Schopenhauer y Shakespeare

 Por: Bernardo Gutiérrez Razo
Profesor/Asesor: Dr. Genaro Martell
Fecha de creación:

HAMLET: ¿Y por qué no? ¿Qué temores debo tener? Yo no estimo la vida en nada, y a mi alma ¿qué puede él hacerla, siendo como él mismo, cosa inmortal?


Shakespeare, Hamlet, Acto primero, escena X

Schopenhauer es un autor que parecía tener una especial simpatía hacia el arte, prueba de ello es que tiene apartados considerables en sus obras principales y secundarias sobre tal temática. Así, es mi interés en este trabajo hacer un tipo de rastreo de Shakespeare en la obra de Schopenhauer, especialmente referido al tema de la Voluntad en el segundo. Trataré algunas menciones que hace el filósofo al dramaturgo inglés en tres de sus diferentes libros. Ello para después ilustrar brevemente cómo es que Schopenhauer relaciona la tragedia y las obras de Shakespeare con algunos de sus conceptos básicos dentro de su sistema filosófico. Conceptos como la Voluntad, la existencia, el sufrimiento, etcétera.
¿Qué entendía o que significaba para Schopenhauer la tragedia? En el mundo como voluntad y representación I, el alemán habla de la poesía en el parágrafo 51: “el poeta capta la idea, la esencia de la humanidad, fuera de toda relación y de todo tiempo, la adecuada objetivación de la cosa en sí en su grado superior”  [1]El poeta es el hombre que tiene dentro toda la humanidad, todo es su tema. Su tema es el mundo mismo, la cosa en sí[2]. El arte refleja la Voluntad misma. Ahora bien, la tragedia, perteneciente a la poesía, aparece de la siguiente manera:
o de la idea.

[…] como cumbre de la poesía, tanto por la magnitud de su efecto como por la dificultad de su resultado […] es la representación del aspecto terrible de la vida […] Es el conflicto de la voluntad consigo misma lo que aquí, en el grado superior de su objetividad, se despliega de la forma más plena y aparece de forma atroz.

[3] Ibid., p. 307.

El trágico ya no se engaña, olvida su egoísmo y conoce al mundo. El trágico es Hamlet. Es Shakespeare a través de su obra.
La voluntad es el sustrato del fenómeno, lo que le antecede. Es el querer, las acciones del cuerpo mismo. La voluntad está impregnada en todo fenómeno, y, por ende, en toda representación. Al ser la misma la cosa en sí, no se le conoce por medio de la representación, aunque sea el principio de ésta. El papel del artista en Schopenhauer – aquel que está dotado de genio – es el que a través de su obra nos acerca a la realidad misma, a la cosa en sí plasmada en la obra de arte.
Lo anterior es posible – explica Schopenhauer – gracias a que el artista ha perdido, o, mejor dicho, ha dejado atrás el principio de individuación, el artista comprende al mundo y su sufrimiento y de esta manera es como se destapa del velo de Maya que engaña a los hombres por medio de la voluntad, que aparece como incitadora al mundo, productora de deseo. El trágico, sacrifica su egocentrismo para fundirse con el resto de los seres. Niega la voluntad porque dice no ante el querer, a sus placeres, al mundo. Así, al negar la voluntad de vivir niega todo lo fenoménico. Por eso el artista es un ser hasta cierto punto diferente a los demás, porque tiene la virtud de hacerse uno con la cosa en sí y transmitirlo por medio de sus creaciones. Su obrar no es por medio de conceptos, sino que entiende la esencia inmediata del mundo que es inefable, por eso es imposible que la entienda por medio de conceptos lógicos o de cualquier otro tipo. Lo más que puede llegar a hacer para plasmar la voluntad por medio de conceptos es el uso de la alegoría, pero significa esto siempre una caída en la pureza del arte. El arte nos libra, aunque sea momentáneamente del peso del mundo y la voluntad.

El placer estético que produce la belleza consiste en buena parte en que, al entrar en el estado de pura contemplación, quedamos relevados por el momento de todo querer, es decir, de todo deseo y cuidado, por así decirlo, liberados de nosotros mismos; ya no somos el individuo que conoce con vistas a su continuo querer, el correlato de la cosa individual para el que los objetos se convierten en motivos, sino el involuntario y eterno sujeto del conocer, el correlato de la idea.

[4].

El sufrimiento, causado por la voluntad, lo ilustra Shakespeare. El mismo Schopenhauer alude a este autor a lo largo de su obra en repetidas ocasiones, le llama genio y usa los diálogos o algunos momentos de las obras para ilustrar algunos de sus conceptos principales. Entre ellos, al que prestaremos atención: el sufrimiento.
El papel del sufrimiento en la obra del filósofo alemán juega un papel principal pues es una consecuencia directa de la existencia de la voluntad. Queremos, y mientras más queremos, más sufrimos. Somos Othello, voluntad pura que nos lleva a la muerte. Este miedo a la muerte, según el autor, no es más que una errónea visión de la realidad. Se teme que después de esta vida no se encuentre nada, o quizás se encuentre el infierno. La actitud que según Schopenhauer deberíamos tomar es aquella que parecen tomar los personajes shakesperianos “Los sucesos de una tragedia tienden e incluyen la muerte del héroe […] La obra incluye además todos aquellos sucesos dolorosos o lamentables que van a conducir al héroe hasta su muerte […] es esencialmente la presentación de todos aquellos sufrimientos y calamidades”[5] . La desgracia de los seres humanos viene de la voluntad, de ese querer que parece incesante. El problema está en que no podemos apreciar esta verdad y seguimos afirmando la voluntad de vivir. Como el Rey Lear, que después todas las calamidades en las que se ve envuelto, parece nunca resignarse totalmente, ni él ni su Cordelia, ni Kent, que pretende que se haga justicia con el Rey “las calamidades y la catástrofe proceden inevitablemente de las acciones humanas, y que la fuente principal de esas acciones es el carácter, la naturaleza, la idiosincrasia del personaje o de los personajes responsables”[6] y dice Schopenhauer: “Si el sufrimiento no fuera la finalidad próxima e inmediata de nuestra vida, nuestra existencia sería lo más inadecuado del mundo”. [7]
El sufrimiento en Shakespeare surge por la equivocación de los personajes. Al principio parece estar todo de alguna manera bien hasta que llega un suceso que cambia las circunstancias de los personajes para terminar siendo los creadores de su propio suplicio. La agudeza de Shakespeare en este punto radica en la forma en la que nos hace ver cómo somos creadores, por la voluntad misma – introduciendo a Schopenhauer – hasta de nuestra propia muerte, por afirmar la voluntad de vivir, que, en algunos personajes como Romeo o Julieta, termina en la negación de la misma, y, cuando las circunstancias son tales, el sufrimiento es tal que terminan aceptando el mismo para después morir. Independientemente de la opinión del filósofo acerca del suicidio, Shakespeare nos muestra que el mundo siempre puede ser mucho peor de lo que aparenta. Un ejemplo de cómo usa Schopenhauer a Shakespeare:

Un carácter noble no se lamentará fácilmente de su propio destino, sino que más bien valdrá de él lo que Hamlet elogia de Horacio:

For thou hast been
As one, in suffering all, that suffers nothing.
(Pues tú eres como aquel que, sufriéndolo todo, no sufriera nada.) .

[8] Ibid., Cap. 14, Teoría de la afirmcion y la negación de la voluntad de vivir, parágrafo 165, p. 330.

A modo de conclusión, sobre el papel del arte en la filosofía del alemán, en su libro El mundo como voluntad y representación II, hace una aclaración en la que, dice que la filosofía y las bellas artes se ocupan del trabajo de la existencia. El arte aparece pues, como aquello que nos acerca de modo fiel al mundo, a la voluntad, las obras de arte son es eso que ilustra el sufrimiento y, en cierta medida, nos acerca al pensamiento del artista. Los artistas, como aquellos que pueden retratar la cosa en sí, olvidándose a sí mismos y reconociéndose como el todo único que es la voluntad, son una especie de traductores del más alto nivel. Traducen lo inefable en obra humana.
Termino con palabras de propio Schopenhauer, que en el mismo parágrafo que citaré a continuación, define a Hamlet, de Shakespeare, como una de “las más acabadas obras de los más grandes maestros”[9].
el resultado de toda captación puramente objetiva, es decir, artística, de las cosas, es una expresión más de la esencia de la vida y la existencia, una respuesta más a la pregunta:

«¿Qué es la vida?». – A esa pregunta responde a su manera y con perfecta corrección cada obra de arte auténtica y lograda […] todas las obras de arte se esfuerzan en presentarnos la vida y las cosas tal como en verdad son, aunque no pueden ser captadas inmediatamente por todos a través de la niebla de las contingencias objetivas y subjetivas. El arte disipa esa niebla.

[10] Ibid.,pp. 454-455.

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