Por: Milton R. Valtierra Pinedo
Profesor/Asesor: Francisco Lara Salazar
Fecha de creación:

El objetivo de este ensayo es mostrar la visión cosmológica de la cultura griega y azteca a partir de sus mitologías, resaltando las diferencias entre ambas cosmologías para poder dar cuenta de los diversos elementos que forman parte de sus consideraciones del cosmos.
Para esto comenzaremos por dar una breve mención de qué es una cosmología, empleando un texto titulado Teorías del universo Volumen I; así como después se empleará el texto de Hesíodo, Teogonía, y un texto llamado Épica náhuatl para describir los mitos con que trabajaremos, específicamente serán los mitos que hagan referencia a la creación del Sol y la Tierra; y finalmente se procederá a mostrar las diferencias entre ambas visiones cosmológicas y reflexionar sobre éstas bajo los objetivos anteriormente comentados.
Comenzaremos con el texto Teorías del universo.
En el texto se menciona que el origen de la cosmología se puede remontar al interés por las culturas antiguas por la constitución y movimientos de los astros por dos razones: por conveniencia práctica, como desarrollar formas de medir el tiempo (por ejemplo, por medio de calendarios solares o lunares), para poder predecir las estaciones más convenientes para la agricultura, para tener un medio por el cual guiarse en la navegación, etc.; así como por conveniencia religiosa, como para determinar el mejor momento para una ofrenda. Este conjunto de necesidades dieron paso al nacimiento de la astronomía, y con ello, de manera directa o indirecta, abrieron también las puertas a interrogantes tales como qué forma tiene el mundo, cómo se originó, qué son los cuerpos celestes, etc. Estas preguntas son las que, según el texto, podríamos atribuirles la principal base para el desarrollo de la cosmología, definida como el conocimiento “[…] referido al origen y configuración del universo”1.
Siguiendo al texto, el origen de la cosmología de una cultura puede ser mítico o racional, donde cada cuestión responde mejor a ciertas problemáticas: la explicación racional es más conveniente para las problemáticas prácticas, y la explicación mítica a las problemáticas religiosas. Para las culturas antiguas ambas explicaciones eran necesarias, ya que, como lo menciona el texto, la explicación racional ayudaba a resolver las problemáticas prácticas “[…] acumulando pacientemente gran cantidad de observaciones y elaborando a lo largo de siglos diversos tipos de calendarios”2, pero había problemáticas un tanto más complicadas que la explicación racional no alcanzaba a responder, como el origen del universo, principalmente porque no puede obtener datos empíricos de ello, y esas eran las preguntas que la explicación mítica enfrentaba.
[…] es claro que la cuestión cosmológica desborda por completo los límites de la experiencia. Ni la distribución espacial de los cuerpos que integran el universo ni su origen en el tiempo pueden contemplarse directamente. Luego, los grandes interrogantes cosmológicos referidos a la forma del mundo […], a su ordenación, finitud o eternidad exigen dar un “salto en el vacío”.3Una vez explicado qué entenderemos por cosmología, a saber, el conocimiento que refiere al origen y configuración del universo, lo que incluye también la Tierra; y de mencionar el papel que la explicación mitológica desempeña en el desarrollo de la cosmología, pasaremos a mencionar brevemente algunos aspectos alrededor de la mitología.
En el texto, Mitologías Mexicanas se comenta lo siguiente con respecto a la mitología:
La mitología –dice Alfonso Reyes- es el conjunto de leyendas tradicionales en que la imaginación primitiva ha recogido sus nociones, sus sueños y sus experiencia respecto al mundo natural y al mundo sobrenatural. Se manifiesta en forma de cuentos o “mitos” comunicados de boca, en boca, objetos de creencia, en principio, y siempre testimonio preciso sobre cierta etapa o cierta fase de la mente.
El mito es una creación anónima, colectiva, fluida y nunca estática.4
En cambio, en el texto Épica Nahuatl se comenta que la mitología trabaja con la fantasía y la historia de hechos entremezclados.
Error ha sido tomar como base perfecta de historia lo que es precioso documento de creación de la fantasía, con base en los hechos ciertamente, pero que no reproduce los hechos, sino la comprensión de ellos.5
Estas historias, continuando con este último texto, más que ser documentos escritos, nacieron para ser contados, acompañado de un ritmo o en forma poética en la mayoría de los casos; cumplía la función de un relato sobre la realidad. Son “los hechos que la fantasía había revestido de belleza”6, la forma más directa de crear un conocimiento que atraviese la vida de una generación y alcance a las posteriores.
Ahora, ya que hemos dado estas breves consideraciones sobre las mitologías, pasaremos a describir los mitos griegos y aztecas que hacen mención sobre el nacimiento de la Tierra y el Sol.
Comencemos por los mitos de la cultura griega.

En la Teogonía, Hesíodo describe lo que las Musas le revelan sobre el origen de las cosas:
Inspiradme esto, Musas que desde un principio habitáis las mansiones olímpicas, y decidme lo que de ello fue primero. En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo.7
No hay que olvidar que Gea es la deidad que representa a la Tierra, así que con este párrafo encontramos la descripción del nacimiento de la Tierra. Luego, en cuanto al Sol, se narra lo siguiente:
Tea dio a luz al alto Helios, la brillante Selene, y Eos que alumbra a todos los seres de la tierra y los inmortales dioses que habitan el vasto cielo, entregada al amor de Hiperión.8
Helios es la deidad que representa al Sol. Con esto vemos que la Teogonía describe el origen de la Tierra y el Sol como la descripción de nacimiento y procreación entre dioses.
Pasemos ahora a describir los mitos de la cultura azteca.

En uno de los mitos de la cultura azteca se describe que dos dioses, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, fueron a enfrentarse a una criatura llamada la Señora de la Tierra. “Era un monstruo grandioso, lleno de ojos y bocas en todas sus coyunturas. En cada articulación de sus miembros tenía una boca y con sus bocas sin número mordía, cual muerden las bestias.”9 En ese momento el mundo estaba lleno de agua, en la cual se movía con libertad la Señora de la tierra. Para enfrentarse a esta criatura, ambos dioses se convirtieron en serpientes para inmovilizar y asir a la criatura hasta que ésta se partió en dos. Ambos dioses tomaron la parte inferior y la elevaron para convertirla en el Cielo, y bajaron la parte superior para formar la Tierra. Sin embargo, la Señora de la Tierra no había muerto del todo, sino que seguía viva, y los otros dioses bajaron para consolarla y ofrecerle algunos dones por su sacrificio.
Hicieron que sus cabellos se mudaran en hierbas, árboles y flores. Su piel quedó convertida en la grama de los prados y en las flores que la esmaltan. Sus ojos se transformaron en cuevas pequeñas, pozos y fuentes. Su boca en cuevas enormes, su nariz en montes y valles.10
Sólo que la Señora de la Tierra debe ser alimentada con la sangre y corazones de los hombres para que sigan brotando frutos de ella.
En cuanto a la creación del Sol se menciona que, cuando todo era oscuridad, los dioses se reunieron en Teotihuacán para decidir quién de ellos se convertiría en el Sol. El primero que se ofreció fue Tecuciztécatl (Señor del caracol), y también se ofreció Naháhuatl (Purulento). Entonces por cuatro días ambos dioses fueron a hacer penitencia, mientras que, durante ese mismo tiempo, los otros dioses habían preparado y dejado ardiendo un fogón en el cual se sacrificarían a los dos dioses voluntarios para convertirlos en el Sol. Pasados las cuatro noches, todos los dioses se presentaron alrededor del fogón, y Tecuciztécatl, como fue el primero en hablar, sería el primero en arrojarse al fogón: “Él va inmediatamente a arrojarse dentro del fuego; pero cuando llegó ante él, el ardor era insoportable […] Él entonces sintió miedo, se detuvo a medio camino, retrocedió”11 Entonces fue el turno de Naháhuatl y él sí logró arrojarse, pero, en ese momento, Tecuciztécatl decide seguirlo y se arroja al fuego detrás de él. Luego, después de que ambos se hubiesen quemado, por el Oriente aparecieron dos soles, uno era Naháhuatl y el otro, detrás de éste, era Tecuciztécatl; los dioses no podían permitir que hubiera dos soles y discutieron qué debían hacer: “Entonces uno de ellos salió corriendo, hirió la cara del Señor del Caracol, dándole con un conejo”12, y con esto le deformaron la cara a Tecuciztécatl convirtiéndolo en la Luna. De esta forma Naháhuatl se volvió el Sol y Tecuciztécatl se volvió la Luna.
Finalmente pasaremos a considerar las visiones cosmológicas que estas mitologías nos ofrecen así como también a resaltar las diferencias entre ambas.
Las visiones cosmológicas, en este caso referidas únicamente al surgimiento del Sol y la Tierra, de las que podemos dar cuenta se basan, principalmente, en otros dos ámbitos del conocimiento.
El primero son conocimientos simples de astronomía que estas culturas tenían; esto se muestra, por ejemplo, en la mención en ambas mitologías de la existencia del Sol y la Luna, de que el Sol es una fuente de luz y calor, y, específicamente en el mito de la creación del Sol en la cultura azteca, la descripción de que el Sol aparece por el Oriente y la mención del aspecto de la cara de la Luna descrita como la deformación que sufrió Tecuciztécatl cuando le arrojaron un conejo. Es conveniente mencionar que existen otros conocimientos astronómicos además de estos pero que no son visibles debido a la limitada cantidad de mitos revisados.
Y el segundo de estos conocimientos, y la diferencia crucial entre ambas visiones, es la consideración ontológica de cómo surge el ser, reflejada en la forma en que el Sol y la Tierra se originaron: en el caso de los griegos, ambas entidades surgen de otro ente a partir del nacimiento, resaltando la idea de que la existencia sólo puede surgir de la existencia, el ser surge del ser; en cambio, para los aztecas, parece resaltarse el hecho de que para que algo surja o se mantenga vivo algo más debe morir, y que la muerte de algo implica que otra cosa viva o se mantiene con vida; la vida surge de la muerte y de la muerte surge la vida.
En cuanto a algunas otras diferencias, aunque esta diferencia en particular sea un elemento poco visible nuevamente por parte de los mitos revisados, es el hecho de que, cuando se menciona la creación de la Tierra, también se incluye la creación de los diferentes entes que habitan ésta, específicamente de plantas, montañas, ríos, entre otros, como puede hacerse notar en el mito de la creación de la Tierra de la cultura azteca en los dones que le dan a la Señora de la Tierra, y como se menciona también en la Teogonía (desafortunadamente en mitos distintos a los aquí especificados a revisar). Y esto repercute en consideraciones como qué dioses existen (en la Teogonía se describen deidades que representan a todos los ríos y lagos que los griegos conocía).
De lo anterior podemos decir que la construcción de estas visiones cosmológicas dan muestra de que dentro de la mitología se involucran aspectos más allá consideraciones religiosas, sino que, en realidad, se describe una gran cantidad de otros conocimientos que tenían estas culturas, por ejemplo, con respecto a la astronomía, ontología, botánica, geografía, entre otras. Con esto en mente somos capaces de afirmar que las descripciones mitológicas, sus personajes, sus acciones y entorno, no son aleatorios, sino que se basan en los conocimientos de la experiencia, los cuales permiten dar una explicación de los diferentes elementos de la realidad, son una descripción racional de la realidad.
Por esto mismo, sería conveniente considerar que, la idea que se planeta en el texto Teorías del universo con respecto a la diferencia entre una cosmología mítica y una racional tendría que reformularse, ya que la cosmología mítica no deja de lado los conocimientos empíricos racionales, sino que, en realidad, los sigue, sólo que en un formato distinto llamado narrativa. Así como el método científico es una forma de organizar datos para explicar un fenómeno, la narrativa es también una forma de organizar datos, la más directa tal vez, y esto se debe principalmente porque la narrativa organiza experiencias “vividas” como se ha mencionado anteriormente, el cómo se vive el día a día junto con todo el peso de la cultura; mientras que el método científico organiza experiencias “aisladas”, sólo la experiencia vista en el laboratorio. En este sentido, el científico no sólo reproduce un fenómeno en condiciones específicas, sino que también procura generar experiencias en condiciones específicas, aspirando a ignorar el conocimiento cultural que tiene. Sin embargo, en ambos métodos no se deja de seguir un proceso racional o reflexivo, sólo que cada uno atendiendo a diferentes matices de la experiencia. Así, no parecería conveniente hacer esta distinción entre dos tipos de cosmología, sino que tendríamos que mencionar que hay una cosmología más influenciada por la mitología y otra más influenciada por un conocimiento empírico, en este caso por la astronomía, para resaltar el hecho de que no son del todo excluyentes y que en ambas se desarrolla un trabajo reflexivo.
Como conclusión podríamos rescatar el hecho de que la cosmología es el conocimiento relativo al origen y configuración del universo, y el desarrollo de ésta se nutre de otros conocimientos, pero no sólo de uno específicamente. En cuanto a las mitologías, éstas no son simples relatos completamente inventados de índole religiosa distantes de un conocimiento exacto, como en ocasiones son catalogadas en la actualidad, sino que son una forma racional de explicarse la realidad, la forma más directa, organizada por medio de la narración, que involucra dentro de sí todo conocimiento que se tenga hasta el momento sobre la existencia, y cuyo fin no es solamente expresar una fe, sino que procura dar cuenta del mundo tal como lo hace la ciencia, y que en su narración se transmita a futuras generaciones como forma de conservar un conocimiento racional de la realidad; en la mitología están entrelazadas todas las “experiencias vivenciales” de una cultura, incluyendo conocimientos científicos y mágicos, mientras que en la actualidad los vemos como cosas separadas.
Bibliografía:
Ana Rioja y Javier Ordóñez (2004, segunda edición), Teorías del universo Volumen I de los Pitagóricos a Galileo, editorial Síntesis, impreso en España.
(1945) Épica Nahuatl, introducción y notas de Angel María Garibay K., Biblioteca del Estudiante Universitario, Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma México.
Hesiodo (2000), Obras y fragmentos, trad. Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez, Madrid, editorial Gredos.
(1966) Mitologías Mexicanas, ciudad de México, Imprenta Madero, S. A.
Excelente artículo