actuar al lograr, que el plan se vuelva obra al instante; se debe correr hacia el futuro y estar lo menos posible en el ahora.”[3] Y esta manera de vivir termina afectando el desenvolvimiento de las personas en el presente de varias formas, donde, específicamente para este trabajo, podemos enfocarnos en cómo se ve comprometida la vivencia del “tiempo”, la dinámica que afecta el ritmo o la velocidad de vida:
Así, pude darme cuenta que vemos y pensamos las cosas bajo una velocidad habitual, donde ésta sólo nos permite apreciar una específica cantidad de elementos de las cosas que generan en nosotros la apariencia de centralidad aislada, genera la creencia del protagonismo[5]
Este protagonismo que se describe bajo el “tiempo del instante”[6] hace que las cosas parezcan ser ajenas a lo que las rodea, que tengan un significado o valor por sí mismos sin importar el contexto donde se presenten (por ejemplo, que un cuaderno siga siendo un cuaderno y que valga lo mismo sin importar que sea mío, de un amigo, de un familiar, etc.), causando que podamos hablar de “generalidades universales” y de lo “común” o “simple”, hace que consideremos que una silla, por ejemplo, sólo sea una silla como muchas otras, sin nada en particular (exceptuando si tiene algo como raspones o esté pintada de forma distinta a “como debería ser”, ya que ahí podemos hablar de quizá la única particularidad visible bajo este tiempo: el error). Bajo el “tiempo del instante”, las cosas se vuelven una “masa”, el conjunto de cosas que se especifican y catalogan de manera precisa y eficiente, y que no tendrían por qué diferenciarse de sus iguales; las cosas son “una masa” por la idea de todas ser iguales e indiferenciables entre sí.
[…] la masa, sean ideas, números, ciencias, personas, animales, plantas, comida, bebidas, niños, adultos, hombres, mujeres, tecnologías, comercio, y el futuro, siempre deben ser iguales, inmutables, eficientes, veloces, indiferentes.[7]La masa hace de las cosas aisladas entre sí, aprisionadas bajo su definición y sus consideraciones, lo que no sólo pasa con las cosas, sino también con las personas que miran al futuro, los que viven el “instante”, ya que es parte de la misma lógica inmanente de esta velocidad:
El hombre del futuro está sin estar, cree en el instante y tiene fe en trascender, pero es una trampa, un engaño: aun en el instante, el futuro siempre está después del ahora, no pueden estar juntos, por lo que el instante no trasciende, sino que captura, encarcela en el actuar constante e ininterrumpido, y su prisionero es despojado de su estar por un será, se vuelve un fantasma.[8]
Bajo esta prisión, las personas y las cosas que se encuentran viviendo bajo el “tiempo del instante” sólo son capaces de notar todo en su mismo marco que los cautiva, en la idea del protagonismo, como si los objetos y las personas estuvieran aislados entre sí; es decir, en el “tiempo del instante” se crea la ilusión de que las cosas no están en convivencia ni en relación unas con otras, o que éstas son superfluas y no deberían afectar al valor objetivo que las cosas tienen en sí. Podemos ilustrar esto al considerar cómo cotidianamente se tiene la idea de que una persona es “mala”, cuando, en realidad, esa persona “mala” está actuando con la intención de hacer un bien y son otras las relaciones que lo denotan como “malo” al aislarlo de un contexto. Y es precisamente en relación a estas problemáticas que en Benjamin podemos encontrar no sólo la crítica de esto, sino también una propuesta que él mismo efectuaba para ver estos problemas, una propuesta de un tiempo distinto, uno que podemos llamar el “tiempo benjaminiano”:
[…] y bajo un tiempo distinto, uno más lento que permita perderse en la vastedad de detalles, en un tiempo benjaminiano, se puede incluso el desarrollo de una narración, la cual habla a destiempos, entre el ahora y el ayer, un ahora y ayer múltiples y simultáneos que den cuenta de la movilidad y devenir del entorno completo[9]En el “tiempo benjaminiano” podemos destacar que uno se desarrolla justo de manera opuesta al tiempo del instante:
[…] se pierde entre tiempos y anécdotas, mira a desenfoco, atento al mover y no a la quietud; el tiempo benjaminiano hace que viva el presente en su alargo y caracterizar con su pasado, causando un contra-instante, una retrospectiva espiritual, crea la crítica.[10]Esta “velocidad del tiempo” distante al del “instante” nos permite distanciarnos de la ilusión del protagonismo y ver las cosas en relación, lo que nos permite hablar no de una silla, sino de la silla de un familiar que ha estado desde nuestra infancia, y que ésta tiene un raspón que marca el momento en que ocurrió un incidente en una fiesta de Navidad donde nos habíamos divertido mucho, por ejemplo. En este tiempo se puede mostrar que las cosas siempre conviven y van desarrollando una historia juntas, que, de hecho, su significado no se da en sí de manera aislada, sino que se construye por las cosas que interactúan entre sí (en este sentido, lo “raro” o lo “especial” sólo es “raro” o “especial” por el contexto donde se da, y por eso para ciertas familias que viven en la ciudad, por ejemplo, ir a la playa es “especial” porque es algo que rompe su cotidianidad, su contexto hace a este acontecimiento relucir; mientras que para otra familia que vive en la playa es, de hecho, algo “aburrido” o “cotidiano” hacer la misma actividad que la familia anterior porque su contexto hace a este evento algo de todo los días, es “parte del fondo habitual” donde se desarrolla su contexto).
En la interacción no desaparece la individualidad de las cosas, sino que, en realidad, es ahí donde se conforma de manera efectiva, y por la cual podemos distinguir a las personas y las cosas, por ejemplo. Así, en el “tiempo benjaminiano” no se habla de la masa, sino de lo colectivo “[…] lo colectivo, lo de muchos que es uno, cambiante, descriptible, único, viviente. Lo colectivo nos acompaña en la vida y vive con nosotros, nos ayuda a contar historias de otros y nuestras”[11]; y tampoco se habla de fantasmas, sino de un sobre-estar “El benjaminiano sobre-está, tiene fe en la crítica, lo que le permite considerar al presente desde varias relaciones con el pasado y ver matices distintos, cree en un ahora múltiple en vivencias e historias”[12]
Bajo este nuevo “tiempo” se puede apreciar con mayor facilidad el carácter dinámico y constante de la vivencialidad, se destaca lo único, lo singular y lo particular, se percibe el mundo desde la historia que lo compone y que siempre forma parte de lo que actualmente ocurre, y se aprecia más el desarrollo del presente que existe con nosotros, dejando de lado un plan a futuro que nunca llegará. Y esto no sólo afecta la demarcación del carácter histórico y relacional de las cosas que nos rodean, sino que también determina una forma de vida que puede ser más viva, “Lo vivo, lo que es y está, no se consume en el instante, sino que perdura en el hoy”[13], siendo opuesta a una vida que es más suicida desde el instante:
Las relaciones se entorpecen desde la mirada perdida del presente absoluto, lo hacen incapaz de existir en un ambiente que no sea el suyo propio, lo que lo obliga a sobreponerse sobre lo otro o morir, aunque esta conducta lo lleve a morir ya que necesita del otro sobre el que procura imponerse.[14]
El “tiempo benjaminano” permite un estilo de vida más honesto y conforme con nuestra convivencia y desarrollo histórico, con cómo nos conformamos nosotros mismos, en relación a dar significados a las cosas por la historia de nuestra convivencia, y también con lo que conforma nuestra existencia, donde de hecho damos cuenta de que ambas cosas se complementan y no son tan fáciles de separar; es decir, nuestra historia con los otros es también la historia de los otros con nosotros, ambos surgen en relación dialéctica mutua. Mientras que el “tiempo del instante” exalta una forma de vida basada en un plan que está fuera de la convivencia de sus involucrados, que los vuelve ajenos a sus propias vidas, a cambio de poder establecer una estructura que permita una “seguridad” en relación a un futuro, se tiene una idea de cómo estamos ahora y a dónde nos debemos dirigir exactamente, lo que de hecho ofrece una vivencia más cómoda o fácil porque hay una normatividad que nos dice qué hacer y qué no hacer, podemos realmente estar confiados de que actuamos bien o mal, de que vendrá algo muy bueno o algo muy malo dependiendo de nuestros actos.
No hablamos de un progreso, hablamos de una forma de vida donde los involucrados dirijan los intereses de sus convivencias o que la visión de convivencia dirija a los involucrados, con todos los detalles que cada forma de vida involucra para quienes lo conforman.[15]
Como una rápida conclusión, la crítica que podemos encontrar que hace Benjamin al “tiempo del instante” es para dar cuenta por deconstrucción de las creencias bajo las cuales se desarrolla el tiempo que mira hacia el futuro, el que habla de “progreso”, es remarcar las problemáticas a las que no están haciendo caso y que de todos modos se presentan. Así, si bien no se trata de mencionar que el “tiempo benjaminiano” es la correcta forma de vida, sí se intenta exaltar que hay más posibilidades que las que el “tiempo del instante” nos permite considerar por su inherente estructura opresiva y encarceladora; es exaltar a la crítica para dar cuenta de qué problemas enfrentamos por la forma en que convivimos, y cómo podemos considerar otras formas para convivir menos autodestructivas.

Bibliografía:
Bolívar Echeverría, Valor de uso y utopía, primera edición, 1998, México, editorial Siglo Veintiuno.
Susan Sontag, Bajo el signo de Saturno, trad. Juan Utrilla Trejo, 1980, editor digital Titivillus.
Walter Benjamin, Infancia en Berlín hacia 1900, trad. Klans Wagner, segunda edición, noviembre 1982, edición Alfaguara.
Walter Benjamin, Tesis sobre la historia, trad. Bolívar
Echeverría, https://arditiesp.files.wordpress.com/2012/10/benjamin-tesis-historia.pdf
[1] Apuntes de la lectura Mesianismo y utopía.
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Apuntes de Milton de las lecturas Comer y Crónicas de Berlin.
[6] Es importante remarcar que este término y “tiempo benjaminiano”, que se describirá más adelante en el ensayo, tienen las mismas características que dos términos que el mismo Benjamin emplea en sus textos, específicamente en las Tesis, que son “tiempo homogéneo y vacío” y “tiempo del ahora”, respectivamente. Se aclara esto por la intención de dejar los términos que se proponen, en lugar de emplear los de Benjamin, para mantener ciertos juegos referenciales entre estas ideas y las vivencias que se emplean como ejemplos, y para evitar confusiones entre este ensayo y los planteamientos en los textos de Benjamin.
[7] Apuntes de la lectura Mesianismo y utopía.
[8] Ibid.
[9] Apuntes de las lecturas Comer y Crónicas de Berlin.
[10] Apuntes de la lectura Mesianismo y utopía.
[11] Ibid.
[12] Ibid.
[13] Ibid.
[14] Apuntes de la clase y la lectura Tesis sobre el concepto de historia.
[15] Ibid.