Filosofía contra el sentido común, Vol. III

Revista de difusión de filosofía

Prólogo

La idea original del proyecto es hacer un libro de bolsillo de difusión de la filosofía conformado por pequeñas reflexiones más del lado de la diversión, el divague y lo más cercanas a ideas de la cultura popular que se pueda, para mostrar a todas las personas que no saben algo de filosofía cómo es la estructura lógica que empleamos para desarrollarnos filosóficamente, quitando el denso armazón académico y la problemática de un lenguaje relativamente especializado; es decir, queremos hacer un texto amigable para las personas ajenas a la filosofía para que puedan ver el proceso de reflexión que efectuamos y algunas de sus características.

Índice

Introducción: ¿Qué hay en estas hojas?
El porqué te gusta lo que te gusta, segunda vuelta.
¿Por qué los clones en Star Wars son distintos entre sí?
Leer es como hacer ejercicio .
La abundante complejidad de la verdad .
“Madagascar” como ejemplo del desencanto al envejecer.
¿Cuál es mejor?
Creo que hay una interpretación muy mala de qué es la filosofía.
Cuando la violencia es cautivadora .
La dificultad de “usar” el arte.
Se me ocurrió una idea sobre la felicidad.
Que el “Monopoly” nos enseña la debilidad del capitalismo.
Thanos y el falso dilema ambiental. Reflexiones sobre el razonamiento de un villano.
¿Quién es más corredor?
Unas ideas extras sobre el trabajo de “¿Quién es más corredor?”, o algunos problemas con los exámenes.
Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas .

¿Qué hay en estas hojas?

Todo el proyecto está conformado de pequeños ensayos que los estudiantes de la licenciatura y maestría de filosofía han ofrecido amablemente para compilarlos en este tercer volumen.

Los trabajos son de alrededor de media a dos cuartillas de extensión, por lo que no se debe de sentir presión por que sean muy largos. Además, si bien en general los textos no tienen un lenguaje muy especializado, de cualquier forma están ordenados para encontrarse primero los más simples y eventualmente ir conociendo los más pesados.
Todas las reflexiones tratan de dar muestra de cómo la filosofía puede encontrar un problema en la cotidianidad y cómo lo desarrolla, ya sea que únicamente ponga en evidencia que hay un problema que nadie había reconocido, o que se haga un análisis completo del cómo, cuándo, dónde y por qué.

En general estos ensayos nacieron entre el deseo de hacer cosas divertidas y que funcionen como datos curiosos, así que siempre puede leer estos trabajos como una forma de divague interesante y no tanto como algo muy complicado.
Le prometemos que al menos uno de estos escritos le dará algo curioso que podrá compartir con sus conocidos en alguna reunión.

Título del trabajo: El porqué te gusta lo que te gusta, segunda vuelta.
Autor: Milton R. Valtierra.

Un amigo me recomendó hace tiempo un canal en Youtube que habla de varios temas llamativos, entre ellos la filosofía. Hoy curiosamente me encontré un video de ese canal que tiene un título similar a uno de los ensayos anteriores que había escrito para este proyecto. Específicamente en el video es “¿Por qué te gusta lo que te gusta?”, y en mi ensayo es “El porqué te gusta lo que te gusta”.

Así, le comenté a mi amigo de esa coincidencia y alguna idea extra que se me vino a la mente:

“En el video se centran más en los ejemplos de gusto que surgen del capitalismo, en mi ensayo se da una propuesta de que el gusto se da solito por nuestras experiencias. Si combinamos las dos propuestas podemos decir que, si no controlamos lo que nos gusta es porque no controlamos nuestras experiencias, sólo se dan, pero si el capitalismo nos bombardea constantemente con ejemplos de cómo valorar o entender el mundo, entonces terminamos condenados a apreciar lo que nos dice el capitalismo al menos hasta que lo cuestionemos, si es que sucede.
Entonces, como le decía a alguna amistad cuando le hablaba de este tema, jugando con una de las frases del filósofo francés Sartre, podríamos decir que si a él le hubiera interesado el tema del gusto, tal vez podría haber dicho «Estamos condenados a la libertad, y al amor».”

Título del trabajo: ¿Por qué los clones en Star Wars son distintos entre sí? 
Autor: Milton R. Valtierra.

Ayer me encontré el tráiler de un videojuego viejo de la franquicia de “Star Wars” que específicamente se centra en los clones que aparecen en el episodio II y III. Lo que me llamó más la atención es que se comenta en la narrativa que los clones tienen personalidades distintas a veces por la diferencia de rangos entre ellos.

Sin embargo, con eso sólo pude pensar en la duda de “pero si son iguales en todo aspecto físico, ¿cómo entonces van a poder desarrollar distintas personalidades?” Lo que se me ocurrió sobre este problema es que, ya sea que directamente a algunos clones se les eduque específicamente para ser distintos o no, la cosa es que no se puede evitar que tengan experiencias distintas y, junto con ello, que terminen con personalidades distintas.

Podemos imaginar que los clones están practicando puntería, y que alguno de ellos logra acertar el blanco más que los otros por alguna razón de suerte, ¿cómo afectaría eso en su personalidad y en la de los demás? Tal vez ese clon tenga mejor autoestima y por ello se motive para aprender más, o alguno de los otros clones sienta envidia y por eso practique más que los demás y sea mejor tirador, etc.

Así, a pesar de que todos los clones tienen la misma posibilidad para lograr todo, por esas experiencias que no se pueden controlar bien y que ocurren espontáneamente determinan con buena fuerza sus actos y, por ende, terminan llegando a diferenciarse entre sí.

Título del trabajo: Leer es como hacer ejercicio.
Autor: Milton R. Valtierra.

En algún momento le decía a alguna amistad que, cuando empecé a estudiar filosofía, pude notar cómo se me fue facilitando la lectura porque a mí no me agradaba leer.

Le comentaba que fue una fortuna que en los primeros semestres me fueran dejando lecturas relativamente ligeras o cortas y progresivamente encargaban más páginas, ya que con ello fui logrando desarrollar la costumbre por leer, la resistencia para leer por mucho más tiempo seguido sin dormirme o cansarme y a dejar de ver con temor una lectura con muchas páginas, etc.

Con ello recordé que el sentimiento era parecido a la ocasión en la que hice una rutina de ejercicio en secundaria, específicamente hacía lagartijas. Al principio sólo lograba hacer 30 seguidas y ya no podía más, pero el plan de la rutina era que cada día que hiciera ejercicio hiciera 1 lagartija más, lo que llevo a que, cuando dejé la rutina por ya no disponer de tanto tiempo libre, había llegado a 143 (no seguidas, sino totales).

Fue así que pensé que, cuando a un niño le pides que lea un libro completo, ha de sentirse igual que cuando le pides a una persona enclenque que levante 60 kg. La tarea la ven como algo imposible o extraordinariamente molesta y dolorosa, y que, si de verdad quisiéramos fomentar la lectura, lo que se podría intentar es, al igual que una rutina de ejercicio, comenzar con poco y progresivamente ir subiendo la intensidad. Aunque, al igual que al hacer ejercicio, podemos suponer que no muchas personas querrán trabajar tanto, no será tan fácil porque requerirá algo de constancia y resistencia, pues ambas actividades exigen algo de nuestra energía, aunque con ello podemos llegar a ser más sanos, tanto física como mentalmente con ambos casos.

Título del trabajo: La abundante complejidad de la verdad.
Autor: Milton R. Valtierra.

En algún momento me encontraba hablando con unos amigos acerca de temas aleatorios. En un momento determinado uno de ellos mencionó que la composición de la “Marcha fúnebre” no era lo suficientemente triste, a lo que le respondí que era porque es una pieza bella, un tanto en broma porque me agrada la composición. Mi amigo respondió que no puedo determinar absolutamente la esencia de una cosa así como así, lo que me terminó dando una idea filosófica que quería comentarle, pero ya no quiso escucharme porque creo que no le agradó la forma en que comencé la explicación, que fue con un “De hecho, sí puedo porque…”

En fin, la idea filosófica como tal es que, retomando el ejemplo de la “Marcha fúnebre”, tanto la enunciación que yo hice sobre su belleza como la que hizo mi amigo de que no era lo suficientemente triste son verdaderas, son posibles interpretaciones que cualquier persona puede remarcar en las características de esta obra. Lo curioso e importante es que ambas consideraciones no se niegan, la canción puede ser bella y triste sin que sea contradictorio.

Así, lo que quería comentarle a mi amigo aquella vez era que, tanto yo como él podíamos realmente mencionar cómo era ese objeto (la canción), o la esencia del objeto, pues ambos mencionamos un carácter verdadero y posible, pero que, por la costumbre cotidiana que nos hace considerar que sólo una característica puede ser la esencialidad o verdad de una cosa, no llegamos a dar cuenta de que un ente es más complejo de lo que pareciera. La verdad de las cosas puede involucrar más de un elemento al mismo tiempo sin que sea contradictorio.

Como decía un profesor de filosofía: “Nietzsche decía que todo era falso, y que por eso el mundo era terrible. Ahora podemos decirle: «No señor Nietzsche, ¿qué cree? Se equivocó, resulta que todo es verdadero, y eso es peor.»”

Título del trabajo: “Madagascar” como ejemplo del desencanto al envejecer. 
Autor: Milton R. Valtierra.

Se me ocurrió ver un video del canal de Youtube “Te lo resumo así nomás” para ver por qué el canal parecía tan popular, y decidí ver algún video acerca de alguna película que sí conozca, y el primero que encontré fue uno sobre la trilogía de “Madagascar”.

Lo curioso fue que como a un tercio del video se me ocurrió una cosa interesante: en la primera película, los animales protagonistas, que son un león, una cebra, un hipopótamo y una jirafa, son animales de zoológico a los cuales se les trataba muy bien, pero llega un punto en la película que terminan varados justamente en la isla de Madagascar y se las arreglan como lo harían unos seres humanos que quedan atrapados en la naturaleza sin ninguna técnica de supervivencia. Eventualmente, el león por el hambre termina mordiendo a su amigo la cebra, pero lo interesante de esa escena y la que le sigue es que esos animales protagonistas descubren cómo es el mundo. Durante su estancia en el zoológico, para ellos la carne, en el caso del león, siempre parecía un producto alimenticio de los humanos, algo como unas papitas, que no tenía ninguna conexión con los animales, e incluso sus amigos no tenían idea alguna de que en la naturaleza los animales se devoran unos a otros.

Por ello, cuando el león muerde a su amigo, todos descubren específicamente el origen del producto alimenticio de la carne, y en la escena que le sigue los amigos del león vagan espantados por la selva viendo cómo otros animales e insectos se devoran entre sí. Lo que me recordó a cómo podría ser la perspectiva de los niños cuando sólo conocen los productos ya a la venta, como la carne, y después, al envejecer y ser mayores, se dan cuenta de cuál es el proceso para obtener esa carne. La visión de mundo es distinta, para los niños los referentes son los productos terminados a diferencia de la visión de un adulto, que tiene el conocimiento de todo el proceso de transformación de un recurso al producto, lo que causa que al momento de transitar de la primera perspectiva a la segunda se sienta como algo realmente espantoso.

Título del trabajo: ¿Cuál es mejor? 
Autor: Milton R. Valtierra.

Desde que empecé a estudiar filosofía, todas las preguntas que he escuchado acerca de cuál o qué es mejor se volvieron muy confusas.

Pesando en ejemplos como “¿Cuál es el mejor superhéroe?”, “¿Cuál es el mejor género de música?”, “¿Cuál es la mejor de las trilogías de ‘Star Wars’?”, etc., me encontraba con que las incógnitas en sí mismas me parecían muy ambiguas.

Al estudiar filosofía pude acostumbrarme a analizar las cosas bajo la intención de la mayor claridad posible al menos en cómo interpretar una idea o conceptos. Fue así que esta clase de cuestiones se volvieron problemáticas, ya que para mí era sencillo ver que se podían responder de muchas maneras y por no especificar o aclarar esas posibilidades es que había discusiones.

 Para todas las preguntas que se usaron de ejemplos podemos contestar con un “¿en qué sentido?”. ¿El mejor superhéroe según su historia, sus poderes, las ventas del producto?, ¿el mejor género de música según su complejidad, su originalidad, sus ventas?, ¿la mejor trilogía en base a su tiempo, en detalles en la producción, a las ventas en el cine?, y cosas así.

Si bien esta clase de aclaraciones no garantizan que todas las personas involucradas en la discusión vayan a estar de acuerdo en un punto, al menos sí permite dar cuenta de cuáles son los elementos que uno está considerando para justificar sus ideas. Es decir, que ayuda a entender la perspectiva del otro y facilita el enfocarse en elementos argumentales en lugar de volver la discusión un duelo de fe, en distinguir entre hechos, o elementos que todos podemos reconocer y comprobar, y opiniones, o lo que surge puramente de la subjetividad y no se puede comprobar con los demás por ser algo personal.

Entonces, puede que al hablar con otros sobre un tema no estemos de acuerdo en ciertas perspectivas, pero tengo la esperanza de que, si exaltamos más estos detalles contextuales sobre cómo estamos interpretando un asunto o qué elementos estamos tomando en cuenta para justificar nuestras ideas, entonces esas consideraciones nos permitirán diferenciar de una mejor manera qué son argumentos como tal, y qué son gustos personales que simplemente sentimos por nuestras experiencias particulares que los demás no pueden tener, con lo cual tal vez tengamos menos conflictos al hablar de temas que nos gustan.

Título del trabajo: Creo que hay una interpretación muy mala de qué es la filosofía.
Autor: Milton R. Valtierra.

Recientemente veía un video donde mencionaban algo como: “la filosofía de esta persona“, y recordé que cada vez que veo películas, series, descripciones de empresas y cosas así, emplean una idea de filosofía que es muy mañosa.

Principalmente esto se debe a que, por la descripción que usan, parecen entender la filosofía como una ideología, un planteamiento muy específico de qué se debe hacer o qué es lo que quieren hacer. Pero la filosofía es muy distante a esta consideración. Realmente la filosofía, al menos como una descripción general, es un proceso de reflexión, de pensamiento crítico y de análisis. Para la filosofía lo más importante es todo el proceso de ver un problema, analizarlo y plantear soluciones o formas de acercamiento, pero no es quedarse únicamente con la última parte.

Así, quien se desenvuelve en el estudio de la filosofía da cuenta de las razones de un problema, o los elementos que conforman a éste; pueden ser tratados de múltiples maneras, y si se alteran algunos elementos en el problema, podríamos encontrar otras formas distintas de resolver una situación. Eso es lo que la reflexión y la crítica permiten visualizar, por lo que la estructura de la ideología le es muy distante a la filosofía, ya que la primera responde dudas de qué hacer o pensar, pero la segunda siempre está lidiando con el porqué de un hacer o pensar algo, que es buscar no una solución, sino todo lo que rodea y crea al problema, incluyendo soluciones posibles, pero exaltando precisamente que son posibles, que hay más y dependen de los detalles del problema que también pueden cambiar.

Un profesor decía que la filosofía es un estilo de vida, en la preparatoria yo lo llamaba “el arte del pensamiento”. Deleuze, un filósofo francés, decía que “La filosofía no sirve ni al Estado, ni a la Iglesia, que tiene otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer.”. Todas estas ideas al menos a mí me han servido para visualizar que la filosofía analiza todo, lo que conforma un problema, lo que podría solucionarlo, lo que podría empeorarlo y hasta lo que podría cambiarlo, pero nunca te dice que algo debe de ser de una determinada y única manera, por eso no es una ideología, porque pregunta por el porqué:

“El preguntar “por qué” es doloroso, al “por qué” no le importan las buenas intenciones ni las esperanzas, corta todo eso para buscar algo completamente neutral e imparcial, busca algo honesto, aunque nos haga darnos cuenta de que nosotros no lo somos.”

Título del trabajo: Cuando la violencia es cautivadora.
Autor: Sergio Armando Ramos Rocha.

El otro día al enterarme del caso de los niños que fueron reclutados por un grupo de crimen organizado a través del juego para celulares “Free Fire”, aparte de molestarme por cómo la gente se concentró más en si los videojuegos generan violencia o no, en vez de preocuparse por el hecho de que vivimos en un país con tan poca seguridad como para que un grupo de niños sean fácilmente reclutados a través de una plataforma que millones de personas usan, me puse a pensar en porqué un niño jugaría algo así, ¿Qué le atraería a un infante o cualquier persona a ponerse a jugar algo donde el objetivo es matarse los unos a los otros?

Porque en realidad no es algo que suceda solo en el videojuego, la mayoría del entretenimiento está rodeado de violencia en mayor o menor grado, muchas de las películas más taquilleras son violentas, por ejemplo.

Mi punto aquí es, ¿Qué tiene la violencia que la hace tan atractiva? A tal grado que millones de personas están dispuestas en gastar dinero en algo donde ves personas morir horriblemente, en el caso de películas de horror, por ejemplo, o en el caso de los videojuegos donde tú como jugador o jugadora provocas esas muertes.

¿Será que es una fantasía de poder el dominar al prójimo de alguna manera? ¿Morbo o curiosidad de cómo sería realizar un acto así en la vida real a pesar de que jamás nos atreveríamos a hacerlo? Y si es así ¿de dónde viene esa curiosidad?

Quizá algo a tomar en cuenta es nuestra relación con la violencia y el hecho de que aparentemente nos cuesta trabajo admitir que siempre vamos a estar rodeados por la misma, es algo que no es raro de encontrar en la naturaleza incluso, un depredador cazando a su presa es algo completamente natural, sin embargo no deja de ser violento. Tal vez por ciertos paradigmas morales estamos destinados a “satanizar” a la violencia, incluso cuando es ficticia y en realidad nadie esté siendo lastimado.

Algo importante que aclarar es que no estoy diciendo que esté bien o mal el consumir medios que de alguna forma celebran la violencia, creo que una persona adulta es lo suficientemente responsable como para diferenciar que la violencia en los videojuegos, cine, series, etc., es completamente ficticia y dista de la realidad. En el caso de un infante habla más de la irresponsabilidad de cualquier adulto encargado del niño o niña al no saber que lo que está consumiendo ésta o éste no está dirigido a su edad, y si los adultos responsables en estos casos lo saben, son negligentes al no enseñarles a los niños esta diferencia de la violencia real y ficticia que ya mencioné.

Título del trabajo: La dificultad de “usar” el arte. 
Autor: Milton R. Valtierra.

Después de haber visitado una galería que unos amigos tienen en el centro, me quedé pensando en una pieza de grabado que me agradó mucho. Se me ocurría peguntarles si podrían apartar la pieza un tiempo para que pudiera seguir viéndola un rato más, hasta que me pareció tonto eso y decidí mejor comprarla. Sin embargo, con esa idea vino también una sensación de miedo porque nunca había comprado una pieza de arte y mi instinto práctico (es decir, el sentido común), me hacía dudar si era buena idea porque la pieza no era barata.

Descifrando un poco más la raíz de este miedo, me topé con que mi instinto práctico me advertía de comprar algo que podría ser más bien un capricho o una pérdida de dinero, y con ello pude darme cuenta de que la forma en que me enseñaron a valorar lo que compre es en tanto a la utilidad que tiene: es conveniente comprar comida porque sé cómo usarla, para comer; es conveniente comprar ropa porque sé usarla, para ponérmela y no tener frío; es conveniente comprar algo para venderlo porque sé cómo usarlo, lo vendo un poco más caro para ganar dinero; etc.

Usualmente valoramos las cosas conforme a nuestro conocimiento de cómo usarlo, pero en el caso del arte mi sentido común me advertía que podría ser una mala compra porque no sé “usar” el arte; el arte no se come, no lo quería revender, no me decía algo en específico, etc., sólo era un cuadro que iba a estar ahí.

Como tal no nos enseñan a “usar” el arte, este problema tiene la dificultad de estar planteado desde la perspectiva práctica de “cómo usar las cosas”, lo que hace que no podamos considerar alternativas como valorar el arte como manifestación de la cultura, sino que tiene que desenvolverse desde la perspectiva del sentido común, de lo práctico del día a día, desde el mundo del “uso”.

“Las cosas que se admiran, como el arte, no tienen un uso de verdad”, esa sería la afirmación más normalizada del sentido común. Para romper esto se debe considerar un problema que nuestro sentido común o nuestra cultura usualmente ignora, ese problema es la emocionalidad y estado psicológico del sujeto, que no se basa simplemente en querer estar siempre feliz, sino que también involucra cómo desarrollarnos sanamente con el dolor, el miedo, el odio y también con la alegría; es dar cuenta de manera objetiva que lo subjetivo repercute seriamente en lo objetivo.

Así, a partir de esta consideración seria sobre las emociones, podemos vislumbrar un posible “uso” para el arte, un uso paliativo para animar al sujeto con las formas o figuras que puede dar cuenta en una pieza de arte, las cuales despiertan recuerdos, sensaciones, historias y quién sabe qué más.

Título del trabajo: Se me ocurrió una idea sobre la felicidad.  
Autor: Milton R. Valtierra.

No recuerdo exactamente qué cosa estaba pensando, pero el tema estaba relacionado con la idea del karma. Creo que estaba pensando que el problema con engañar y mentir, especificado únicamente a la convivencia social, se da siempre y cuando uno siga conviviendo con las personas afectadas.

Por ejemplo, si uno realiza una estafa o broma pesada a sus compañeros de clase, causará que se termine conviviendo en un ambiente más agresivo por haber afectado a las personas que conforman ese entorno con nosotros; que al causar actos malos para los demás terminamos afectándonos a futuro por desarrollar acciones que no se quedan sólo en el presente, sino que le dan consideraciones a los demás sobre qué esperar al interactuar con nosotros.

Ahora, ya en relación a la felicidad, lo que sí recuerdo es que pensé que esta misma idea podría aplicarse para la situación que se dice por ahí de “el dinero no trae felicidad”.

El ejemplo que me ayudó en esta consideración fue el siguiente: en el caso en el que alguien empleé mucho dinero para irse de vacaciones. La cosa curiosa es que ese evento no afecta mucho la convivencia social de uno más allá del evento, se queda en un “la pasé bien”. En cambio, si uno hace una convivencia con sus amistades, aunque sea algo muy simple, esa actividad sí puede ir más allá de ese momento, digamos que se desborda hacia el futuro, causando cosas como chistes locales que se pueden mencionar con esos amigos, tener una anécdota grata que refuerzo la amistad, etc., lo cual permite que se den mejores interacciones con esas personas.

Así, cuando uno desarrolla una actividad para sí mismo buscando algún placer, podrá en efecto causar una grata sensación, pero al mismo tiempo se puede sentir insatisfactorio por ser una alegría que sólo se queda en ese momento, en ese presente. En cambio, al interactuar con las personas que nos rodean buscando pasar buenos ratos, podemos mencionar que esas son experiencias que pueden traer una mayor satisfacción y alegría por causar efectos que no se detienen en el evento en sí, sino que pueden ir más allá, propician que se den en el futuro gratas convivencias.

La cosa curiosa es que vivimos siempre pensando en el futuro, es la expectativa que tenemos de todo, qué es lo más normal, qué es lo que quisiéramos que pase, qué es lo que no quisiéramos que pase y lo que consideramos que es muy seguro que pase y lo que no pasará, etc., lo que hace que se potencie o menosprecie lo que ocurre en el presente, por lo cual lo placentero que sólo ocurre en el momento no es tan satisfactorio por no afectar las ideas que tenemos de lo que ocurrirá en el futuro, mientras que las cosas felices trabajan justamente eso, que pensar en un mañana sea algo grato.

Nuestras vivencias nos dicen que, para pasar buenos momentos, no hay que ignorar el futuro, para lo cual curiosamente debemos procurar pasarla bien con los demás y no enfocarnos únicamente en nosotros.

Título del trabajo: Que el “Monopoly” nos enseña la debilidad del capitalismo.   
Autor: Milton R. Valtierra.

Desde hace tiempo le he comentado a diversas amistades que el juego de mesa “Monopoly” acaba justo cuando alguien posee todas las propiedades porque al mismo tiempo todo el sistema económico se derrumba, y pues esta es la explicación:

Según lo poco que he leído de Marx, la lógica inherente del capitalismo establece que, para ser un buen empresario, debes indudablemente desarrollarte para llegar a la monopolización de un producto, es decir, a poseer todos los medios posibles de venta de un objeto en un lugar (aunque en la medida de lo posible se debería intentar hasta en el mundo entero). Esto te permite asegurar que no perderás dinero por competencia y que a fuerzas la gente deberá comprarte si quieren ese producto que tú dominas. Sin embargo, al mismo tiempo que uno se hace rico, las demás personas se empobrecen. Por ejemplo, quienes eran tu competencia probablemente ahora se conviertan en empleados; ya no podrán ganar el mismo dinero como cuando vendían su producto, sino que ahora sólo reciben un salario, que el capitalismo te aconseja sea el menor posible. Esto, aparte de ser triste, ahoga el sistema, es decir, se crea un problema que impide que cualquiera pueda seguir haciendo acciones, en el ajedrez es cuando ninguno de los jugadores puede hacer una movida legal, pero nadie ha ganado aún, y en este contexto es que nadie pueda comprar o vender cosas.

Este estancamiento ocurre porque, cuando uno tiene demasiado dinero, los demás no tienen para gastar, por lo que el que tiene mucho dinero dejará de tener ganancias porque nadie comprará cosas y esta persona también estará en quiebra, lo que también lleva a que los servicios, como la luz, agua, gasolina, etc., dejen de ser accesibles para todos, y que los productos de consumo cotidiano, como la comida, también se vuelvan imposibles de obtener porque no se puede pagar a quien produce el producto ni tampoco se puede comprar el producto en sí.

Entonces, debido al enorme problema social que implica que el sistema económico se ahogue, siempre terminaba comentándole a mis amistades que esta es precisamente la razón para decir que, en términos de convivencia y por amor a la humanidad, no debemos de querer ser buenos en los negocios, sino “divertirnos”. Podríamos preocuparnos por tener buenas ganancias y emplearlas en mantener funcionando el negocio, pero también utilizar la mayor cantidad de esas ganancias en cosas benéficas para los empleados, como sueldos lo más altos posibles, vacaciones pagadas para todos, etc.

Es decir, le proponía a mis amistades que deberíamos enfocar los negocios para que los involucrados en éste la pasen bien, no en hacer crecer al mismo negocio a costa de los demás. Así, evitamos que la economía se ahogue, permitimos que haya flujo de dinero para que también los demás puedan disponer de una vida más cómoda, y de paso la pasamos bien. Sólo que, para lograr esto se tienen que evitar los monopolios, lo cual es anti-intuitivo por involucrar que uno como dueño de un negocio como tal no quiera que éste mejore y mejor busque que los involucrados en el negocio vivan mejor.

Título del trabajo: Thanos y el falso dilema ambiental. Reflexiones sobre el razonamiento de un villano. 
Autor: René Brondo Ricárdez.

Thanos, el villano procedente del ficticio planeta Titán, es reconocido por su intento de disminuir la vida en el universo al utilizar el guantelete del infinito. ¿Pero su acción se justifica? Al poseer el guantelete, fue suficiente con chasquear los dedos para que las gemas incrustadas a este, dieran paso al cumplimiento de su plan: eliminar a la mitad de la población de cada una de las galaxias. Thanos creía que hacía lo correcto. La gente estaba agotando los recursos materiales para la subsistencia y solo había dos opciones: dejar que las especies del universo acabaran con todo o eliminar aleatoriamente un porcentaje de seres vivos para que los sobrevivientes pudieran conservar los recursos que los ahora desvanecidos por el chasquido hubieran agotado.

Thanos era un pirata intergaláctico y estaba enamorado del ángel de la muerte, pero no era consciente del funcionamiento de los recursos limitados: Si hay más bienes materiales para una población más pequeña, también se van a agotar. No se puede aplicar un falso dilema, es decir, pensar erróneamente que solo hay dos opciones y no se puede escoger algo alternativo, pues Thanos nada más permite elegir entre matar indiscriminadamente por aparente piedad o dejar que todos sucumban juntos. ¿No pensó que había más opciones? El economista William S. Jevons dice que si se reduce el límite para utilizar recursos, es decir, si se puede consumir más y en una forma más fácil, aumenta también el consumo. Por lo que la población sobreviviente volvería a llegar a los mismos niveles de consumo y agotamiento de recursos aunque sea en un periodo mayor del esperado. Si se utilizan tecnologías más eficientes en el aprovechamiento de recursos, pareciera que el consumo va a disminuir, pero, en realidad, vuelve a incrementarse.

Una alternativa, propuesta por teóricos del decrecimiento, es, por supuesto, utilizar tecnología más eficiente, y sumado a eso, es necesario disminuir los niveles de consumo y pretender una vida de simplicidad voluntaria. De esa manera, el nivel de consumo no vuelve a igualarse gracias al estilo de vida frugal. Es erróneo, bajo estos parámetros, creer que la única alternativa a la escasez material sea desaparecer con un chasquido mortal a la mitad de la población, además de que es inmoral.

Pudiera imaginar a un Thanos que vive en el campo, en una comuna donde aprovecha tecnologías verdes y es ajeno a la vida de consumo excesivo. Probablemente, la propuesta decrecentista funcione si se aplica a gran escala. A fin de cuentas, el villano de Titán tenía su propio huerto. De no funcionar, no caben dudas de que Thanos puede pensar en otras opciones y no limitarse a los razonamientos que la economía considera erróneos pero que se hacen pasar por correctos.

Título del trabajo: ¿Quién es más corredor?  
Autor: Milton R. Valtierra.

Agradecimiento especial a Tíffani por sus comentarios que ayudaron a detallar mejor estas ideas.

Desde hace mucho tiempo había pensado en una problemática que surgió en mis memorias de secundaria cuando una amiga me presumía que salió mejor en un examen que yo Específicamente el problema era cómo medir la inteligencia, cómo saber quién es más listo.

Con el paso del tiempo el problema se transformó a preguntarme qué era la inteligencia, porque cuando desarrollé algunas ideas para contestar la primera forma del problema me encontré con consideraciones muy curiosas:

Al principio había planteado una situación donde una persona X y otra Y hacían el mismo examen, pero X acababa en 20 minutos y Y se tardaba 2 horas y ambas habían respondido todo correctamente. Ahí a la pregunta de “¿Quién es más listo?” podría responderse “X”, sin embargo, lo comparé con otra situación donde X y Y corrían cierta distancia, y que X acababa en 20 minutos y Y en 2 horas, pero la pregunta que me hice ahí fue la importante, porque no fue “¿Quién es más rápido?”, sino “¿Quién es más corredor?”.

La segunda pregunta surgió porque me di cuenta de que, aunque X completara las tareas antes que Y, ambos siempre terminaban las actividades, ambos lograban completar las tareas, la diferencia estaba en que uno acababa antes, nada más. Por eso, se me ocurrió que Y era tan listo como X, pero la velocidad era la diferente, por eso la segunda pregunta fue tan importante, porque si al correr no se dice que alguien en más corredor que otro por acabar un circuito más rápido, lo mismo va para la inteligencia.

Al final me parece que la pregunta se torció a “¿Qué es la inteligencia?”, donde pude proponer que era una habilidad, igual que correr, pero que en los exámenes, por ejemplo, la confundimos con la eficacia para emplear esa habilidad.

Terminé concluyendo que en general todas las personas son igual de listas, pero cotidianamente es en base a qué tan eficientes o ágiles son para jugar con las ideas que podemos considerar que alguien es más listo o lista que otra persona, lo cual carga muchas problemáticas.

Es después de haber pensado esto que para mí fue mucho más sencillo considerar situaciones como:

 “No necesariamente porque alguien no sea bueno en un área significa que es una persona tonta”, ya que uno puede ser muy ágil en otras múltiples áreas, no deberíamos querer evaluar a una persona basándonos únicamente en un área, como química, por ejemplo.

El contrario de la idea anterior que es “no por ser bueno en un área significa que es una persona lista”, pues ser ágil en las matemáticas, por ejemplo, no justifica que automáticamente uno sea ágil para todo lo demás ni deberíamos sólo juzgar a una persona por ser diestro en un área.

“No por tener la capacidad significa que ya tenemos la eficiencia en ello”, pues, aunque todo un grupo de estudiantes sean igual de listos, eso no justificará que dominarán con excelencia todas las materias, sino que dependerá de qué tanto están acostumbrados a tratar con ideas de un tema.

Y una que me agrada mucho en particular “si no puedo resolver un problema tan rápido como los demás, o inclusive no puedo llegar a resolverlo, eso no significa que nunca lo lograré”, ya que hemos visto que ser “ágil” no afecta a mi capacidad intelectual, siempre puedo considerar que, al igual que si quisiera ser igual de rápido que mis amistades al correr, con suficiente entrenamiento podré ser tan ágil como ellos o inclusive más.

Título del trabajo: Unas ideas extras sobre el trabajo de “¿Quién es más corredor?”, o algunos problemas con los exámenes.  
Autor: Milton R. Valtierra y Tiffani Galilea Uvalle Yáñez.

Cuando se revisaba el trabajo que se publicó en este proyecto con la pregunta que se menciona en el título, la amiga que me ayudó en esa labor me pasó un comentario que consideré valioso exponer en uno de estos mini ensayos.

En la idea original del texto, no se hacía muy explícito que, en el ejemplo de las personas que pasan un examen en diferentes tiempos, ambas tuvieran respuestas correctas, por lo que mi amiga comentó que ahí es posible considerar qué pasa cuando alguien acaba antes que otra persona un examen, pero no necesariamente las respuestas del primero son correctas.

La problemática que comentó me pareció importante tratar en un trabajo aparte ya que expone una idea muy valiosa: el qué tanto consideramos que las pruebas o métodos de evaluación son absolutos.

El mejor ejemplo que podríamos tomar son las pruebas de I.Q., cuya interpretación más cotidiana sería la de una forma de evaluar qué tan listo es uno. Sin embargo, esa prueba no es tan eficiente para medir la inteligencia completa de una persona, ya que sólo se centra en ver qué tan hábil es con una determinada forma de problemas.

Con eso podemos preguntarnos ¿qué hay detrás de las notas que sacamos?, ¿realmente reflejan lo buenos que somos en un área? Donde cualquier persona que haya copiado en un examen puede decir que no, las pruebas no son absolutas porque hay muchas formas de sacar una buena nota y no necesariamente tiene que ver con conocer el tema.

Este es un aspecto que deberíamos tomar más en cuenta en nuestras vivencias cotidianas, a no enfocarnos sólo en los números finales de algo y prestar más atención a las personas. Ya que, inclusive si obtenemos una nota buena por haber estudiado, eso no significa que sabemos por el resto de nuestras vidas a la perfección sobre un tema. Lo que evidencia muy bien que, si tenemos un sistema de evaluación que se centra en los resultados en lugar de las personas, como tal no es importante el contenido o el tema que se evalúa, sería lo mismo si nos evalúan en un idioma que no conocemos, con que digamos lo que se espera está bien, aunque nunca sepamos qué fue lo que dijimos.

Agradecimientos y Referencias: De aquí sacamos algunas ideas.

Para esta edición en particular queremos darnos el lujo de mencionar los nombres de las personas que participaron en el proyecto. Primeramente está Tiffani Galilea Uvalle Yáñez que sin su apoyo en la revisión de los trabajos no se hubiera podido contratar algo, y a René Brondo Ricárdez junto con Sergio Armando Ramos Rocha, quienes se dieron el tiempo para redactar e enviar sus trabajos a este proyecto.

También nos parece muy importante agradecer a los mismos profesores y libros de filosofía que constantemente nos ayudaban a ir conociendo cómo es este mundo de reflexiones y a perfeccionar nuestro camino en éste. Por eso mismo queremos anexar los nombres de algunos textos que fueron cruciales para la elaboración de los trabajos presentes o para el pensamiento de los autores, por si al leer los trabajos se despertó el interés de ver por uno mismo de dónde surgieron estas ideas.

Y finalmente agradecemos a todas las personas que leyeron estos trabajos. De verdad muchas gracias.

Eduardo Galeano, “Nosotros decimos no”, “Patas arriba” y “El libro de los abrazos”.

G. W. F. Hegel, “Fenomenología del espíritu” (Advertencia: este libro es ridículamente complicado y confuso)

Jean-Paul Sartre, “El existencialismo es un humanismo”.

Karl Marx, “Manuscritos de economía y filosofía”.

Ludwig Wittgenstein, “Investigaciones filosóficas”.

Rodolfo Cortés del Moral, “Sobre el concepto de racionalidad

Serge Latouche, “Los precursores del decrecimiento” (sólo se ha encontrado en francés) Walter Benjamin, “Comer” y “Crónicas de Berlín”.

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